El doctor Antonio Sitges-Serra alerta contra la medicalización, de obligada lectura:

El médico que receta no ir al médico: “Un paciente de 85 años no debe ir a la UCI”

Un cirujano de prestigio alerta en un libro provocador contra la medicalización imparable de nuestra sociedad

El doctor Antonio Sitges-Serra (Barcelona, 1951) ha ejercido 40 años en la sanidad pública, entre la cirugía, la investigación y la consulta. Conoce el sistema y sus enfermedades tan bien como los cuerpos de los miles de pacientes que han pasado por sus manos. Pero Sitges-Serra no es un médico normal: en su libro, ‘Si puede, no vaya al médico’, publicado por Debate y Libros del Zorzal, y prologado por el filósofo Manuel Cruz, planta cara a la industria farmacéutica y diagnostica la peor enfermedad del siglo XXI: el tecnoutopismo médico.

PREGUNTA. Hace poco, Amancio Ortega regaló unas máquinas a los hospitales.

RESPUESTA. Escáneres de alta precisión, sí.

'Si puede, no vaya al médico' (Debate).

‘Si puede, no vaya al médico’ (Debate).

P. Unos decían que Amancio es un filántropo y otros que se lava la cara, pero leyendo su libro, caí en la cuenta de algo que nadie planteó: que quizá tener esas máquinas es peor que no tenerlas.

R. Nadie lo planteó porque la tecnología es la ideología dominante. Pocos discutimos esta utopía, pero las máquinas muchas veces dan más problemas a los hospitales de los que solucionan. Unos escáneres de alta precisión pueden ser nefastos para la salud de los ciudadanos.

P. Pero todo el mundo quiere que haya más y mejores máquinas en su hospital.

R. Y nuevos fármacos, un progreso sin límites. Es un mecanismo de autodefensa, queremos seguir en ello, más, más, más, como si así fuéramos a vencer a la muerte. Pero yo creo que es un mal camino. Por lo pronto, nos ha conducido al sobrediagnóstico.

P. ¿Qué es el sobrediagnóstico?

R. Con la tecnología de detección más avanzada, se encuentran enfermedades que en realidad no son tales. No hay síntomas, el paciente está bien, va a una simple revisión y, con el nuevo superescáner de última generación, encuentran un cáncer de dos milímetros en el tiroides. El médico te dice: “Hemos visto un cáncer de dos milímetros”. Y tú crees ser un enfermo de cáncer, y te tratan como tal, aunque en realidad no te pasa nada.

P. ¿Un cáncer puede ser inofensivo?

R. Sí. Puede no dar la cara nunca. Pero una vez que estás sobrediagnosticado, caes en un círculo vicioso de revisiones que te harán dependiente del hospital, además del estrés, el miedo y la ansiedad. Y eso, en caso de que el médico de turno no quiera darte quimio o incluso operarte, siempre con la mejor intención, desatando una carnicería innecesaria. Pues bien, esa carnicería no la provocó tu cáncer sino su diagnóstico. De este modo es como la tecnología de detección precoz se convierte en un problema grave para tu salud.

La tecnología de detección precoz se ha convertido en un problema grave para tu salud

P. ¿Hay mucha gente por ahí con cánceres inofensivos que nadie ha visto?

R. Muchísima, claro. Cuando alguien se muere por cualquier causa, de vejez, por ejemplo, es muy frecuente encontrar cáncer de tiroides en el cadáver. El 20% de pacientes que mueren de lo que sea lo tiene. Si tú compras esta máquina tan fantástica que detecta tumores de menos de dos milímetros, puedes acabar extirpándole el tiroides al 20% de la población por nada. En Corea del Sur, un país absolutamente esclavo de la tecnología, es justo lo que pasó. Fue una masacre. Miles de tiroides extirpados por cánceres inofensivos que jamás hubieran dado la cara.

P. Es decir, que si me detectan un cáncer de dos milímetros, ¿no tengo cáncer?

R. Exacto. Los diagnósticos aumentan con las máquinas ultramodernas, pero no la mortalidad. ¿Por qué? Porque detectan cánceres que no matan, ni dan síntomas ni nada. Otro ejemplo: el 80% de los varones tiene cáncer en la próstata al morir. Ha muerto de otra cosa, por ejemplo, de un infarto, pero tenía ese cáncer no se sabe desde cuándo, sin que nadie lo viera y sin dar síntomas. Para la vida del paciente, lo mejor es que no se lo detecten.

P. Usted dice muchas cosas que desafían la intuición.

P. Lo sé. Se ve además otro problema en los hospitales con las máquinas más modernas: el de la interpretación. La lectura radiográfica de una mamografía o de cualquier otra cosa te exige experiencia. Si no la tienes, vas a levantar falsos positivos. Las máquinas siempre necesitan profesionales formados, y la innovación constante juega en detrimento de la curva de aprendizaje de los médicos, y por tanto en contra del paciente.

P. ¿Cuándo se empezó a complicar la cosa?

R. El siglo XX ha sido muy potente en el progreso tecnológico de la medicina, pero ahora los beneficios de las novedades son muy pequeños y el coste es enorme. Por ejemplo, muchas intervenciones quirúrgicas han triplicado su duración respecto a las de los años noventa, por robotizarse. Por tanto, el número de quirófanos necesarios aumenta. El robot hace la cirugía mucho más complicada, mucho más cara, mucho más prolongada, y los resultados no son mejores que sin robot. Pero los industriales quieren vender sus inventos, y los políticos y los ciudadanos se dejan deslumbrar. Así es el tecnoutopismo.

Ahora, los beneficios de las novedades médicas son muy pequeños y el coste es enorme

P. ¿Qué le supone a la economía de un hospital, por ejemplo, un robot para operar próstatas?

R. Un gasto inicial de un millón y medio, y unos mantenimientos anuales de más de 100.000 euros. Más el coste de enseñar a los médicos a usarlo. El gran problema de la sanidad es el incremento de los costes: el coste aumenta cada año, en gran parte porque se compran productos innecesarios, pero glamurosos. La sanidad está entre el 20 y el 25% del PIB, y cada año crece. El año pasado, un 6%, mientras el PIB creció solo un 2%. Si no fuera por el tecnoutopismo, los costes se reducirían enormemente. Se podría dedicar más dinero del PIB a la Justicia o a la dependencia. Y además, sobran médicos.

P. ¿Cómo? Siempre se dice lo contrario, que faltan médicos.

R: Ya, pero esto es así porque hemos creado una sociedad hipermedicalizada e hipocondríaca. Mira: cuando preguntaron a Oriol Bohigas, el gran urbanista, cómo solucionaría el problema del tráfico en Barcelona, dijo: “Pues muy fácil, haciendo que las calles sean más estrechas”. Esta paradoja también se puede aplicar a la medicina. Si tú vas generando necesidades, siempre vas a tener más demanda. Si ensanchas las carreteras, tendrás más coches.

P. Usted aboga por poner límites.

R. Y por replantearnos nuestra relación con la muerte. El médico especialista vive de espaldas a la muerte. Es poco compasivo y siempre tira para adelante. Siempre hay otro medicamento, otro instrumento, etcétera.

P. Siempre esperamos ese milagro.

R. Esperamos que inventen algo, y es irracional. El tecnoutopismo nos exige vivir de espaldas a la muerte. Hablas con oncólogos y la muerte no existe. Para ellos, hay un fármaco, un TAC y un tumor. Y con eso van jugando hasta que la cosa explota. Si nos reconciliáramos seriamente con la muerte, podríamos en cuestión este sistema sanitario. Pero tú no puedes decir que un paciente de ochenta y tantos años no debe ingresar nunca en la UCI, porque te llaman de todo.

P. ¿Por qué no debe ingresar?

R. Porque sabemos que un enfermo de 85 años que pasa una semana en la UCI tiene un 70% de posibilidades de morirse en el hospital, y otro 30% de morirse durante el año siguiente. El margen coste-efectividad del tratamiento es nulo. Pero, como el sistema paga, esto no se valora en medicina pública. Y debería ser la guía.

P. ¿Qué otros ejemplos hay de tecnoutopismo en la medicina contemporánea?

R. La mal llamada ‘prevención del cáncer de mama’ es un ejemplo brutal. Yo digo que es mejor olvidarnos de las mamografías y dedicar esos recursos a poner más guarderías, para que las mujeres puedan parir antes. Influye más en que no mueras de cáncer de mama que adelantes la maternidad que 20 mamografías en 20 años. La medicina preventiva tiene que ver con cambiar hábitos sociales malos para la salud, y no con someter a todas las mujeres a escáneres gratuitos a partir de los 40.

Un 5% de estas mil mujeres mamografiadas sufrirá una masectomía improcedente

P. ¿Las mamografías periódicas no evitan que las mujeres mueran de cáncer de mama?

R. A lo largo de la vida de una mujer, entre los 40 y los 90 años, tiene un 10% de posibilidades de morir de cáncer de mama y un 90% de morirse de cualquier otra cosa. Es decir: la mamografía trata con una enfermedad de poca prevalencia. Eso para empezar, pero, además, se han hecho estudios comparados: mil mujeres mamografiadas y mil mujeres no mamografiadas. Pues bien: en un grupo se mueren cuatro, y en el otro se mueren cinco. Quien hace mamografías, dice entonces que ha muerto un 20% menos, pero esto es una trampa: una enferma de mil no justifica que a las otras 999 mujeres les hagas una mamografía al año. Pero hay más: de esas mil mujeres mamografiadas, 200 dan alguna vez el falso positivo. Es decir: que les tienen que repetir la mamografía o hacerles una biopsia. Finalmente, un 5% de estas mil mujeres mamografiadas sufrirá una masectomía improcedente. Así que es mejor para las mujeres que no les hagan mamografías.

P. Todo está lleno de anuncios, sin embargo, diciéndoles que se las hagan. Y que nos miremos el colesterol, y que poca broma.

R. Una sociedad hipocondríaca y sobremedicada. Desde luego. La hipocondria social tiene muchos factores: la prensa, los médicos, la industria, las sociedades científicas, etcétera. El bombardeo de noticias y anuncios sobre los peligros de caer enfermo genera ansiedad. Y es una ansiedad avalada por la Sociedad Española de Cardiología.

