LOS LOBBIES EXAGERAN LOS RIESGOS DE LAS DROGAS: el problema real es su prohibición

LOS LOBBIES PROHIBICIONISTAS EXAGERAN LOS RIESGOS DE LAS DROGAS
El profesor de Harvard Jeffrey Miron explica por qué prohibir la heroína o la marihuana es más peligroso que venderlas en supermercados


Jeffrey Miron, de 56 años, ha estudiado los efectos de la criminalización de las drogas durante 15 años, piensa que estos se han exagerado siempre y que todos los tipos de drogas deberían legalizarse. Ha sido presidente del departamento de economía de la Universidad de Boston desde 1992 hasta 1998. Actualmente da clases en el departamento de economía de la Universidad de Harvard.


Pregunta. ¿Por qué deberían ser legales la heroína, la cocaína y la marihuana?

Respuesta. La prohibición de las drogas es la peor solución para prevenir su consumo. En primer lugar, trae consigo un mercado negro corrupto y que cuesta vidas humanas. En segundo lugar, impone limitaciones a personas que no consumirían drogas. En tercer lugar, prohibir las drogas es caro.

P. ¿Cómo de caro?

Miron: Si legalizase las drogas, Estados Unidos podría ahorrar entre 85.000 ya 90.000 millones de dólares al año. En torno a la mitad de eso se gasta en las actuales políticas antidrogas y la mitad de eso se pierde en impuestos con los que el Estado podría gravar drogas legales.

P. En el lado de la balanza, hay muchas personas que se volverían adictas a las drogas.

R. Supongamos que el consumo de drogas aumentase como consecuencia de la legalización ¿Sería malo? Si aplicamos las normas de la economía, eso es (al menos en parte) algo bueno. Cualquier política que me impida hacer lo que quiero empaña mi felicidad.

P. Las drogas conducen a la adicción. Empañan la felicidad de las personas.

R. La adicción no es el problema. Muchas personas son adictas a la cafeína y a nadie le preocupa. Muchas personas son adictas a los deportes, la cerveza o la comida. Al Estado tampoco le molesta eso.

P. ¿El Estado debería tratar los deportes y la cocaína de la misma forma?

R. Los efectos de la cocaína se describen de un modo tremendamente exagerado. Hay banqueros de Wall Street que esnifan cocaína; tienen ingresos altos, acceso a un buen sistema sanitario, están casados y tienen una situación vital estable. Muchos de ellos dejan de tomar cocaína posteriormente. Me da la impresión de que estas personas disfrutan consumiéndola. Luego están las personas que fuman crack y llevan vidas que son muy diferentes de las de los agentes de Bolsa; son personas con pocos ingresos, sin trabajo y con mala salud. Muchas de estas personas tienen un final lamentable. Pero la cocaína no es la culpable de eso. La culpa es de las pésimas vidas que llevan esas personas.

P. ¿Intenta decir que el crack no es nocivo?

R. ¿Es posible consumir crack durante mucho tiempo y luego dejarlo? Desde luego, y hay datos que lo respaldan. Los lobbies prohibicionistas exageran considerablemente para lograr sus objetivos. Las drogas son mucho menos peligrosas de lo que la gente piensa. No está claro que consumir marihuana o cocaína tenga efectos negativos importantes si el producto es asequible, si no tenemos que arriesgar la vida para conseguirlo y si el producto no ha sido diluido en secreto con matarratas.

P. ¿Pretende afirmar que no es peligroso inyectarse heroína?

R. La inyección está tan extendida porque, con la prohibición, la heroína es cara y la inyección hace que quienes la usan se coloquen por menos dinero. Si las drogas fuesen mucho menos caras, la mayoría de las personas probablemente fumarían heroína en vez de inyectársela.

P. Una vez más: ¿piensa que sería positivo que la legalización condujese a un aumento del consumo de drogas?

R. Si creen ustedes en todo eso en lo que los estadounidenses afirman creer – libertad, individualidad, responsabilidad personal —, tienen que legalizar las drogas. La máxima debería ser que a cada cual se le permita hacer lo que quiera mientras no perjudique a nadie más. Se da por supuesto que uno hace daño a alguien cuando consume drogas, pero los datos científicos no respaldan esta hipótesis.

