Madrid prohíbe al personal sanitario y a los docentes hablar con los medios de comunicación

La Comunidad exige que los profesionales “nunca actúen por su cuenta” y que siempre exista una autorización previa de la Dirección del Centro

Un grupo de enfermeras se manifiesta en el exterior del hospital La Paz en Madrid.

La Comunidad de Madrid ha prohibido al personal sanitario y a los docentes o directores de centros públicos hablar con los medios de comunicación. A los primeros les ha llegado un comunicado interno difundido por el Gobierno regional de Isabel Díaz Ayuso, en donde se les insta a que “nunca actúen por su cuenta” y a que siempre exista una autorización previa de la Dirección del Centro cuando se dé una solicitud de entrevista o reportaje por parte de un periodista. Y será esta dirección la que designe qué profesionales “puedan representar a la institución en las mejores condiciones”. Con los segundos han utilizado otra táctica: el de los toques de atención telefónicos en cuanto han hablado con la prensa sin su consentimiento. Es más, el jefe de prensa de la Consejería de Educación le instó a este periódico a través de un Whatsapp a preguntar a la administración siempre que quisiera hablar con un director. “Te rogamos que utilices los cauces habituales, que ya conoces por otro lado”, escribió, tras recriminar que se intentara hablar directamente con una directora, para añadir después el correo de prensa de la Consejería de Educación.

El protocolo que han recibido los sanitarios, creado ya en 2003, ha vuelto a salir tras las declaraciones de un médico del Hospital de Fuenlabrada hace unos días en la Cadena Ser. Y, cada vez con más frecuencia, el personal del sistema madrileño de salud se encuentra con trabas a la hora de hablar con los medios de comunicación y, en algunos casos, con advertencias más o menos serias desde las gerencias

https://elpais.com/espana/madrid/2020-09-28/madrid-prohibe-al-personal-sanitario-y-a-los-docentes-hablar-con-los-medios-de-comunicacion.html

2 comentarios en “Madrid prohíbe al personal sanitario y a los docentes hablar con los medios de comunicación

  1. fiscal

    Después de 200 días de la cuarentena dispuesta por el gobierno de Alberto Fernández, aconsejada y avalada tanto por la OMS como por el “Comité de Expertos” y tras haberse burlado de la gestión epidémica en Suecia y ningunear la de la vecina Uruguay (países en los que la epidemia está siendo controlada y la vida de la sociedad ha regresado a la “antigua” normalidad) la política sanitaria de este gobierno se encuentra en el fondo del precipicio y ahora apuesta, de manera absolutamente irresponsable, a una milagrosa vacuna para contener la propagación de la enfermedad, la de Sygman-AstraZeneca, que ha sido cuestionada por innumerables epidemiólogos.

    Las cifras de infectados diarios y de muertes no han dejado de crecer y de extenderse por todo el país, aun en aquellos sitios en los que la cuarentena ha adquirido ribetes de ciencia ficción, con calles bloqueadas con terraplenes, fronteras municipales, aduanas provinciales y estados de sitio locales. El desmanejo de las estadísticas y cifras oficiales y la manipulación de datos también dan cuenta de una situación que está fuera de control, con un gobierno que ha perdido el rumbo sanitario y no encuentra salida al laberinto que el mismo creo.

    El 18 de marzo, en una acto tan solemne como grandilocuente, Alberto Fernández proclamó al pueblo argentino que su misión era cuidar la salud de la población y que, ante la disyuntiva de salud vs economía, el elegía la vida, porque la economía siempre podía recuperarse, pero la vida no. Y que por eso imponía una dura cuarentena a toda la sociedad y paralizaba la economía.

    En ese momento, en nuestro país había 97 contagiados y 3 fallecidos y el territorio al que, según Gines, el virus no llegaría, se veía, de pronto, confinado a una dura prisión domiciliaria y al cese de toda actividad ante el imprevisto arribo del agente del apocalipsis.

    “Bajo el pretexto de proteger la vida se la ha suspendido!”

    Seis meses después, Argentina en cuarentena se halla entre los cinco países con mayor cantidad de contagios y, quincena tras quincena, el libreto oficial ha sido el mismo: más cuarentena, más restricciones, más prohibiciones. Únicamente un “iluso” puede suponer que repetir siempre la misma solución puede dar lugar a resultados distintos. Y el resultado de la política sanitaria oficial ha sido, invariablemente el mismo: un crecimiento sostenido de los contagios y las muertes.

    Apenas hace 15 días, la cifra de infectados era de 614.000 argentinos y los muertos superaban los doce mil. Ese día, 18 de septiembre, una anónima locutora anunciaba que la cuarentena se extendería sin variaciones hasta el 11 de octubre. Bien, en estos apenas 17 días que han pasado los infectados treparon a casi 800.000 y los muertos ascienden a 21.000.

    Tan grande es la bancarrota sanitaria oficial que Alberto Fernández, tan adicto a los micrófonos, ha dejado de aparecer y sus consejos profesorales tan paternales como autoritarios, el boletín pandémico de los viernes y sus filminas, han pasado al olvido. Ni siquiera los “ilustres” consejeros científicos –el “Club del Dr. Khan”-, que hasta hace unas semanas se pelaban por los micrófonos, dan prueba de vida. A nadie se le ocurre que tanto ellos como los ministros de Salud y el propio gobierno deben responder ante la ciudadanía y la justicia por el resultado de las nefastas políticas aplicadas.