P. Leyendo su libro, he tenido la sensación de que el debate sobre las vacunas está envenenado, y que el hecho de que los antivacunas sean estúpidos da carta blanca a las farmacéuticas para meternos vacunas que no necesitamos.

R. Así es. A la industria farmacéutica le vienen muy bien los antivacunas. El debate gira en torno a un falso dilema. Las vacunas, la higiene, los antibióticos y la cirugía menor son los cuatro grandes pilares de la sanidad del siglo XX. No hay duda. Ahora bien, cuando el calendario pediátrico de vacunas supone 45 dosis en seis años, yo digo: ¿estáis seguros? Porque a lo mejor estamos sometiendo el sistema inmune de estos chavales a un bombardeo que no sabemos en qué va a terminar. Porque una cosa es que vacunes de las enfermedades como la viruela, el tétanos, la tos ferina, difteria, poliomelitis, etcétera, y otra que empecemos a ampliar el mercado: que si la meningitis, que si el neumococo, que si el papiloma… Ahí nos estamos pasando. Hay vacunas que solo interesan a las farmacéuticas, y las pasan, en parte, porque el debate está polarizado. ¡No vaya alguien a pensar que uno es antivacunas, como esos estúpidos acientíficos!

Hay vacunas que solo interesan a las farmacéuticas, y las pasan, en parte, porque el debate está polarizado

P. Es parte de la medicalización de la sociedad, que usted describe.

R. Claro. No queremos morirnos, ni tampoco queremos tener dolor, ni tristeza. Entonces se medicalizan la muerte, el dolor y la tristeza, y sale ganando la industria, no las personas. ¿Qué pasa cuando bajan el límite aceptable de colesterol en la sangre? Que tienes millones de enfermos que necesitarán millones de dosis de medicación. Por no hablar de esa otra cosa que hacen, que es inventar enfermedades.

P. Respecto a las farmacéuticas, usted dice que muchos medicamentos se comercializan antes de saber si son seguros.

R. Es algo impresionante. El 40% de medicamentos que se han demostrado mortales después de empezar a venderse tarda todavía dos años en ser retirado del mercado. ¿Por qué? Porque el desarrollo del fármaco ha sido caro, e intentan amortizarlo en los primeros años. La industria aprieta mucho porque sabe que o bien el medicamento va a acabar desvelando algún problema, o no es tan efectivo como se vende, o bien va a salir un competidor. ¿Cómo lo consiguen? Con propaganda, y convenciendo a médicos, a veces con métodos poco honestos. En la oncología, esto es muy normal. La oncología es una de las prácticas más corruptas de la medicina.

P. ¡Esa frase tiene tela!

R. Ya, ya. Cuando rascas un poco la especialidad por dentro… La gran mayoría de oncólogos de cierto renombre cobran directamente de la industria farmacéutica, o a través de ensayos, o en especies, o a través de congresos. La oncología es una de las especialidades con más inversión de todo tipo.

P. El lunes fue Blue Monday, el día más triste del año, así que tenemos que irnos a comprar para curarnos. Creo que es una buena síntesis de lo que cuenta su libro.

R. ¡Ja, ja! Sí, es la medicalización de la vida, hasta de los lunes. Convierten en enfermedad (con su fármaco correspondiente) la tristeza, el sexo, la nutrición, la regla, la menopausia, la fealdad, la estupidez… Todo lo humano es susceptible de tratamiento, y la industria amplía su mercado. Como dijo Huxley, la medicina avanza tanto que pronto estaremos todos enfermos.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-01-22/antoni-sitges-serra-medicina-hospitales-tratamientos_2421511/

100 Mujeres dan la cara contra la ideología de género

100 Mujeres dan la cara ante el alarmante escándalo de asesinatos, maltratos, violaciones y denuncias falsas de mujeres que usan la ideología de genero y la LIVG, para empoderarse gracias a los medios de comunicación y las políticas de género, que junto a la ayuda de los grandes medios de comunicación ocultan estas noticias que no veras en ningún medio.

Josep Pamies: “Hay que acabar con la industria que te hace sufrir y cronifica enfermedades perfectamente curables”

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Binéfar, 5 de febrero de 2014.- Llega al escenario de la ACR Binéfar 77 con media hora de antelación. Su intención es probar con un poco de antelación las imágenes que va a proyectar durante la charla que ha venido a impartir. Josep Pàmies se gana la vida cultivando plantas y flores para su consumo medicinal o culinario. La charla que va a ocupar buena parte de la tarde de Santa Águeda se titula “Jornada sobre la alimentación sana y medicina natural”. Es autor de un libro titulado “Una dulce revolución” que está abriendo muchas mentes y muchas conciencias. Parece mentira, pero detrás de una planta se puede estar fraguando una de las más potentes revoluciones silenciosas de la humanidad. No sería la primera vez. Si alguno de los lectores cree exagerada esta afirmación, debemos recordar que la Guerra de la Independencia norteamericana nació por la negativa a consumir té con las exageradas tasas impuestas por los ingleses, es decir, que Estados Unidos existe gracias a la revolución del Té en Boston.

Jaume Garcia: El título “Una dulce revolución” hace referencia a una planta, la Stevia, que es el Bárcenas de los vegetales: cuanto más se investiga más propiedades se le descubren.

Josep Pàmies: En realidad tiene dos significados. Uno es éste que comentas, las propiedades de la Stevia. El otro es que hay que cambiar el mundo, pero si las revoluciones que hacemos se hacen tal y como se han ido haciendo hasta ahora, al cabo de un tiempo estas revoluciones vuelven a su estado original. Cuando una revolución se hace con violencia, esa violencia se te vuelve en contra como un boomerang. En Islandia no ha habido violencia, pero aún así se ha vuelto otra vez al punto de origen. Las dulces revoluciones, o las revoluciones pacíficas, a largo plazo, son imparables. Puede que a veces tengamos desesperanza porque no avanzamos más en progresar en algunas ideas, pero es calando poquito a poco, como lluvia fina, es como estas revoluciones se van a implantar en nuestra sociedad.

Cuando es por la fuerza bruta, los contrarios ya tienen un motivo para atacarte, para desprestigiarte. De esta otra forma no pueden, son ellos los que van a atacarte a ti. Es el sistema que utilizó Gandhi. En aquella época, en la India, estaba prohibido hacerte tu propia sal, había que comprarla al monopolio inglés y Gandhi cogió un cubo de agua salada, se hizo su propia sal y le costó ocho años de cárcel, pero al día siguiente había 50.000 hindús que hacían lo mismo y fue inviable la cárcel para tantas personas. Ese tipo de oposición a este sistema asqueroso que todos hemos ayudado a constituir es el único que tiene validez. Pensar que vamos a cambiarlo radicalmente de un día para otro es inviable, porque incluso nosotros, como ciudadanos que somos críticos, también estamos viciados por este sistema y nos cuesta abandonar las comodidades que sabemos que nos hacen daño, todos los vicios que hemos adquirido. Así que, con calma, la dulce revolución propone, en base a las plantas medicinales, hablar de sus propiedades aunque esté prohibido hablar de ellas, para que la gente pueda entender por qué una planta está prohibida si se consiguen tantas maravillas de ella, por qué esa planta que utilizo cada día me evita tener que inyectarme insulina, por qué esta planta me evita un cáncer o me lo cura, por qué esta otra me deshace cálculos del riñón y la sanidad pública no me la recetan y en cambio me recetan agresiones al cuerpo, como son las intervenciones quirúrgicas.

¿Por qué pasa esto? Porque el sistema económico es el que gobierna el mundo, y nosotros hemos alimentado a este poderosísimo poder económico y los políticos le deben el cargo que ocupan gracias a él. Si nosotros, desde nuestra pequeñez, cambiamos ese modelo económico, como individuos o como asociaciones, eso va a cambiar, paulatinamente, otra vez. Por eso vale la pena empezar una revolución pacífica empezando por el consumo de una planta como es la Stevia, en la línea de lo que tanto tiempo atrás Gandhi propugnó.

Jaume: Parece que un pequeño detalle no pueda cambiar nada pero, por ejemplo, el Imperio Romano cayó ante los bárbaros porque los jinetes romanos no tenían estribos y los bárbaros sí y eso les daba una ventaja estratégica enorme en el campo de batalla. Ese pequeño detalle cambió la historia de la humanidad.

Josep: A nosotros, trabajar con la Stevia nos costó muchos expedientes y estuvimos a punto de que nos embargaran secciones importantes de la empresa. Al final la Administración se atemorizó y se echó para atrás. Esta desobediencia nuestra ha hecho que incluso el Carrefour, una de las multinacionales de la comida basura tenga Stevia en su formato prohibido, es decir en hojas, vendiéndola al menos en la zona de Cataluña. Si las grandes empresas empiezan a hacer lo que defendemos los ciudadanos de a pie, significa que vamos bien, vamos por el buen camino.

No hace falta cambiar la ley, no hace falta que se legalice una planta, solo hace falta desobedecer instrucciones u órdenes injustas para que, incluso la mafia alimentaria, también se sume a esa desobediencia.

Hace 15 años me decidí a cultivar la Stevia, quise comprobar por mi cuenta si era verdad lo que se decía que podía curar la diabetes o mejorarla muchísimo cuando ya se tiene que depender de la insulina, si curaba la hipertensión, si curaba el colesterol, los triglicéridos. Parecía imposible que una sola planta hiciera tantas cosas. Empecé a sembrar, empecé a regalar plantas, para ver si retornaban en forma de comentarios y retornaron en forma de comentarios maravillosos. Llegó un momento en que empecé a sentir un poco de agobio, porque esto se estaba convirtiendo en algo tan grande que tuve que crear una asociación para gestionar y asesorar sobre docenas de plantas que sirven para curar, cuando los medicamentos no curan. Los medicamentos están hechos para convertir las enfermedades en enfermedades crónicas. Es evidente que la mayor parte de los medicamentos salen de las plantas, pero solo sacan aquel principio que suaviza los síntomas de la enfermedad, pero los otros principios, los que se utilizarían para eliminar la enfermedad, no nos los aportan a través de las medicinas tradicionales.