P. La cocaína hace que la gente se vuelva agresiva.

R. Las pruebas científicas de eso son muy débiles. La mayoría de las pruebas que indican una relación entre la violencia y las drogas se refieren al alcohol. ¿Significa eso que debería prohibirse el alcohol? De hecho, la legalización de todas las drogas reduciría drásticamente la cantidad de violencia que hay en Estados Unidos.

P. ¿Cómo?

R. La prohibición conduce a la violencia. Al hacer que el mercado negro sea inevitable, se genera violencia porque los conflictos entre las partes implicadas en el tráfico de drogas no pueden resolverse por medios legales dentro del sistema judicial. Se ven obligadas a vivir en un mundo de penumbra en el que tienen que matarse unas a otras en vez de contratar a abogados y llevar los problemas a los tribunales.

P. ¿Entonces el Estado debería permitir que los cárteles siguieran adelante con lo suyo sin más?

R. Hay estudios que demuestran que el nivel de violencia ser reduce cuando el Estado deja de intervenir en el tráfico de drogas, debido a que se producen menos disputas entre los narcotraficantes. Las últimas pruebas provenientes de México lo confirman. Por supuesto, la violencia relacionada con las drogas hace mucho que existe. Pero no hubo un aumento repentino y una escalada de la violencia hasta que el presidente, Felipe Calderón, declaró la gran guerra contra las drogas en 2006. Hemos calculado que la tasa de asesinatos en Estados Unidos podría disminuir cerca de un 25 % si las drogas fuesen legales.

P. ¿De qué modo variarían los precios de las drogas como consecuencia de la legalización?

R. Los precios de la marihuana apenas variarían. Si comparamos los precios del mercado negro con los precios de aquellos lugares en los que la marihuana es prácticamente legal hoy, por ejemplo Holanda, son muy similares. Los precios que se pagan por la cocaína podrían bajar considerablemente.

P. Entonces todo el país esnifaría cocaína.

R. El consumo de las drogas más inocuas probablemente aumentaría. Y habría un número mayor de personas que ocasionalmente consumirían alguna droga. Pero cuando el whisky de malta sin mezclar volvió a ser legal después de que terminase la prohibición del alcohol en Estados Unidos, el país entero no se volvió adicto al whisky.

P. Como democracia, ¿no tenemos la obligación de proteger a las personas de sí mismas?

R. Creo que las personas que se hacen daño a sí mismas con las drogas lo seguirán haciendo, independientemente de que sean legales o no.

P. ¿No tenemos una obligación moral?

R. Si un amigo suyo hace alguna estupidez, ¿cree que el hecho de intervenir mejoraría o empeoraría la situación? Puede que meter a su amigo en la cárcel y obligarle a someterse a terapia no sea la mejor solución. Quizás sea mejor hablarle de manera tranquila y serena.

P. ¿Hablar es la solución para el problema de las drogas?

R. Desde luego, la prohibición no es la solución.

P. ¿Por qué están prohibidas las drogas entonces?

R. Las personas ingenuas creen que si algo es ilegal, la gente ya no lo hará. Está claro que eso no es cierto. Otros piensan que si lo ilegalizamos, el precio subirá y habrá menos personas que consuman la droga. Pero para algunos el precio no es un factor.

P. ¿Cómo sería un mundo en el que las drogas fuesen legales?

R. Como Portugal. Allí, hace varios años que el consumo es legal y apenas ha habido variaciones en la magnitud del uso de drogas. La legalización no haría que aumentara en gran medida la tasa de consumo. Y si la gente empezase a fumar marihuana, tampoco pasaría nada. Es asunto suyo.

P. ¿En serio quiere que las drogas se vendan en los supermercados?

R. Sí.

P. ¿La prescripción de drogas sería una posibilidad?

R. Una ley de prescripción muy laxa como la de California no hace ningún daño, porque cualquiera consigue una receta. Pero siendo así, ¿qué ventaja tiene? Si existe una ley de prescripción muy estricta, volverá a surgir un mercado negro.

P. ¿Qué pasaría con el mercado negro si se legalizasen las drogas?

R. Uno tendría elección. Podría comprar la cocaína en un supermercado o comprársela a un misterioso traficante mexicano en una esquina que podría matarle. Eso terminaría con el mercado negro.