    La cuarentena argentina, la más larga e ineficaz del mundo, ha fracasado rotundamente en contener la epidemia pero ha sido un éxito contundente en destruir la economía y el tejido social del país y en propagar un creciente autoritarismo estatal

    Los datos divulgados por el INDEC a fines del mes pasado son elocuentes: casi 19 millones de argentinos son pobres (41% de la población); mas de 10 millones son indigentes; el 52 % de los pibes menores de 14 años son pobres; 3.600.000 trabajadores han perdido su empleo, changa o trabajo informal desde el fatídico 18 de marzo y la desocupación supera el 13 %. Como no podía ser de otra manera, el PBI cayo, en el trimestre abril-mayo-junio, casi un 20%. Y sigue cayendo…

    Por otra parte, millones de niños y jóvenes fueron alejados de sus colegios y hasta de sus amistades y actividades recreativas y sumergidos en una campaña de terror. Millones de argentinos, mayoritariamente los ancianos, llevan meses encerrados, aterrorizados por la campaña oficial, recluidos y alejados de sus familias con contactos cercanos prohibidos por decreto y perseguidos por las fuerzas del orden y la justicia federal. Las rutas siguen bloqueadas, los transportes públicos no existen y la atención médica por fuera del covid está interdicta.

    Este es el saldo indiscutible de la cuarentena más larga e ineficaz de la historia. Una cuarentena que ya no existe, según Fernández, pero que acumula casi 50.000 ciudadanos judicialmente imputados y a varios condenados por violarla a penas de multas, tareas comunitarias y hasta prisión (incluso uno en Santiago del Estero a tres años de prisión!!) y que mantiene paralizado y aislado a todo el país. Los derechos y garantías constitucionales de todo tipo han pasado a cuarteles de invierno y, sin que mediara la formal declaración de estado de sitio, todo el país ha pasado a “vivir” bajo un auténtico estado de excepción “justificado” por razones sanitarias y que ha empoderado a cuanto enano fascista existe en el aparato estatal. ¿Nadie asumirá la responsabilidad por este desastre económico y sanitario?

    “La peste atraviesa la ley como lo hace con los cuerpos y trae consigo el sueño de los políticos de un poder sin obstáculos”.
    Así anticipaba Michel Foucault, hace 40 años, estas nuevas normalidades escudadas en lo sanitario. Un poco más acá, Giorgio Agamben ha denunciado estas política como un avance hacia “el más eficaz aparato de control social que hayamos conocido, en el que las personas acceden a renunciar a libertades que ni siquiera en dictaduras o épocas de guerra habían sido conculcadas…bajo el pretexto de proteger la vida se la ha suspendido”.

    Pero ese poder sin límites está terminando, como era previsible, en un desastre sanitario, una debacle económica sin precedentes ni justificativos y en la bancarrota política del gobierno. El país debe darse un debate urgente sobre los resultados de estas políticas nefastas, sus responsables deben ser juzgados y las políticas sanitarias para enfrentar la enfermedad deben debatirse públicamente y con la participación de todos los destacados científicos epidemiólogos que hay en el país, comenzando con los del CONICET y no solo con los integrantes del “Club del Khan”, estrechamente vinculados a los intereses de los grandes laboratorios vacunadores y de la cuestionada OMS. La cuarentena, sus decretos y demás disposiciones debe ser derogados de inmediato, antes de que sigan ocasionando más daños irreparables a la salud y a la economía y debemos adoptar todas las medidas de prevención y cuidados para convivir con el virus, comenzando con una notable reasignación de fondos al sistema y el personal de salud. Simultáneamente, el gobierno debe arbitrar los medios para que tratamientos que son comprobadamente eficaces en la lucha contra el virus sean distribuidos masivamente (aunque no sean el negocio de los amigos laboratoristas del gobierno). El ibuprofeno inhalable ha sido testeado y habilitado en Córdoba y otras cuatro provincias, es eficaz, no requiere internación y es sumamente económico. Pero la ANMAT no lo aprueba. El remdesivir, el interferon, la zitromicina y toda una serie de otras drogas han probado su utilidad, pero el gobierno y sus medios prefieren silenciarlas y apostar a la vacuna mágica, la de Sygman-AstraZeneca.

    Ante su incapacidad para contener la enfermedad, el gobierno se ha entregado de pies y manos a los vacunólogos, los laboratorios y las soluciones mágicas. Y, empujado por sus urgencias y desesperación y por la violenta caída en las encuestas a pocos meses de las elecciones, lo hace dejando de lado cualquier precaución sobre el tema, con la misma ciega obediencia con la que siguió, antes, a los ilustres expertos y la OMS y que lo arrastraron a la actual situación.

    Y que nos conduce, invariablemente a un nuevo desastre de dimensiones insospechadas…

    RUBÉN SABOULARD, ANALÍA CASAFU, ÁNGELA MORIN

    COMISIÓN DE COORDINACIÓN DE LAS ASAMBLEAS DEL PUEBLO

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