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Richard J. Roberts, que fue Premio Nobel de Medicina, afirmaba en el año 2007 en Barcelona que “el fármaco que cura del todo no es rentable”, afirmaba que a los investigadores les obligaban a transformar los medicamentos que curan en uno que cronifique la enfermedad para toda la vida. Roberts fue el primero, pero se le han ido sumando otros Premios Nobel. Que nadie se alarme a nivel político y empiece a investigar a ver qué hay de verdad en todo ello es la prueba de que las presiones de las farmacéuticas existen, que lo que hacen es convertir medicamentos que curan en otros que cronifiquen la enfermedad, que te funcione bien mientras te tomes las pastillas, aguantes la quimio o la insulina, pero que en cuanto dejes de tomarlo caigas enseguida otra vez en la enfermedad. Los medicamentos de hoy en día son drogas. Éstas si que deberían estar prohibidas y no la Marihuana, la Coca o la Stevia. Son muchas las medicinas que deberían prohibirse y poner en su lugar plantas con ese principio activo. Si miramos los prospectos ya nos avisan sobre la existencia de efectos secundarios. En Europa mueren cada año 250.000 personas por culpa de los efectos secundarios de sus medicamentos. ¿Estamos locos? Por el consumo de herboristaría no se muere nadie. Hay muchas curas que no funcionan, muchos medicamentos que no funcionan y hay muchas plantas que curan, y curan de verdad. En cambio seguimos recetando medicamento, matando a miles de personas cada año. Pongo un ejemplo: el Omeprazol, ese protector gástrico, es muy perjudicial. No se debe tomar más de un año seguido, porque después de tomar esta pastilla durante tres años tus huesos habrán perdido toda su consistencia y se romperán con una facilidad tremenda, se desharán como azucarillos. Solo en Cataluña, más de tres mil fracturas de cadera y de fémur son ocasionadas por el consumo de Omeprazol y te lo venden como un medicamento que te ha de proteger el estómago ante el cóctel de pastillas que te van a dar. Todo esto se sabe y los políticos callan, son los más corruptos de los que hemos tenido en toda la Historia. La Sociedad lo sabemos, pero todavía hay gente que vota a estos corruptos, y ellos siguen mamando… Los cambios tienen que venir de abajo y es la Sociedad la que tiene que preguntarse “¿Para qué votarles si no me representan?”

Yo quiero una democracia directa. En Suiza consiguieron con 100.000 firmas conseguir un referéndum vinculante para que todas las terapias naturales entraran dentro del sistema de la sanidad pública, en contra de la voluntad de Gobierno y Parlamento, pero su constitución prevé que, cuando el pueblo se cabrea, con 100.000 firmas públicas pueden convocar un referéndum vinculante. Aquello es democracia, porque los políticos pueden ser corruptos, porque lo serán igual que aquí, pero la Sociedad tiene mecanismos de control de esa corrupción, aquí no tenemos ninguno, simplemente el derecho a votar cada cuatro años. Más vale esto que nada, es cierto, pero no es la democracia que queremos.

La dulce revolución propugna esos cambios en nuestra organización, además de cambios en nuestra dieta y una alimentación limpia de transgénicos, de productos libres de aditivos químicos, poder reconocer las plantas, como se reconocían.

Jaume: Cada planta tiene sus propiedades, unas son curativas, otras pueden hasta matarte. Hay otras, como el Aloe Vera, que tienen tantas propiedades que es imposible enumerarlas todas. ¿Cómo es posible que la Sociedad haya podido olvidar colectivamente que estas plantas existen y para lo que sirven?

Josep: Lo curioso es que hay cientos de estudios científicos que avalan aquello que nuestros abuelos ya nos decían. No se trata solo de esa cuestión romántica que no teníamos que haber perdido, sino que está todo muy bien estudiado. Las farmacéuticas solo sacan una parte de los principios activos, no la totalidad, porque si sacan la totalidad, nos curan. Y si nos curan, no hay negocio.

Ahora tenemos la suerte de que, con Internet está todo mucho más cerca de lo que jamás había estado antes. Podemos poner el nombre científico de una planta y te aparecen cientos de estudios sobre sus principios activos. Hay que acabar con la industria que hace sufrir y cronifica enfermedades perfectamente curables. Hay dos estudios recientes, uno en Gran Bretaña y otro en los EE.UU. que, por separado, han descubierto que las raíces del Diente de León, que fíjate tú si es una planta común, pueden curar al 100% la leucemia. ¿Cuántos años tendremos que esperar a que haya un medicamento que cure la leucemia? Pasarán años y quizá ni lo veamos. Hay muchas otras plantas, la Marihuana ha curado muchos cánceres cerebrales, con hechos contrastados. En cada feria que hacemos siempre se nos acerca alguien comentándonos los resultados de utilizar esta ayuda de la planta.

En Barbastro hay una monjita, Sor Josefa, que ha vivido haciendo de misionera durante más de 40 años. Estaba en Ecuador, cuidando de que no les faltaran atenciones a un grupo de presos. Ella les llevaba cada cierto tiempo una botellita de Aloe Vera con miel. Esta mezcla cura muchas enfermedades, incluso algún tipo de cáncer muy especifico. Los presos cuidaban de ella para que no le pasara nada, incluso le salvaron la vida un par de veces, porque sufrió atentados de los propios policías que custodiaban la prisión, porque curaba a presos que ellos querían que murieran. Aquí ahora está revolucionando Barbastro y alrededores, dando botellitas de Aloe Vera con miel, y ha conseguido curar hasta algún cáncer. Es impresionante.

Jaume: ¿Cómo se consumen estas plantas medicinales si están prohibidas?

Josep: Está prohibido venderlas, no su consumo ni su posesión. En la Cooperativa Joaquín Costa podrás comprar plantas enteras y te las puedes cultivar tú mismo. Un par de infusiones al día son suficientes para diabetes, colesterol, hipertensión, triglicéridos… Una en ayunas siempre es la más efectiva. Y si tienes la plantita en casa, pues tres o cuatro hojitas bien masticadas en ayunas y otras cuatro por la noche cuando vuelves de trabajar. Te las comes directas de la mata.

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Jaume: Es una forma muy cómoda de hacer la revolución…

Josep: ¿Quién se puede oponer a eso? Si alguien se opone, lo único que van a hacer es darnos más credibilidad. Hemos de volver a comer más sano y más saludable. En las grandes superficies podemos encontrar alimentos que nos vienen de todas partes del mundo, pero que tienen que conservarse durante mucho tiempo, por el transporte y el tiempo de exposición. Todos estos alimentos están tratados de alguna manera para conseguir que duren frescos más tiempo. Algunos de ellos han sido irradiados con una bomba de cobalto, lo que convierte a esos alimentos, de alimentos frescos a alimentos zombies, para conseguir que un tomate esté ahí dos meses y no se pudra. Mirad las etiquetas a ver qué dice, porque aquí no hay narices de poner “producto irradiado con bomba de cobalto”, ponen “alimento ionizado”. Cuando pone ionizado es que está desinfectado con bombas de cobalto, las mismas que nos irradian a nosotros con la radioterapia cuando tenemos cáncer. Y con eso tratan a muchos alimentos para que no se pudran y se aguanten sin merma en las estanterías.

Lo mejor es comer de lo que te da tu huerto, del agricultor que vive al lado de casa, de la pequeña tienda que te garantice la calidad y el origen de los alimentos, de las cooperativas como Punt Verd, que hace verdaderos esfuerzos para comercializar el maíz no transgénico… Hay que buscar alimentos cuyo origen sea el correcto y no aquellos grandes supermercados que te traen alimentos de todas partes del mundo y en los que los controles son inexistentes, prácticamente. Y aquí también, aquí se hacen muy pocas analíticas de residuos en los alimentos, por ejemplo. En nuestra empresa, durante 30 años, nadie ha venido a buscarnos ni un solo análisis de productos químicos, eso está súper tolerado.

Jaume: Como me queda el cuerpo después de escucharle. Ahora cualquiera se come un bocadillo de lo que sea…

Josep: El pan te lo puedes hacer en casa. Es fabuloso.

Fuente: https://laliterainformacion.com/opinion/1236-josep-pamies-hay-que-acabar-con-la-industria-que-te-hace-sufrir-y-cronifica-enfermedades-perfectamente-curables

 

EL PSEUDOPERIODISMO MATA, demoledor artículo del abogado Luis de Miguel Ortega

EL PSEUDOPERIODISMO MATA

Preocupados por la manipulación de los medios de comunicación y la corrupción en la divulgación científica.

DERECHO A LA INFORMACIÓN

La Constitución Española establece ensu artículo 20, el derecho a la libertad de expresión y la libertad de información. En cuanto a la libertad de información, se trata de un derecho de doble dirección pues se protege tanto la función de los informadores, como el derecho de los ciudadanos a recibir información de calidad. Por información de calidad se entiende la veracidad de lo expuesto así como la probidad -ausencia de fraude o simulación-.
Se trata en definitiva de evitar que se muestre como periodismo lo que es una consigna comercial o mera propaganda política y sobretodo que la información expuesta lo sea después de un ejercicio de comprobación diligente. Es por tanto ineludible pensar que la información vertida en los medios de comunicación que no cumpla con estas premisas de veracidad y probidad, no pueden contar con la protección constitucional del derecho a la información ni con los privilegios del periodista.
En las últimas décadas estamos viendo como los medios de comunicación y los periodistas freelance, están siendo abducidos de diversas formas por el poder político, a través de concesiones de licencias, publicidad, entrevistas o premios, cuando no amenazados cuando se muestran críticos.
La información se está viendo censurada desde las propias redacciones por miedo y prudencia, a sabiendas de que el lector ya no es el consumidor de información ni el cliente.
Los medios han pasado de tener a los ciudadanos de clientes a objeto de su trabajo. El poder político es el verdadero cliente al que hay que vender y conformar con un servicio de información, y el ciudadano a terminado siendo el objeto de ese negocio, que no es otro que la transmisión de propaganda política. El ciudadano ya no tiene ningún interés económico para los medios de comunicación que en la actualidad, pueden sobrevivir sin los ciudadanos.