P. ¿Qué pasaría con los cárteles de la droga?

R. Si las drogas se legalizasen, muchos de los cárteles de México intentarían aprovechar su experiencia creando una empresa legal de inmediato. Querrían ser los primeros y tendrían buenos productos y una buena red de distribución. Sigue sin estar nada claro que los cárteles de la droga quieran la legalización. El Chapo Guzmán, el jefe de cártel más poderoso del mundo, tiene una ventaja innata porque es un criminal muy experimentado; por eso es tan rico. Si ya no hubiese un mercado negro de drogas, Guzmán perdería su ventaja.

P. ¿Deberían gravarse las drogas?

R. Un impuesto elevado es una mala idea porque haría aumentar los incentivos para volver a crear un mercado negro.

P. ¿Por qué nadie está poniendo en práctica sus propuestas?

R. Muchos miles de personas que ocupan cargos públicos se quedarían sin trabajo como consecuencia de la legalización. Los centros de rehabilitación perderían muchos clientes porque muchas de las personas que acuden a ellos lo hacen obligadas por el sistema judicial. Las personas que construyen cárceles también tienen interés en que haya un gran número de presos. Además de eso, a la Iglesia no le gustan las drogas y en Estados Unidos la Iglesia es poderosa.

P. ¿Usted consume drogas?

R. No. Fumé algo de hierba cuando era estudiante, pero eso fue todo. Pero si mañana se legalizasen las drogas, saldría y las probaría todas. Dudo que las consumiese más de una vez; pero después de todo lo que he investigado sobre este asunto, siento curiosidad.

Fuente: http://www.narom.org/Las%20drogas%20no%20son%20perjudiciales.html

¿De donde sale realmente Podemos? Aquí tenéis, los candidatos al consejo de Podemos Barcelona y sus motivaciones

Es la primera vez en mi vida que veo el vivero de un grupo político, entre otras cosas porque pocos han salido igual que Podemos. Esto si es democrático, y no cuando nos meten a un Zapatero que a saber quién y cómo le han votado, o simplemente propuesto.

Y para algunos amigos que no confian en que Podemos haya salido desde abajo y no de arriba, como todos los demás partidos, les diría que vean esto, es en la Sala La Tricotilla que les cedimos encantadísimos para el evento.

 

El PP pretende multar con 30.000 euros a los que ayuden a sus vecinos desahuciados

El Gobierno prepara multas de hasta 30.000 euros para los que paralicen un desahucio

  • Interior castigará así un acto de desobediencia que los jueces se han negado a sancionar con el Código Penal
  • La nueva Ley de Seguridad permitirá multar con hasta 1.000 euros la participación pacífica en un “escrache”

 El Gobierno pretende imponer multas de hasta 30.000 euros a quien participe en la paralización de un desahucio. Esta es una de las nuevas formas de protesta ciudadana que pasará a estar tipificada en la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, siempre que los trámites pendientes antes de su aprobación no lo impidan.

El borrador que presenta este viernes Jorge Fernández Díaz en el Consejo de Ministros considera falta grave los “actos de obstrucción” a un funcionario o autoridad en la ejecución de una resolución judicial o administrativa. Fuentes de Interior confirman que en este supuesto se incluye la resistencia a que una comisión del juzgado ejecute un desahucio con ayuda de las Fuerzas de Seguridad.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) cifra en 825 los desahucios paralizados hasta ahora. A partir del próximo verano, fecha a partir de la cual podría estar en vigor la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, todos aquellos que sigan participando en esas acciones de desobediencia civil podrán ser sancionados con multas de entre 1.001 y 30.000 euros.

Las mismas fuentes insisten que la nueva ley castigará aquellas conductas que no revisten la gravedad de delito, para las que está reservado el Código Penal. Se da la circunstancia de que el artículo 544 del Código Penal ya castiga a aquellos que “se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”.

Sin embargo, fuentes de la PAH aseguran que los jueces se han resistido hasta ahora a aplicar este artículo y que a lo que deben enfrentarse los activistas es a las denuncias de los policías por supuestos atentados a la autoridad o resistencia.

