“La sentencia del ‘Prestige’ establece la doctrina jurídica de la irresponsabilidad política”

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El escritor Manuel Rivas, en una imagen de archivo. / Efe

Cuando se hundió el Prestige, el escritor coruñés Manuel Rivas no hacía más que aparecer en televisiones de toda ralea hablando del mar y de ecología y de otras catástrofes en absoluto naturales que estaban pasando en Galicia. A uno le extrañaban esas apariciones en televisión de Manolo, y no porque fuera raro ver a Manolo en televisión antes del Prestige, porque ya era un autor consagrado, con premios nacionales de literatura y de la crítica, traducciones a no sé cuántos idiomas, películas y tal. Lo que extrañaba de Manolo Rivas, entonces, eran las pintas que llevaba. Manolo siempre ha sido un poco dandi, pero en las televisiones salía con unos pelos inenarrables, unas ojeras oleosas y unas camisetas imposibles y hasta sucias, que parecía Manolo que acababa de llegar a la televisión de recoger chapapote a la orilla del mar.

Después, a uno lo mandaron los periódicos a Galicia a cubrir lo del Prestige, y descubrió que a Manolo no le había dado un diógenes ni ninguna otra dolencia psicodélica o psicotrópica. Lo que pasaba era exactamente eso. Que Manolo se iba directamente del chapapote a las televisiones sin cambiarse de camisa, y en cuanto terminaba las entrevistas se volvía a la orilla del mar a recoger chapapote. No es metáfora.

Manuel Rivas (A Coruña, 1957) fue uno de los rostros de Nunca Máis, y, mucho antes, uno de los socios fundadores de Greenpeace España. Ayer, cuando se conoció la sentencia que dicta que el Prestige se hundió solo, que no hubo responsables, que los 4.328 millones (casi la quinta parte de lo que costó rescatar a Bankia) se quedarán para siempre en el limbo de nuestros impuestos, descolgaba el teléfono algo alucinado.

– Supongo que algo alucinado con la sentencia. ¿Te la esperabas o era previsible en estos tiempos terribles de impunidad?

– No, no me esperaba un gran giro en cuestión de justicia medioambiental. Aunque era una posibilidad, ¿no? Una ocasión perfecta. Pero ya el proceso de instrucción fue muy primario. Y se llevó a un juzgado inadecuado… La sentencia del Prestige es una sentencia pre-Prestige. Una sentencia-fósil. Se nota que estamos en la era de los combustibles fósiles. La sentencia es puro conformismo. Un reloj atrasado con respecto incluso al auto de la Audiencia que imputó a José Luis López Sors [entonces director general de Marina Mercante].

– Me asombra especialmente esa parte de la sentencia en la que no se considera probado que acercar el barco hubiera sido menos dañino.

– La sentencia es un blanqueo de la política de aquel Gobierno. Podría haber sido más equidistante. Decir, al menos, que había dudas, que se barajaron muchas teorías…, no sé. Cuando se hundió el Prestige hubo realmente dos mareas: la marea física contaminante del petróleo, y la marea de contaminación de la opinión pública. He leído la sentencia y, por momentos, me resulta perturbadora.

– ¿Perturbadora?

– Perturbadora porque es una sentencia política. Yo comprendo que es muy difícil establecer que hubiera dolo. Pero lo perturbador, realmente, es que esta sentencia establece la doctrina jurídica de la irresponsabilidad política. Nadie hizo nada. Nadie tiene la culpa de nada. Nos sitúa en un tiempo en el que no existe la causalidad. Es nepotismo mágico. El Prestige se hundió porque quiso. O por culpa del mar.

– No solo blanquea la política del Gobierno entonces, como has dicho antes. También es una gran noticia para las finanzas de muchas grandes empresas.

– Claro. Los daños están muy bien cuantificados, pero como no existe responsable… La sentencia le hace el juego a los armadores, a las aseguradoras, a los políticos… ¿Cómo que no hay responsables? Tras el desastre, se pusieron más remolcadores, se hizo obligatorio el doble casco, no sé cuántas cosas más.

– Mandar el Prestige “al quinto pino”, creo recordar que dijo el entonces ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos.

– Todas las conversaciones entre Salvamento, Fomento y los demás implicados eran de coña. “Con esta marcha vamos a mandar el barco a Groenlandia”, se llegó a decir.

– Pero insisto con la sentencia, que se fundamenta en que todavía no se sabe si alejar el barco era bueno o malo. Manda carallo, que decimos aquí. Que alejar un petrolero que se hunde es un suicidio, es una obviedad. Otra de las cosas más divertidas que dice la sentencia es que Fomento estuvo muy bien asesorado.

– Todos los expertos a los que preguntaron dijeron que no se alejara el barco ni de coña. Pero el Gobierno no les hizo caso, ordenó lo contrario y los funcionarios obedecieron.

– ¿Cascos y Rajoy [nombrado por Aznar responsable de coordinación en la catástrofe] deberían estar imputados?

– Por supuesto que sí. Cascos, además, es responsable por inactividad, por irse de cacería. ¿Cómo no se ha sentado Mariano Rajoy en el banquillo siquiera como testigo? No tiene ninguna lógica.

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– ¿Esperas alguna respuesta de Nunca Máis a la sentencia?

– Nunca Máis no era unas siglas, ni un partido, ni una organización. Nunca Máis era voluntariado. Algo de una dimensión incalculable. Ahora estamos en otra fase. Han pasado 11 años. Es incomprensible una tardanza así en un juicio de esta categoría.

– Insisto. ¿Esperas respuesta de la gente a la sentencia?

– Espero que esta sentencia haga despertar la conciencia sobre el tema medioambiental. Espero que no haya amnesia. Espero que no se pase página. Espero que se desmonte este falso relato porque, esta gente, ¿qué categoría tiene? Los únicos que estuvieron a la altura en este tema fueron los ciudadanos. La solidaridad funcionó en este país. Eso sí que es interesante.

– ¿Y ahora qué vas a hacer? No digo con esto. ¿Estás preparando algo?

– Tengo ganas, necesito volver a la poesía. Necesito escribir algo que esté a la altura de aquelhaiku de Mariano Rajoy: “Hilillos de plastilina con estiramiento vertical”. Aunque es casi insuperable.

 

Fuente:  http://www.cuartopoder.es/loszapatosdelvagabundo/manuel-rivas-la-sentencia-del-prestige-establece-la-doctrina-juridica-de-la-irresponsabilidad-politica/2794

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