Los medios de comunicación forman parte del Catálogo del Centro Nacional de Protección de las Infraestructuras Críticas, que parece no solo proteger la funcionalidad y dependencia de los medios sino también sus contenidos, y así tenemos a los medios de comunicación y redes sociales en perfecta simbiosis con el poder político para controlarnos y adoctrinarnos sobre cualquier ocurrencia.

Quien escribe esto, no solo está muy preocupado por la manipulación de los medios de comunicación y la corrupción en la divulgación científica, sino también por el nefasto efecto que ello tiene en la salud democrática de un país y la integridad y honestidad de las relaciones sociales entre sus ciudadanos y de la política.

Yo no sé lo que es pseudociencia ni pseudoterapia, pero lo que sí sé es que el pseudoperiodismo y la pseudoinformación, deben ser objeto de control político, y deseo para los ciudadanos que tengan tanta libertad para consumir productos y servicios de salud como para consumir información periodística. Ni más ni menos.

Siempre ha habido periodistas venales y empresas de comunicación que se han puesto al servicio del poder. Aunque sea inevitable, eso menoscaba la credibilidad de los medios, pero daña mucho más a la profesión que sean ellos los que corrompan a los políticos en beneficio de sus dueños. No tiene nada que ver con la legítima pretensión de influir en las decisiones de los gobernantes, o en la opinión pública, desde determinadas posiciones ideológicas, aquí el único límite ético sería el respeto a la verdad, sino que se trata de auténticos chantajes a los cargos públicos para que otorguen contratos a sus empresas, de sectores ajenos a la comunicación, y hagan la vista gorda con sus trapacerías.” “Puede discutirse sobre si es o no necesaria la existencia de medios públicos y en qué condiciones, sobre si se debe limitar la concentración en pocas empresas, pero lo indiscutible es que para que cumplan su función deben ser profesionales y tener como objeto la información y la opinión, pero nunca convertir su influencia en una herramienta para corromper la sociedad. El periodismo es demasiado importante, este caso debe ser una llamada de atención, no puede ser soslayado.” Francisco Carantoña 07/08/2018 “la voz de Asturias”.

El interesado y prolongado silencio por parte de un buen número de medios, e incluso su ensalzamiento durante años, ante conocidos políticos notoriamente corruptos, y su complicidad manifiesta con situaciones anómalas que ahora están empezando a salir a la luz debe movernos a realizar una reflexión profunda sobre su verdadera función en la sociedad, sobre las causas de esta situación, y sobre sus delicadas consecuencias para todos nosotros.” “Antes que nada es preciso aclarar, para los más ingenuos o menos avisados, que los coloquialmente llamados “medios de comunicación” son en realidad “empresas” o “grupos” de comunicación a todos los efectos. Esta aclaración es fundamental para entender que la mayoría de medios actúa básicamente –aunque a unos se les nota bastante más que a otros- no en la búsqueda y publicación de la “verdad” en sí misma, sino bajo estrictos criterios económicos, defendiendo una línea editorial próxima a aquellas opciones políticas que más convienen a la supervivencia y a los intereses de su grupo empresarial. Resulta de gran importancia contar todo esto porque sigue habiendo en España mucha gente de buena fe que, en sus conversaciones cotidianas, dice “lo he oído en la tele (o en la radio)” o “lo dice el periódico” como muestra de indiscutible autoridad en los argumentos que utiliza, sin pararse a pensar, con la mirada un poco más allá de lo que ha leído u oído, en quién lo dice, o en quién lo escribe, y con qué verdaderas intenciones lo publica en este concreto momento. Y ello se aprecia mucho no sólo en las pequeñas empresas de prensa local, siempre más cercanas necesariamente al gobernante de turno, sino también en los grandes grupos multimedia -aquéllos que agrupan prensa escrita, radio, televisión e internet- y cuyo devenir económico-financiero depende en gran medida de la generosidad, directa o indirecta, de los gobiernos centrales, autonómicos o municipales del momento. En pocas palabras, cuando la economía o la propia viabilidad financiera del “controlador” (el medio de comunicación) deja de ser autónoma y pasa a depender de sus “controlados”(los políticos que gobiernan en su territorio), la tentación de acomodarse o dejarse influir en lo que se publica o se deja de publicar se hace realmente grande, por no decir inevitable.” “Muchos medios de comunicación se habían habituado en los últimos tiempos en nuestro país, tanto en el ámbito estatal como en los autonómicos o locales, a sobrevivir y cuadrar sus balances directamente gracias a las subvenciones públicas y a la publicidad institucional, especialmente ante el enorme bajón que experimentó la publicidad procedente de las empresas privadas y de las actividades comerciales en general. Ello generó una peligrosa dependencia de los gobernantes de turno, pues resulta muy difícil –en España realmente casi heroico- que los periodistas critiquen a las instituciones con cuyo dinero se sustenta el equilibrio económico de su empresa y, en definitiva, su propio puesto de trabajo. Y a la hora de los recortes, que dada la situación del país han ido llegando inexorablemente a todos los ámbitos de la actividad económica, ha sucedido algo todavía más peligroso. Cuando la esencia del buen periodismo consiste en ser crítico con el poder, del color que sea, para corregir sus disfunciones, en España se está produciendo, de una forma lamentable, justo el fenómeno contrario: los gobernantes que han derrochado el dinero público a manos llenas regando generosamente a muchos medios de comunicación se han acabado convirtiendo para éstos en los héroes, mientras que los que han venido después con las tijeras en la mano, racionalizando, reduciendo y poniendo orden en el anterior despilfarro económico-mediático han sido tratados como los villanos. Justo lo contrario de lo que debería ser.” Alvaro Delgado Truyols 28/01/2015 “hay derecho”.

“En este contexto, ¿puede unperiodista asumir el precio de llegar al fondo de un asunto?
No tiene ninguna posibilidad, ni siquiera de iniciar las investigaciones… A menos que la operación que esté investigando tenga interés para la empresa en la que está. Y hay que hacer aquí una apreciación importante: en España las empresas periodísticas están en quiebra. ¿Cómo ha reducido el grupo Prisa su deuda a la mitad? Pues eso habría que explicarlo, pero no será usted quien lo haga, y si lo hace, le dirán que se lo guarde en un cajón. El periodismo grandilocuente, del que se hablaba al principio de la Transición, se acabó radicalmente, por lo menos mientras no cambie el estatus…”
 Gregorio Morán 09/03/2017 “el diario”

Para esta simbiosis perfecta, hace falta la existencia de censores, que no son otros que grupos de control y presión como “malditobulo” o la “AECC” Asociación Española de Comunicación Científica.
“Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud, Ignorancia es Fuerza” eran los lemas del partido que gobernaba el estado totalitario que Orwell describe en su novela 1984. Si Orwell levantara la cabeza y leyese “maldita.es” o el blog de la “AECC” añadiría un nuevo lema: “la propaganda es única información veraz”.
Así, estos “progresistas” de la “transformación social”, que hacen como que dirigen Maldita.es, llevan adelante un sistema de control informativo. O lo intentan.
Maldita.es pertenece a factcheckeu y a The International Fact-Checking Network que es una sección de Poynter Institute que se dedica a promover la creación de censura, – perdón – revisadores de datos por todo el mundo, porque le tienen mucho miedo a la libertad de prensa y la libertad de información (igual que en Sanidad temen la libertad de prescripción y la libertad de elección, que son dos grandes enemigos a combatir a través de los niños de la apetp y los descarriados de la omc).
Dentro de los fundadores de esta iniciativa está para destacar:
Google News Initiative
Open Society Foundations (Soros)
Tides Foundation (Google.org)
En España, esta iniciativa está además “apoyada” por Facebook y La Sexta. Y como si no fuese caro mantener un portal de noticias con tamaña rotación y trabajo revisor, y a pesar de que uno de los compromisos de los signatarios de fact checking Network es la transparencia de su financiación, Maldita afirma que se financian con las cuotas de sus cinco socios.
No publican sus fuentes financieras, pero tampoco sus estatutos como asociación -se me olvidaba, su forma jurídica es la de asociación sin ánimo de lucro- y cuando uno firma una “membresía” y pasa a colaborar con ellos haciéndose “maldito”, firma un contrato en blanco. No tiene derechos ni obligaciones.
Por eso cuando un maldito presenta un bulo o una mala información, los cinco socios deciden si investigan o no (por supuesto, no investigarán un bulo sobre orgías organizadas por oxfam, o el tráfico de datos de Facebook, o los crímenes de pfizer y otras farmacéuticas…).
Después de decidir si un bulo se investiga o no, recogen de los malditos una o dos colaboraciones nimias, sucintas y con eso construyen su dictámen, casi por arte de magia o gracias al sesgo político y económico de su editorial.
Es decir, es un ente instrumental al servicio de una determinada propaganda política. Si hay algo peligroso para la defensa de la libertad, es que se dé crédito a quienes pretenden controlar “la verdad”.
Los españoles no se fían de los medios de comunicación, a los que consideran la institución más corrupta después de los partidos políticos y de las empresas privadas, según el informe 2007 de Transparency International. Los ciudadanos no perciben en modo alguno que los medios difundan la verdad o cumplan la misión de vigilar la democracia. El 44% de los ciudadanos los consideran corruptos. Los partidos políticos son considerados corruptos por el 63% de los españoles y las empresas privadas por el 54%. Sólo los griegos tienen en Europa peor opinión de los medios que los españoles.

IMPOSTURA Y CENSURA CIENTÍFICA.