Interior ha evitado incluir los “escraches” como infracción tipificada. Las citadas fuentes del Ministerio aseguran que las infracciones que pueden cometer los participantes en una de estas acciones están dispersadas en distintos artículos del hasta ahora borrador de la ley. Entre ellas, participar en protestas que no han sido comunicadas a la Delegación del Gobierno, lo que constituye una falta leve, castigada con multas de entre 100 y 1.000 euros. Si durante la misma, la Policía considera que alguien ha alterado la seguridad ciudadana, la multa podría ir de 1.001 a 30.000 euros.

Además, la nueva Ley facultará a la Policía para que ubique un cordón de seguridad donde y cuando considere necesario. Esta prerrogativa hará en la práctica que los participantes en el “escrache” no puedan acercarse al objetivo de su protesta.

Protestas ecologistas

Según las explicaciones ofrecidas el viernes por el departamento de Fernández Díaz, algunas protestas ecologistas escaparán, en principio, a las sanciones muy graves. En este apartado, castigado con hasta 600.000 euros de multa, entran las protestas que afecten a “infraestructuras críticas” que describe la Ley 8/2011, pero “siempre que lleven aparejado un riesgo para las personas o un perjuicio para su funcionamiento”.

Será, por contra, una infracción grave, escalar un edificio de un organismo o institución pública sin permiso. Las infracciones graves se castigarán con multas de hasta 30.000. Por tanto, sobrevolar una central nuclear con una avioneta que muestre una pancarta no debería ser una falta muy grave porque no parece que ponga en peligro a las personas que allí trabajan o a la propia instalación. De otro lado, el despliegue de la última pancarta de Greenpeace en el Congreso de los Diputados sí supone una falta grave. La Audiencia Nacional archivó el caso por la citada acción.

Un portavoz del Ministerio aseguró este viernes que la “casuística” resolverá las posibles ambigüedades del texto, es decir, se dejará a la consideración de la Policía, responsable último de la infracción al tratarse de una infracción administrativa. El recurso a los tribunales de lo contencioso-administrativo es objeto de las tasas impuestas en la última reforma del Ministerio de Justicia.

Bob Dylan… ¡anunciando bancos!… ¿álguien se creyó que fué algún día un activista social?

¿Por qué nunca ha denunciado injusticias tales como el 11/S, las guerras provocadas, la violencia policial?

Aquí su nuevo anuncio en en banco ING Direct:

 

Y aqui diciendo, él mismo, como vendió su alma al diablo para tener éxito y fama:

Blanco y en botella.

Fuente: http://musicosporlaconsciencia.wordpress.com/2014/04/19/bob-dylan-anunciando-bancos-alguien-se-creyo-que-fue-algun-dia-un-activista-social/

ESPAÑA: donde se premia el ser MEDIOCRE

 

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Sucede en todos los países del mundo.

Desde hace siglos, quizás desde siempre.

Se trata de un mal que se ha extendido como una infección y que aqueja a todas las sociedades: el mundo está gobernado por los “peores”.

Las personas con menos escrúpulos y menor empatía hacia los demás acostumbran a alzarse con los puestos de poder.

No se trata de una oscura conspiración: sigue las mecánicas lógicas de funcionamiento del propio Sistema, basado en la más desenfrenada competitividad y en el darwinismo social.

Solo los que compiten mejor, es decir, los que albergan menos barreras morales y emocionales a la hora de actuar en su propio beneficio alcanzan los puestos dirigentes.

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Es algo que sucede constante e invariablemente en las grandes estructuras jerarquizadas, como por ejemplo las corporaciones transnacionales y sobretodo, en los partidos políticos, máximo exponente de estas mecánicas de ascenso social.

Es así, no seamos ingenuos: el mayor capital de un político no radica en su capacidad de gestión ni en la pureza de su ideología, sino en su habilidad a la hora de conspirar, crear alianzas, corromper y llegado el caso, traicionar a quien sea necesario con el fin de alcanzar el poder.

Éste es el lado oscuro del talento político.

Pero evidentemente, estas habilidades “oscuras”, deben venir acompañadas de un alto nivel de formación, don de gentes, carisma, capacidad oratoria e interpretativa y un perfecto dominio de la escena mediática, competencias todas ellas indispensables a la hora de embaucar a las masas y a la hora de dignificar la imagen del partido político al que representan y a los votantes que depositan su confianza sobre ellos.