Pierre Flourens (1794-1867), que a la sazón había sido secretario permanente (Secrétaire perpétuel) de la Académie des Sciences durante treinta años, y tenía una larga trayectoria en investigación médica a sus espaldas, escribió su crítica en el libro titulado “Examen du Livre de Darwin sur l’Origine des Especes”. El libro de Flourens, publicado cuando su autor tenía setenta años, es prueba del rigor académico al criticar punto por punto el Origen de las Especies, obra que, sin duda, había leído a conciencia. Flourens pone de manifiesto en su libro cuatro debilidades importantes de la impostura científica: 1. Abuso del lenguaje. 2. Desconocimiento elemental de la materia 3. Falta de originalidad. 4. Eugenesia, esa peligrosa doctrina social que se encuentra detrás de la Supervivencia de los más aptos. Dentro de la eugenesia está la idea de que una élite científica y política, debe gobernar.
El libro Imposturas intelectuales fue publicado en Francia en 1997 y fue escrito por Alan Sokal (Doctor en física estadounidense) y Jean Bricmont (físico teórico belga y profesor en física). El libro pone en evidencia al relativismo posmoderno luego de ridiculizar a una de las revistas de más presunto prestigio en el tema. El libro examina y desarrolla principalmente dos puntos: (i) El incompetente y pretencioso uso de conceptos científicos por un pequeño pero influyente grupo de filósofos e intelectuales de ramas no científicas o disciplinas que no lo son en sentido formal; (ii) El problema del relativismo cognitivo, es decir, la idea de que la “ciencia moderna es comparable a (nada más que) un mito moderno, una “narración” o “construcción social” entre otros apelativos”.
Cuando los medios de comunicación y los activistas hablan de pseudociencias y de medicinas sin evidencia científica, vemos un claro ejemplo de los descrito por Fluorens y Sokal: propaganda política disfrazada de ciencia.
  1. Abuso del lenguaje: Neolengua. Se han empeñado al unísono en construir un relato estándar y unos neoconceptos ambiguos y arbitrarios para sacudir con ellos lo que les plazca. Así tenemos que de igual manera que se han inventado conceptos como “política de género” o “cambio climático” fabricando incluso un supuesto “consenso de la comunidad científica internacional” -que no existe-, han inventado el término “pseudociencia” donde pueden meter lo que quieran de forma absolutamente caprichosa.
  2. Desconocimiento elemental de la materia: Estupidez. Si hay algo evidente es que los periodistas y “expertos” que cuestiones las terapias naturales, no son expertos en terapias naturales ni en medicina integrativa. En los debates, además de periodistas sin ninguna formación sanitaria, aparecen biólogos, médicos, informáticos, físicos, y profesionales de todo tipo, pero nunca personas con conocimientos teóricos y prácticos de las terapias. Así tenemos a biólogos que aparecen en programas criticos contra las denominadas pseudociencias que comparan un esófago con un tubo de cristal y el contenido de un estómago lo asimilan a un poco de agua tibia… Aparecen informáticos que cuestionan las decisiones de la Fiscalía en cuanto a la supuesta inactividad que describen contra las terapias naturales.
  3. Falta de originalidad: Miseria intelectual. Es patente que cuando se habla contra las terapias naturales o la medicina integrativa se hace desde un pensamiento único repitiendo machaconamente y hasta la nausea frases tontorronas y simplonas de las que es experto nuestro Ministro de Ciencia, entre otros. Se habla de que “son una estafa”, “hay que proteger a los pacientes porque son vulnerables”, “las pseudociencias matan”, y otras estupideces similares. No aportan dato alguno y cuando se menciona un informe que tiene la Ministra de Sanidad sobre las muertes por terapias, va y resulta que ese informe nunca ha existido. Y así repiten y repiten los mismos mantras los medios de comunicación sin alterar una coma, sin contrastar información, sin investigar o buscar otros puntos de vista.
  4. Eugenesia: el ciudadano como enemigo o como rebaño. Después de todo y aunque parezca extraño, está esa intención política de “salud pública” por la que hay que proteger al estado de ciudadanos ignorantes, torpes y descuidados (el ciudadano puede ser un peligro para el “colectivo” pues si no se vacuna puede ser fuente de enfermedades, si usa terapias puede enfermar más y ser una carga para la sanidad…). Entonces sale la banderita paternalista de políticos, científicos e informadores, para protegernos de nosotros mismos y de nuestra proia “ignorancia” para conseguir un mundo mejor, más ordenado y feliz. A cambio, el ciudadano debe renunciar a su libertad y debe dejarse conducir y proteger cual mostrenco. Los terapeutas y médicos integrativos lo son para estafar y hacer negocio, pero no existen casos comprobados de políticos, funcionarios, científicos y periodistas corruptos… La élite quiere protegerte por tu bien, como manda la política de eugenesia, y si hace falta te pondrá bajo los pies de los caballos, ante una crisis económica, ante guerras y terrorismo estratégico, ante epidemias o ante el empleo de radiaciones, pesticidas, medicinas y vacunas de “absoluta” seguridad. Todo gratis.
  5. Neociencia: Pseudoescepticismo. Han creado una neociencia -neolengua- donde el rigor científico es arbitrario y donde se prentende una evidencia científica caprichosa y asimétrica. Así se exigen estudios doble ciego randomizados para la acupuntura y la homeopatía, pero no se exige lo mismo para el aborto, el cambio de sexo, las sedaciones terminales, la psicofarmacología, la quimioterapia, las vacunas, la cirugía o la medicina preventiva. Ellos son la élite -que nadie ha votado-, y deciden cuál ha de ser el estándar científico exigible y cuáles deben ser los resultados. Es más, intervienen en el mercado -lo que los pacientes pueden consumir- por una cuestión científica, como si la ciencia tuviese algo que ver con las decisiones vitales y trascendentes que tomamos en materia de pareja, matrimonio, número de hijos, hipotecas, planes de pensiones, estudios, profesiones, conducta moral y religiosa, etc. Aparenta una secta o una política totalitaria más que una ciencia.
  6. Relativismo cognitivo: positivismo político. El debate se centra en lo que “la sociedad necesita”. Para ello tenemos al bonachón político de turno que aupado al zenit de la razón por pseudocientíficos, pseudoescépticos y pseudoperiodistas, está dispuesto a hacer realidad su capricho a través de normas políticas -mal pensadas y peor redactadas-. El político se muestra convencido por los palmeros y mamporreros de turno de que su delirio absolutista es justo y se embarca en la gloriosa misión de cercenar los derechos y libertades de los ciudadanos por un “bien superior”. Todo vale en la sacrosanta misión de proteger a los débiles e ignorantes ciudadanos de sus propias decisiones (menos de la decisión de voto). Todo lo que se necesita es un bolígrafo mágico con el que escribir pseudonoticias, pseudoinformes científicos y pseudonormas legales.

EL BUENISMO INFORMATIVO de la Asociación Española de Comunicación Científica

La Asociación Española deComunicación Científica alerta contra la limitación del derecho a la información provocado por el aumento de demandas contra quienes informan sobre pseudociencias.
Sorprende este arrebato de preocupación y dignidad en una institución tal.
Ejemplos de las motivaciones de semejante asociación:
Pertenece a la World Federation of Science Journalists, organización con absoluta opacidad de financiadores (404 not found).
Pertenece a European Union of Science Journalists’ Associations, organización con absoluta opacidad de financiadores (404 not found).
Socios colaboradores: Junto con Repsol y la Obra Social la Caixa, nos encontramos a: PharmaMar, Instituto Roche, MSD (con un evidente conflicto de interés).
Otros socios:
Álvaro Bayón Medrano, Investigador predoctoral en la Estación Biológica de Doñana (CSIC), conocido insultador y difamador en redes sociales y medios de comunicación y que confunde el cuerpo humano con un matraz de laboratorio. A pesar de que no tiene ninguna formación sanitaria, se hace pasar por experto en peligros de la fitoterapia.
Ignacio Fernández Bayo, (Junta Directiva) periodista científico desde 1980. En la actualidad, y desde el año 2000, dirige Divulga, una empresa especializada en la comunicación científica a través de todo tipo de canales: medios de comunicación impresos y digitales, libros, exposiciones, audiovisuales, gabinetes de prensa, organización de eventos, y realización cursos de periodismo científico.
Fernando Frías Sánchez, Abogado y militante pseudoescéptico, promotor de la idea de que el consentimiento informado de los pacientes y la libertad de elección son falacias que hay que suprimir por su bien.
J.M. Mulet, Profesor de Biotecnología. IBMCP. Universidad Politécnica de Valencia. Conocido por su defensa de los santos transgénicos y pesticidas y detractor del uso de plantas medicinales. Defensor de Monsanto antes y después de la condena de más de 2.000 millones de dólares por fraude en la venta de uno de sus pesticidas. Conocido insultador y acosador de las terapias naturales en redes y fuera de redes. Sin formación sanitaria.
Rocío Pérez, periodista freelance y coordinadora de Maldita Ciencia (ver más arriba lo que es el engendro de “maldita.es”).
Ángela Bernardo, (Junta Directiva) redactora en Civio -institución de trinchera de GeorgeSoros-.
Vanessa Pombo, (Junta Directiva) comunicadora científica en CNIO Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, cuyos sponsors son entre otros, Ministerio de Ciencia, Compañía Logística de Hidrocarburos CLH, S.A., Petroplast (Logroño, La Rioja),
Elena Lázaro, (Presidenta) coordinadora UCCi de la Universidad de Córdoba y de la Red Divulga de Crue Universidades Españolas, con la “colaboración de CSIC y FECYT (Ministerio de Ciencia).
(Si esta chufla de la AECC, no está claramente parasitada y es un mero ente instrumental que alguien me convenza de lo contrario).
Bueno, pues esta sagrada y virginal institución afirma lo que sigue:
  1. …un número creciente de casos de demandas y querellas contra profesionales por opinar y/o informar acerca de pseudoterapias (No se les demanda o querella por informar, sino por difamación, por acoso y por abuso de derecho en contra de los intereses de los profesionales y ciudadanos. No existen las pseudoterapias).
  2. …es un ejercicio de responsabilidad social denunciar ante la opinión pública las prácticas sin evidencia científica. (no, es un acto de totalitarismo y de sectarismo. La ciencia no es un bien absoluto ni está presente en la mayor parte de las decisiones de los ciudadanos. La ciencia nada tienen que ver con el periodismo o con la divulgación y según su postulado el periodismo debería ser reducido a la mera transmisión de datos estadísticos…).
  3. …es labor de las personas que comunican ciencia informar de manera veraz sobre estas cuestiones, sin que ello suponga un problema para el ejercicio profesional ni para su propia libertad individual. (nadie cuestiona el libre ejercicio de la información siempre que sea veraz. El problema es que la información que se transmite sobre supuestas pseudociencias es mera propaganda de contenido ideológico y político donde no hay investigación, ni comprobación ni reflexión).
  4. …las personas denunciadas lo han sido cuando informaban acerca de determinadas pseudoterapias o a participaban como fuentes expertas en publicaciones realizadas por otros periodistas. (No. Las personas denunciadas nunca han actuado como expertos ni han actuado como informadores, sino que ha sido denunciados por mentir, engañar, difamar y acosar a profesionales y pacientes).
  5. …la importancia de proteger simultáneamente dos pilares clave de cualquier Estado democrático de Derecho: la libertad de expresión y la libertad de información. …la libertad de expresión y la libertad de información son instrumentos clave para la formación y el desarrollo de la opinión pública libre, ligada de forma indisoluble al pluralismo político de cualquier sistema democrático. (en eso estamos, en proteger la libertad de expresión y de información. Libertad para expresar ideas, opiniones, teorías y conocimiento sobre terapias naturales y medicina integrativa sin ser objeto de acoso, censura o boicot por parte de pseudoperiodistas. Libertad de información donde los ciudadanos tengan acceso a información periodística veraz y no mera propaganda disfrazada de información. Consumidores, pacientes, usuarios y profesionales de las terapias naturales y de la medicina integrativa, también se merecen una sociedad donde se respete la opinión, la información y el pluralismo).
  6. …la Junta Directiva quiere rechazar toda acción legal emprendida con el único objetivo de silenciar a los profesionales especializados. (La Junta Directiva haría bien en promover buenas prácticas periodísticas donde prime la información veraz sobre la manipulación social y la propaganda y donde el derecho de los ciudadanos prime sobre los sesgos ideológicos del periodista y donde la veracidad sea un valor real y efectivo y no un mero principio de conveniencia. Las acciones que se emprenden, no lo son para acallar profesionales, sino para corregir prácticas intolerables en un Estado de Derecho).

CONCLUSIÓN

Quien escribe esto, no solo está muy preocupado por la manipulación de los medios de comunicación y la corrupción en la divulgación científica, sino también por el nefasto efecto que ello tiene en la salud democrática de un país y la integridad y honestidad de las relaciones sociales entre sus ciudadanos y de la política.

Yo no sé lo que es pseudociencia ni pseudoterapia, pero lo que sí sé es que el pseudoperiodismo y la pseudoinformación, deben ser objeto de control político, y deseo para los ciudadanos que tengan tanta libertad para consumir productos y servicios de salud como para consumir información periodística. Ni más ni menos.

Luis de Miguel Ortega

Certificado de defunción. Me declaro vencido y desarmado

Triste noticia: Josele Sanchez de La Tribuna de España abandona el periodismo y se exilia por su integridad

Certificado de defunción. Me declaro vencido y desarmado

Certificado de defunción. Me declaro vencido y desarmado

Querido lector, cuando leas esta Editorial –mi última editorial periodística– espero encontrarme ya a miles de kilómetros de la patria; comienzo a escribir este artículo -sin duda el más triste de mi carrera- nada más escuchar por la megafonía del avión que ya podemos desabrocharnos los cinturones, con el corazón aún encogido por la despedida (hace tan sólo 48 horas) de la familia y de la mujer que amo, con un futuro, en manos de Dios y cargado de incertidumbres, con un amor a España que me lleva a salir huyendo de la patria antes de que sea demasiado tarde y con la triste convicción de saber que, con toda probabilidad, este es un viaje sin retorno, un vuelo de ida sin billete de vuelta, una separación de la nación a la que desde niño he amado como se ama a una mujer, apasionadamente, con lealtad, a veces incluso confundido por la ceguera que tanto amor comporta, ignorando la falta de reciprocidad en ese amor a la patria como la del cónyuge engañado que se niega a aceptar la infidelidad que todo el mundo advierte, menos él mismo. Porque yo lo he dado todo por España y la patria no ha sido en absoluto recíproca conmigo.
No sé por qué en estos momentos recuerdo a José Antonio Primo de Rivera (un hombre cuyo pensamiento político y su ejemplo ha marcado profundamente mi existencia) y pienso lo duro que debió ser escribir ese duro y hermoso Testamento, ese último escrito suyo cargado de amor fecundo a España y a los españoles, rebosante de perdón a sus verdugos, sabiendo que en un par de horas sería fusilado por un pelotón de milicianos. Tal vez me acomete ese recuerdo por comparación con este escrito: si a mí se me rompe el alma escribiendo mi último artículo, pese a saber que mañana volveré a ver salir el sol, cómo debió sentirse un hombre (de sólo 33 años) que sabía que lo que le esperaba al terminar de escribir eran las balas de los milicianos que pondrían fin a su vida. Y pese a tan dolorosa certeza, José Antonio fue capaz de pronunciar esta frase tan cargada de hombría, de generosidad y de amor inimitable a todos los españoles -sin distinción ideológica alguna-:
«Ojalá fuera mi sangre la última que se derramara en discordias civiles. Ojalá encontrara ya el pueblo español, tan rico en cualidades entrañables, la patria, el pan y la justicia«.
He pensado mucho si debía escribir un último artículo o si desaparecía sin más explicación. He pensado si sería la vanidad el motivo que me lleva a escribir estas últimas palabras. Pero por otro lado sé la polvareda que levantaría mi desaparición sin explicación alguna y la de rocambolescas explicaciones que se darían a mi repentina e injustificada evanescencia. Por otra parte no puedo ignorar la lealtad máxima de mi más directo (y reducidísimo) equipo de colaboradores, y el seguimiento que -con mayor o menor identificación con mis ideales- he llegado a tener por parte de los españoles que, en los mejores tiempos de La Tribuna de España, llegó a superar los seis millones de lectores… y es por esto por lo que me han aniquilado.
Sé que no soy -sin  duda alguna- el único disidente honesto de España pero ¡mucho cuidado con la presunta disidencia! porque tras esta tarjeta de presentación de «disidente» se esconde mucha bazofia, mucha cloaca del estado y mucha -la inmensa mayoría me atrevería a decir- «disidencia controlada«.
Acaso debería comenzar esta editorial adjudicándome el bando perdedor del último parte de guerra de Franco y decir algo así como «en el día de hoy, cautivo y desarmado el periodista Josele Sánchez, ha alcanzado el sistema su último objetivo: la disidencia ha terminado«. Pero sería un ejercicio de jactancia, y también sería una miserable falsedad, porque pese a que es cierto que me declaro vencido y desarmado por el sistemano termina conmigo (al menos eso espero) la lucha contra el putrefacto Régimen del 78, no soy el único que consagra su vida a la transformación profunda y radical de una patria engangrenada, ni quien -haciéndolo extensivo a todas las naciones del mundo- se deja lo mejor de sí mismo en una batalla sin tregua contra el Nuevo Orden Mundial que nos ha dejado huérfanos de valores, que ha envilecido a los hombres feminizándolos hasta considerar la valentía, el coraje, la caballerosidad, el patriotismo o la defensa de los suyos, como residuos de un «machismo heteropatriarcal» inexistente, pero que -gracias a la propaganda que ejerce «la prensa del sistema»- ha calado en las pocas neuronas activas que todavía le quedan a los hombres y las mujeres de España. Sin embargo yo hasta aquí he llegado.
Siempre tendré detractores que desde la burguesa facilidad de «sus vidas acomodadas» me acusarán de no haber resistido más. Juro por lo más sagrado que jamás he tenido por comparación al común de los mortales, que he pasado (y no es una metáfora, escribo literalmente cuanto he vivido), que hemos pasado mi mujer y yo -sin que nadie lo supiera, porque las penurias jamás las he sacado en procesión-, hambre y frío, y que no me he comparado con lo calientes que estarían los hogares de mis lectores, ni he pensado en lo repletas que estarían las neveras de mis compañeros de profesión, perros dóciles y muy bien retribuidos por el sistema; por el contrario, en esos momentos, recordaba a los camaradas de la División Azul, que lucharon en Leningrado, con los estómagos vacíos y a 40 grados bajo cero, y entonces hasta he sentido desprecio de mí mismo por mis quejas a Dios por el calvario por el que me estaba haciendo pasar cuando lo confrontaba con la entrega de los hombres más grandes de la patria, de aquellos a quienes «la Memoria Histórica» ha olvidado pero que dieron sus vidas por Dios y por España en la fría estepa soviética.
Lo he dado todo en esta lucha; me he dejado el poco dinero de que disponía, la salud, todas mis capacidades intelectuales, la familia y el alma. Creo que si algo no me podrá reprochar El Altísimo (pues es la suya la única justicia que reconozco) es no haberlo puesto todo: como en «la parábola de Los Talentos» de las Santas Escrituras; aproveché hasta el límite las capacidades que Dios me otorgó, y si no he podido o no he sabido llegar a más, no será por mi falta de ambición y entrega, sino por las limitaciones intelectuales que El Señor me ha dado. Creo, honestamente, que pocos guerreros habrán capaces de compararse conmigo en desprendimiento de todo lo personal para entregarse, en cuerpo y alma, a la búsqueda del pan, la patria y la justicia para todos y, de manera muy especial, para los más desfavorecidos; y digo esto hasta el punto de reconocer que, en esta entrega, me tocó escoger entre los míos y la patriami hija, mi mujer y mis hermanos, siempre podrán reprocharme no haberlos antepuesto a mis ideales y mi compromiso con una revolución ¡que he perdido!, con una vida que probablemente he desaprovechado, anhelando una patria completamente diferente para unos compatriotas absolutamente indiferentes y no merecedores de las renuncias que hice, ni del dolor que he causado (y que causo) a quienes más me quieren.
Allá cada cual con su conciencia.
Lo que juro por lo más sagrado es que no me he rendido ante el enemigo, que no me he entregado: sencilla y desgraciadamente, se me acabó la municiónEl sistema ha sabido cómo desgastarme físicamente (hasta provocarme graves problemas de salud), emocionalmente (hasta haber dudado, en muchas ocasiones, de que Dios estuviera de mi parte); el poderoso enemigo me ha destruido intelectualmente y me ha asfixiado económicamente, hasta el límite de no poder seguir pagando, siquiera, la cuota mensual del servidor desde el que publicamos este periódico.
Durante todos estos años de periodismo, admito haber cometido errores, pero puede asegurar que ninguno ha sido mal intencionado o debido a las presiones de nadie: todo lo que periodísticamente hayamos hecho mal se debe exclusivamente a mi incapacidad -o a mi falta de talento- para hacer mejor mi trabajo. Pero no es ningún culto a la vanidad reconocer, así mismo, que han sido muchísimos los éxitos periodísticos (resulta obvio que mi concepto de éxito no tiene nada que ver con la rentabilización económica que el sistema ha impuesto como sinónimo de esta palabra) que hemos conseguido, comenzando por crear un estilo de información distinto y distante al de «la prensa del sistema», un periodismo cuyo objetivo no era una cuenta de resultados económicos, sino el despertar de conciencias, una fidelidad rotunda a «contar aquello que ocurre y que otros no quieren que se sepa«.
Así las cosas -y siendo, por tanto el periodismo mi trinchera contra el sistema- me he procurado los más peligrosos enemigos por hacer públicos sus manejos que durante cuatro décadas han permanecido ocultos gracias a una prensa servil y vendida a los que de verdad mandan en España (sea el que sea el gobierno de turno).