Estas son las habilidades que representan el lado brillante del talento político.

Así pues y resumiendo, un político actual debe estar dotado de ambos tipos de talento si quiere convertirse en un gran líder.

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Así sucede en casi todos los países del mundo.

Excepto en un pequeño rincón, un territorio mágico de cuento y ensueño, una tierra  legendaria en la cual solo hace falta el talento oscuro a la hora de gobernar.

Y no solo eso, en este lugar “maravilloso”, con sus propias reglas de funcionamiento, el mediocre, el estulto, el ridículo y el incapacitado parte con ventaja en su carrera hacia el poder.

A estas alturas ya lo habréis adivinado: ese lugar se llama ESPAÑA.

Solo hace falta mirar a sus gobernantes a lo largo de los últimos 100 años.

Es difícil encontrar una colección de personajes más mediocres e incapacitados que los que han gobernado nuestro país en los últimos decenios.

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Líderes sin carisma, sin estudios de nivel, ni talentos destacables; incapaces de hablar otro idioma que no sea el castellano sin correr el riesgo de caer en el más lamentable de los ridículos; politicuchos del tres al cuarto con una oratoria vulgar y que apenas dominan los rudimentos más básicos del que debería ser su oficio; personajillos lamentables que no saben ser ni estar y que no merecen ni la más breve reseña en los libros de historia.

En cualquier otro país la suya seria una existencia anodina y gris, imperceptible para el devenir del país, engullidos por la marea humana y disuelta su nula personalidad en el ácido de las masas.

Pero sin embargo, en España, llegan a presidentes del gobierno.

Y algunos de ellos, incluso después de haber mostrado innegables síntomas de enfermedad mental, llegan a ser reelegidos.

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Y no es algo que se circunscriba a las últimas décadas.

Ahí está el indignante ejemplo del dictador Francisco Franco que llegó a gobernar durante 40 años.

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Es difícil hallar a un sujeto más incapacitado en todos los aspectos de la vida de un hombre, a un personaje más ridículo y deforme: con su voz aflautada, sus poses amaneradas, su nula marcialidad y su supina ignorancia, llevada al extremo.

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Compararlo con otros líderes contemporáneos a él resulta incluso grotesco, más allá de las ideologías políticas que éstos profesaran y de las atrocidades que cometieran: Roosevelt, Churchill, Mussolini, Stalin o Hitler, personajes todos ellos de primera línea, con auténtico magnetismo, carisma y talento, incluso para ejercer el mal absoluto.

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Y este contraste entre la insultante mediocridad de los líderes españoles y el carisma y capacidad de los líderes de los demás países se repite incesantemente, una y otra vez, sin apenas excepciones significativas.

Ahí tenemos el ejemplo vivo del actual presidente español, un hombrecillo acomplejado, estólido y sin personalidad que se oculta tras pantallas de plasma, con el fin de no evidenciar su incapacidad intelectual ante la posible pregunta incómoda de un periodista.

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Y en contraste con él, François Hollande, el Presidente de la República Francesa, quizás el líder francés menos carismático y capacitado de las últimas décadas y que sin embargo afronta las más largas e incómodas ruedas de prensa, en vivo y en directo, demostrando con ello el dominio de las nociones más básicas de su oficio como político.

Hollande rueda prensa

¿Qué sucede pues en España?

¿Qué extraños mecanismos llevan al poder a los mediocres y a los necios?

¿Es algo casual, se trata de una gran conspiración o es el reflejo de la degeneración psicológica de toda una sociedad?

No hace falta ser demasiado observador para ver que se trata de la tercera opción.

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La recompensa del mediocre

Por alguna razón, digna de un análisis profundo, la sociedad española tiende, por naturaleza, a premiar al bruto, al cretino, al zafio y ante todo, al que hace bandera yexhibición de la más absoluta ignorancia.

Debe ser la única sociedad del mundo occidental que recompensa y celebra la estulticia ajena y la eleva a la categoría de virtud o gracia nacional.

Las televisiones están repletas de lamentables ejemplos de ello: es difícil encontrar en otro país tal cantidad de “frikis”, majaderos, sinvergüenzas, timadores de baja estofa y botarates ganándose generosamente la vida gracias a su deformidad psicológica.