A nadie se le escapa que de los muchísimos asuntos turbios que desde La Tribuna de España hemos descubierto y publicado, son tres, fundamentalmente, los que me han convertido en enemigo tan peligroso para el sistema: «la mafia judicial española«, el posible asesinato de Emilio Botín y los manejos del «clan Botín» como auténticos «amos» de España, y los casos de pederastia de criminales considerados como personas de reputación irreprochable -y muy especialmente-, todo lo que nos hemos atrevido a publicar respecto al «caso Bar España«.
Y el sistema no es que no me lo haya perdonado: «la mafia judicial española» y «las cloacas del estado» se han revuelto contra mí como si yo fuera el más peligroso de los enemigos, y no han cejado su empeño hasta derrotarme: así es, por duro que resulte reconocerlo: David no ha sido capaz de vencer a Golitat y el sistema ha pasado por encima mía como una trituradora.
No voy a dar detalles (que además convertirían este último Editorial en una extensa novela negra) de cuáles y cuántos han sido los ataques recibidos por  parte de «las cloacas del estado», que han ido desde la infiltración -en mi grupo más reducido y próximo- de distintos personajes, hasta la intervención de todas mis comunicaciones (no sólo telefónicas y cibernéticas), llegando a instalarme sistemas de geolocalización y escucha de todas mis conversaciones, incluso en cada uno de los muchos domicilios secretos que he tenido (y que periódicamente iba cambiando) a lo largo de estos dos últimos e interminables dos años. Y, por supuesto, también se han pasado por el forro algo tan sagrado en un Estado de Derecho como la «confidencialidad de las conversaciones entre un investigado y su letrado» y han escuchado todas mis conversaciones telefónicas con mi abogado Mario García Galindo. Resulta obvio que no puedo probarlo, así que dejo a su criterio que crean o dejen de creer cuanto les estoy contando.
Nos han echado de las redes sociales, hasta terminar robándonos la propia web de La Tribuna de España.
Nos han vencido, sus censuras en redes sociales, sus hackeos, el robo de nuestra propia web, nos ha hecho pasar de más de seis millones de lectores mensuales a menos de trescientos mil que tenemos en la actualidad. Han minimizado pues, nuestra capacidad de impacto social y han acabado con el poder de seducción de conciencias y despertar ciudadano que llegó a suponer La Tribuna de España.
Nos han inflado a querellas criminales, cuyos gastos jurídicos (pese a la extraordinaria generosidad de nuestro excelente abogado, el penalista Mario García Galindo) ya no podemos seguir asumiendo.
He tenido infiltrados, vendidos y cobardes; estos últimos tan sólo era revolucionarios de café y redes sociales, «tiraos p´alante» que han abandonado la trinchera cuando han comprobado que el enemigo no disparaba con munición de fogueo.
Ni una palabra para ellos. Ni mencionarlos siquiera. Allá cada cual con su conciencia. Como soy creyente, sé que será la Justicia Divina quien habrá de pesarles cuentas. También como soy creyente a los unos, y a los otros, intento perdonarlos… lo intento.
De cuantos se han aproximado a mí (y a veces tardando demasiado tiempo en darme cuenta) he llegado a descubrir e identificar -con nombres y apellidos- a agentes del CNI y a simples y miserables «chivatos» al servicio de Ana Patricia Botín o de «las cloacas del estado», que -en definitiva- son una misma cosa, pues en España no se mueve un papel, no se llega a un pacto de gobierno, no se nombra un ministro, ni a un miembro del Tribunal Supremo, ni al Fiscal General del Estado sin la aprobación previa del más criminal de los grupos mafiosos: el «clan Botín».
Por eso me han hecho la vida imposible hasta casi hacerme perder la cordura; con mis publicaciones, no sólo es que haya expuesto mi vida (que es algo que tengo completamente asumido), es que he convertido a mi familia en «objetivo» de unos bastardos criminales que no se detienen ante nada ni ante nadie. Me intentaron sobornar. Como no lo lograron, he sido objeto de extorsión y de chantaje -poniéndome como amenaza a aquellos a quienes más amo- hasta el punto de que he tenido que llegar a una especie de pacto (si no tácito, al menos implícito) de no publicar determinadas informaciones que guardo a muy buen recaudo, a cambio de que no me pase nada indeseado a mí (que no me importa en absoluto cuanto pudiera ocurrirme) ni a ninguno de mis familiares.
La Tribuna de España
Por eso habrá quien eche en falta que en mi último Editorial no «muera matando», y que no publique esa información de la que dispongo y que es sensible de llevar a la cárcel, para el resto de sus días, a varios de los implicados en los tres casos citados: «mafia judicial española«, «clan Botín» y «caso Bar España«.
Sí, sé que probablemente la mayoría de los lectores desearían que en este último Editorial pusiera la mierda delante del ventilador, pero soy yo quien se juega la familia: con todos mis respetos, mis lectores no arriesgan nada…
Sería una irresponsabilidad por mi parte poner en riesgo a los míos por lo que esa documentación (de los tres casos citados) -como muy bien conocen mis poderosos enemigos- se encuentra perfectamente resguardada y en el caso de que a mi familia o a mí nos ocurriera el menor percance, ya está prevista su inmediata difusión a los medios de información internacionales más prestigiosos (todavía existen medios -evidentemente no en España, sobre todo en los EE.UU.- que, aunque sean igualmente corruptos, sí se hacen eco de estas importantísimas revelaciones) y a todos los organismos y organizaciones internacionales (UE, BCE, ONU, FMI, CIA, FBI, Reserva Fedederal norteamericana, Amnistía Internacional, Reporteros sin Fronteras… etc). Tanto es así que yo creo que alguna presidente de Banco, algunos cuantos jueces y fiscales, algunos políticos e incluso algún religioso, deberían rezar todos los días para que ni a mi familia -ni a mí mismo- nos ocurra el menor accidente, para que no tengamos, siquiera, un involuntario esguince de tobillo al cruzar una calle, o a que un simple constipado acabe convirtiéndose en una pulmonía.
Salgo huyendo de España porque «la mafia judicial española» iba a ingresarme ya en prisión; sin entrar en más detalles (que ni puedo ni debo ofrecer) he sido conocedor de que -antes, incluso de que mi abogado haya recibido ninguna comunicación oficial- el CNI ya ha hecho llegar a la Interpol mi identificación para impedir que pueda volar desde ningún aeropuerto de Europa. Esta arbitrariedad judicial y policial (la enésima que recibo) me ha sido advertida desde dentro de «la casa» (que es como los agentes denominan al CNI) e iba a ser ejecutada en plena jornada postelectoral, cuando toda la atención informativa estaría centrada en el resultado de las elecciones.
Así las cosas me ha tocado precipitar mi salida de España (que ha  resultado toda una odisea para poder volar desde un país no europeo) y refugiarme en el país donde ya estaré cuando ustedes lean esta Editorial (y que por supuesto no voy a desvelar), sin ninguna certeza de qué, ni cómo voy a poder vivir: ahora sólo pienso en las próximas 24 horas y espero que Dios no me abandone en mi nueva condición de «fugitivo» -no de la justicia- de la «mafia judicial española.
Pero no sólo abandono España; me rindo ante la evidencia: he sido completamente derrotado.
Quisiera pensar que mi lucha ha servido de algo (aunque en estos momentos todo me invita al pesimismo y la melancolía), quisiera creer que todo este calvario -además de ser bien visto por los ojos de Dios- haya contribuido a despertar alguna conciencia, pero repito, es mucho el dolor, y ahora sangra tanto mi herida, que soy incapaz de advertir que quizás haya algo de positivo más allá del llanto que, literalmente, empapa la cuadriculada libreta sobre la que escribo en la mesita plegable del avión que me transporta rumbo al más incierto de los futuros.
Hasta aquí he llegado. Ya no tengo más munición, ni tampoco tengo más emoción; se me acabaron las balas y se agotaron las fuerzas.
Seguro que habrá quién pensará que debería haberme entregado pero, ya ven, una cosa es haberme dejado la vida en la batalla, convertirme, de hecho, en un mártir por la causa. Pero no tengo vocación alguna de héroe, ni debo hacer pasar a los míos por el dolor añadido de saberme encarcelado.
He sido derrotado pero no me he rendido.
Declaro solemnemente que ya se ha terminado mi lucha contra el sistema, pero no me he entregado.
Creo que la única obligación -y también el único derecho- que me asiste, es el de impedir, por todos los medios a mi alcance, que el enemigo me detenga y me ingrese en prisión.
Sólo por cinco de las 11 querellas que, hasta día, de hoy tengo interpuestas (porque aunque todavía no tenga comunicación judicial, sé que existe, al menos, dos nuevas denuncias más contra mí) me piden más de veinte años de cárcel.
La Fiscalía General del Estado ha dado órdenes expresas de que los fiscales soliciten las máximas penas posibles…
Qué justicia puedo esperar de los jueces cuando el
propio Consejo General del Poder Judicial es uno de mis querellantes, cuando he denunciado con nombres y apellidos a jueces y fiscales pederastas y violadores de niños, a jueces y fiscales vendidos al Banco de Santander, a jueces y fiscales que en el caso de pederastia conocido como «caso Kote Cabezudo» han prevaricado defendiendo al pederasta y diputado del PSOE, Odón Elorza, y actuando en contra de las víctimas…
Salgo huyendo de mi ingreso en prisión y abandono definitivamente la lucha.
Espero que ustedes comprendan mis motivos aunque, si les he de ser sincero, en estos momentos me resulta absolutamente indiferente qué es lo que puedan o no pensar de mi decisión
No sé si cerrará o no LNT lanuevatribuna.com con mi marcha. Me gustaría que resistiera el envite, que los más activos colaboradores siguieran adelante con el periódico, aunque sé que resulta altamente improbable que pueda seguir funcionando por todo el riesgo que comporta ponerse al frente del timón de este barco.
Qué triste no tener la capacidad de explicar a la gente que vamos hacia la destrucción de la humanidad. Qué doloroso saber que han convertido al hombre en mero robot del sistema y que encima se cree libre porque puede meter una papeleta en una urna cada vez que se monta una orgía de supuesta democracia. Qué dolor ver cómo se han destruido los valores que nos convirtieron en lo que fuimos, el calor del hogar, la familia como célula básica de la sociedad, la comunicación entre hijos y padres, la pérdida del concepto de autoridad del padre y del maestro, la nula atención que se presta a los ancianos. Qué angustia comprobar cómo el hombre ha dado la espalda a Dios, cómo le importa un bledo la naturaleza, su tierra, su pueblo, su barrio, su ciudad, su patria o su raza. Qué descorazonador comprobar como el hombre blanco ya no procrea y augurar que los europeos desaparecerán en unas décadas invadidos por otras subculturas que además engendran hijos como conejos. Qué desconsuelo saber que existe un genocidio permanente del «no nacido», que la mujer se sienta más libre por tener derecho al aborto, o por trabajar fuera de casa por un salario de miseria, mientras los hijos son cuidados por «canguros» en unas casas que ya no huelen a comida sino a ambietadores, ambietadores que parecen querer disimular la falta de olor a hogar. Qué desaliento comprobar que los hombres ya no se revelan, que trabajan como esclavos sin oponerse a las injusticias laborales, que un marido ya no sea garantía de defensa de la mujer y de los hijos (como ocurre con el resto de las especies en las que el macho se preocupa de la seguridad de su hembra y sus cachorros), que la caballerosidad se haya invertido por un amariconamiento políticamente correcto que hace desaparecer del hombre toda su virtud, la virilidad, del mismo modo que el feminismo ha desterrado de la mujer su más envidiable condición: la feminidad. Qué aflición que la izquierda se haya adueñado demagógicamente de la reivindicación de la justicia social (algo que cuando llega al poder le importa un bledo), y que la derecha se haya apropiado del patriotismo (cuando la derecha no conoce más patria que la de los paraios fiscales). Qué pena de patria, qué lástima de Europa, qué dolor de Iberoamérica… todo al servicio del Nuevo Orden Mundial; así es el liberalismo, señores, ¡da igual todo!, es lo mismo que los gobiernos sean conservadores o socialdemócratas, siempre pedaleando por derecha o por izquierda (como tan magistralmente explica Adrián Salbuchi) pero al dictado del Fondo Monetario Internacional, al servicio de los intereses de los Rothschild, de los Soros, de los Botín, del Club Bilderberg…
No puedo olvidar en mi última editorial a todos los colaboradores de La Tribuna de España que, desinteresadamente, han escrito durante estos últimos tres años para todos ustedes. Como no quiero olvidar a ninguno (y aquí, en el avión, no dispongo del listado) -y están en la memoria de nuestros lectores- no los enumeraré, pero a todos y cada uno de ellos los llevo en mi corazón. Y especialmente a quienes ustedes ni conocen (porque no firman artículos) pero que siempre han estado ahí apoyándome emocionalmente, económicamente, pasando a formar parte casi de mi propia familia. No les nombro porque ellos ya lo saben, y porque por su propia seguridad mejor que permanezcan así, en el más absoluto anonimato.
Tengo especial emoción al recordar todo el apoyo que hemos logrado tener desde fuera de España: desde Argentina con mi maestro Adrián Salbuchi, con mi compañero y camarada Juan Manuel Soaje Pinto -director de la televisión Canal TLV1-, con el catedrático Alberto Buela), desde México (con nuestro corresponsal Hugo González, con el profesor Mario Becerra, con María Espinosa, con mi paisano Jorge Octavio Fernández, con Saúl Morales, con David Haquet, con Lorena Ochoa…), desde Chile (con nuestro corresponsal Álvaro Cárcamo, con Werner Schröder y Mario Gutiérrez Cifuentes), desde Bolivia (con la grandísima Andrea Victoria Cano y con Pablo Adolfo Santa Cruz de la Vega -líder del Movimiento Veganista-) desde Perú (con Savitri Guillen), desde Alemania (con Alana Bigs y Mattias Deyda), desde Portugal (con Màrio Machado), desde Italia (con Francesca Rizzi), desde Francia (con Yvan Bwenedetti), desde Polonia (con Adrianna Gasiorek)…
Todo esto, para un medio que subsiste al margen de la publicidad institucional y que nunca contó con un sólo euro para gastos, me parece que es un plantel inigualable y un meritorio logro que hemos conseguido por nuestro estilo periodístico, por nuestra línea de pensamiento, por nuestro enfrentamiento frontal al liberalismo y por nuestra lealtad incondicional a unos valores supremos.
Probablemente todo el trabajo periodístico de La Tribuna de España (y de su sucesora LNT lanuevatribuna.com) haya sido reconocido mucho más fuera de España que en nuestra propia nación
Sin ningún medio y mientras otros supuestos disidentes se han dedicado a pedir el voto para la extrema derecha española, nosotros conseguimos crear toda una red de colaboradores en Iberoamérica, especialmente gracias al impulso de La Tribuna Radio (que fue rescatada -tras sufrir la enésima traición- gracias a Andrea Victoria Cano). Por camaradas como ella, Andrea Victoria Cano, es por lo que me duele especialmente tener que abandonar la lucha; piensen en todo lo que está sufiendo Bolivia; pues, pese a todo lo que tienen encima, Andrea Victoria Cano no sólo siguió emitiendo su programa semanal «Vocera de La Vega» sino que, desde La Paz, ha asumido tácitamente la dirección de La Tribuna Radio y exclusivamente gracias a ella hemos sido capaces de tejer una red de corresponsales que abarca desde Tierra de Fuego hasta California y una audiencia como medio de referencia radiofónico de la Tercera Posición en toda Iberoamérica.
¿Se va a perder todo ese trabajo?
No lo sé; sólo sé que yo ya no puedo más.
Lo mismo que LNT lanuevatribuna.com, pongo a disposición de los más directos colaboradores el medio, y me encantaría que siguieran adelante sin mí. Pero lo único que ya puedo aportarles es mi aliento y mi cariño: nada más; no tengo más que ofrecer a estas alturas de mi vida. Ni siquiera puedo ayudarles con mi experiencia, ni colaborar con ellos escondido entre bambalinas. Por mi salud mental y porque así se lo he prometido a mi familia (a los que siempre dejé de lado para entregarme a la causa) me retiro vencido y desarmado: desgraciadamente no puedo retirarme en un Monasterio de Yuste -como hizo el inmenso Carlos V- y, por el contrario, debo pasar el resto de días que Dios quiera que viva como un fugitivo, como un delincuente que huye de la ¿justicia?.
Y si he de hacerlo que sea como decía Fray Luis de León:
«Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado
y con pobre, mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado, ni envidioso».
Ojalá algún día pueda volver al suelo patrio, en lo que seguro ya no será España, porque la maldad de los amos del sistema, el aprovechamiento de sus parásitos con inmunidad judicial y sobre todo, porque la indiferencia de la inmensa mayoría de los españoles habrá permitido el imperdonable crimen de la destrucción de la patria.
Sólo quiero terminar recordando a la inmensa mujer que ha vivido todo este calvario a mi lado y que, desgarradoramente, ahora no puedo tener conmigo: ojalá Dios permita que, más pronto que tarde, pueda volver a dormir agarrado como una lapa a «mi Mariajo».
Termino con dolor mientras el avión continúa surcando el océano: ha pasado casi dos horas desde que comencé este escrito repleto de tachaduras y rectificaciones. Aún me quedan seis horas hasta llegar a mi destino.
Vencido (que no rendido), huido (que no entregado), abandono aquí mi lucha. Lo repito por si a alguien le queda alguna duda: lo he prometido a mi familia y yo siempre cumplo mis promesas. Creo que bien merecen, al menos, que no siga agudizando su dolor y los posibles «daños colaterales».
Ojalá haya alguien recoja mi testigo.
Ojalá quienes ya llevan años luchando, desde otras trincheras -pero con la idéntica rectitud de intenciones- no se vean sometidos a toda la descarga de artillería del sistema que yo he padecido, y puedan resistir en sus posiciones. Desgraciadamente no creo que esto sea así.
Soy la última víctima. No he sido la primera ni tampoco, desgraciadamente, voy a ser la última. Ahora irán a por otro, a por quien más daño les esté haciendo. Que se ate bien los machos mi compañero Armando Robles, director de Alerta Digital. Que tenga cuidado mi buen amigo, el escritor Fran Gijón. Toda precaución es poca para mi admirado Mario Díaz, abogado contra los violadores de niños y su asociación Justicia Poética. Máxima vigilancia a los realizadores (por mucho que ahora estemos distanciados) del excelente programa radiofónico «Aquí La Voz de Europa«…
Les infiltrarán ratas miserables, les acosaran judicialmente, les asfixiarán económicamente y Dios no quiera que también les obliguen a salir huyendo de una patria que dejó de ser madre para convertirse en una mala madrastra.
Como decía Machado:
Si al cabo nada os debo,
me debéis cuanto he escrito…”