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Pero esta celebración de la ignorancia y la incapacidad no se circunscribe a los “frikis” televisivos.

Las constantes e innumerables muestras de incompetencia de dirigentes y mandatarios, lejos de provocar oleadas de indignación que deriven en ceses de sus cargos, acaban convirtiéndose en motivo para el chascarrillo y la bromita fácil.

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Entra aquí en funcionamiento el subterfugio del “sentido del humor español”, como excusa perfecta para justificar la inacción.

Toda indignación deriva así en risitas bajo el ostentoso lema de que “sabemos reírnos de nosotros mismos”, hasta el punto de convertir la lógica rabia inicial hacia el estafador en un entrañable sentimiento de proximidad y comprensión hacia él.

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Es decir, a base de humor y chistes, en España se acaba premiando al incapacitado e incluso se hace gala de ello, como si fuera motivo de orgullo nacional.

Y llegados aquí, la pregunta que todos deberíamos hacernos es:

¿POR QUÉ EN ESPAÑA SE PREMIA LA MEDIOCRIDAD Y LA ESTUPIDEZ?

Y la respuesta no puede ser más desalentadora: se debe a que gran cantidad de españoles padecen un grave problema de indignidad personal, cuyas raíces son culturales.

Nos explicamos.

La identidad de cualquier persona se conforma en base a una serie de factores tanto personales como externos.

Los personales, proceden de las propias características innatas y de las vivencias interiores de cada uno.

Los externos proceden de nuestro entorno familiar, social y cultural.

Podríamos decir que, a grandes rasgos, todos tenemos una parte de nuestra personalidad propia e individual y otra parte procedente del influjo cultural y étnico en el que hemos crecido.

Esto es lo que, por ejemplo, “diferencia a un Alemán de un Español” y da pie a todo tipo de tópicos identitarios, que a pesar de ser tremendamente inexactos e injustos en la mayoría de los casos, innegablemente reflejan ciertas tendencias que acaban moldeando la conducta de los individuos de cada lugar.

Es lo que podríamos calificar como nuestro “ADN cultural”.

Y por lo visto, el “ADN cultural” español lleva incorporada la promoción de la indignidad personal y el envilecimiento voluntario.

Dicho en otras palabras, el español tiende a rebajarse como individuo, hasta tener una visión deformada de sí mismo y de los demás.

Una cuestión de esfuerzo

Sean cuales sean las raíces culturales concretas del problema y sus orígenes, la gran diferencia entre vivir teniendo dignidad y vivir sin tenerla, radica en el esfuerzo que el individuo debe dedicar a su propia construcción personal.

esfuerzo mantener dignidad

Tener dignidad y decencia implica una lucha vital constante, pues el individuo digno debe esforzarse para estar a la altura de la visión que tiene de sí mismo y eso significa no dejarse pisotear por nada ni por nadie y defender sus derechos individuales contra viento y marea, cada segundo de su existencia y hasta el fin de sus días.

La dignidad y la decencia son contratos que uno hace consigo mismo con el fin de elevarse como ser humano y exigen las más altas cotas de autoexigencia y responsabilidad ante el juez más implacable de todos: la propia conciencia.

Por esta razón, y aunque parezca increíble, no tener dignidad personal resulta mucho más cómodo y confortable a la hora de vivir, pues aceptar la propia bajeza como algo natural, inherente e inevitable, implica no tener que esforzarse en absoluto ante uno mismo.

Éste es el resorte clave sobre el que se asienta todo este perverso mecanismo mental, que por razones culturales, infecta la mente de demasiados españoles.

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Consecuencias a escala social

Evidentemente, cuando alguien cae en estas mecánicas de funcionamiento a escala psicológica profunda, lo último que quiere ver ante sí es a alguien con dignidad, luchando por mantenerla en alto, pues pone de relieve su propia vileza.

Así es como, gran cantidad de españoles, aquejados como están por este mal, tienden a celebrar la vulgaridad, la zafiedad y la idiotez de los más variopintos personajes, pues en el fondo se identifican con ellos, y al premiarlos por sus actitudes, de alguna manera recompensan con ello su propia bajeza y alivian así el resquemor que les produce su propia indignidad.

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Y así, siguiendo estas dinámicas de identificación y reflejo en el indecente, en el obtuso, en el ignorante y en el que no se autoexige, en España acaban alcanzando el poder los personajes mas mediocres y torpes, rebajando con ello la dignidad del propio país como tal y reforzando y retroalimentando el propio envilecimiento voluntario de sus habitantes.

Se trata pues, de un mecanismo psicológico de raíz cultural, instalado en la mente de muchos ciudadanos españoles que, en base a lógicas bien simples, consigue deformar la conducta de toda una sociedad.

Así nace el deporte nacional

Pero aquí no terminan los desgraciados efectos que provoca esta terrible tara cultural.

Las consecuencias son aún mucho peores.

Pues no solo se premia la estupidez y la exhibición impúdica de la ignorancia.

Lo peor es que se genera una tendencia que castiga al digno, al decente, al capacitado, al inteligente y al talentoso.

Y lo hace a través del llamado “deporte nacional español”: la envidia.

envidia

Pero no se trata de la envidia relacionada con las posesiones materiales o físicas de las demás personas, sino de la auténtica envidia, la envidia profunda, la que tiene que ver con la esencia humana de los demás.

No es la envidia a “lo que tienen” los otros, sino a “lo que son”.

Y este tipo de envidia profunda, tan honda que es casi a “nivel espiritual”, solo puede nacer de alguien con un ínfimo nivel de dignidad personal y conciencia de sí mismo, tan incapaz de aceptar sus propios defectos, que intenta eliminar las virtudes de las personas que ponen de relieve su propia bajeza.

Y la sociedad española está especialmente aquejada por este mal.

La adoración al déspota

Pero se produce aún un efecto colateral adicional, que solo sirve para empeorar aún más las mecánicas sociales del país.

Y es que en su afán por mantenerse vivo, el sentimiento de indignidad eleva a los altares al orgulloso y al prepotente, es decir, al que aquejado por el mismo mal de la indignidad personal, necesita humillar a los demás con el fin de elevarse a sí mismo.

La sociedad española tiende por naturaleza a respetar y admirar este tipo de actitudes.

Ahí tenemos varios ejemplos mediáticos, aunque anecdóticos: los Mourinhos, los Ristos Mejides o los Chicotes, todos ellos con una característica en común: la más descarnada falta de respeto, que la masa indigna califica hipócritamente como “sinceridad sin tapujos”.

despotas mediaticos 2¿Habrían alcanzado tales niveles de popularidad mediática estos personajillos si trataran con consideración y cortesía a las demás personas?

Seguro que no.

El desprecio y el desdén que exhiben son la garantía de su éxito, pues sus invectivas hacia los demás son el reflejo del castigo y el desprecio que los propios indignos anhelan recibir en sí mismos.

Es un puro acto de sadomasoquismo y rendición servil a la autoridad despótica, al “líder fuerte que castiga”.

La base de todo fascismo.

Tras ello se oculta, de nuevo, ese mecanismo necesario de retroalimentación, propio del sentimiento de indignidad: nada mejor para rebajarse a uno mismo que ser menospreciado y vilipendiado sin piedad por alguien tan indecente que necesite hacerlo con el objetivo de sentirse superior y ocultar su propia vileza.

El indigno, así, se ve reflejado e identificado no solo con la víctima del menosprecio, sino con el ejecutor del abuso.

Una doble forma de reforzar el mecanismo psicológico.

La verdad es que duele aceptarlo.

Pero estas dinámicas profundas a escala psicológica son las que hacen de España el país que es en la actualidad y no el que podría haber sido.

Las pruebas están ahí y así lo estamos pagando todos.

Muchos autodenominados “patriotas” se llenan la boca de Españas, constituciones, himnos, toritos, banderitas, coronas y otras payasadas de tienda de souvenirs.

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Quizás el primer paso que debería dar un “patriota” de verdad es recuperar su dignidad personal como individuo, no a través de la pose orgullosa, rancia y cerril tan propia de éstas tierras, sino recuperando la conciencia de lo que uno mismo es en esencia, como persona.

¿Qué “patria” surgiría en una sociedad formada por individuos así?

Seguro que no sería una gobernada por mediocres.

GAZZETTA DEL APOCALIPSIS

Fuente: http://gazzettadelapocalipsis.com/2014/02/19/el-paraiso-de-los-mediocres/