Santiago Carrillo: otra vuelta a la “tuerka”

Si hubiese sido inglés, la Corona habría nombrado Lord a Santiago Carrillo (Oviedo, 1915), seguramente en la misma ceremonia que Fraga Iribarne, por cierto, ambos grandes protagonistas de “Últimos testigos: Fraga Iribarne – Carrillo, comunista” (1) es una obra cinematográfica formada por dos documentales diferentes basados en un mismo concepto, realizados sobre y con la participación de los que los autores señalan como los dos líderes políticos más significativos de la segunda mitad del siglo XX: Manuel Fraga y Santiago Carrillo. Estas presuntas “vidas paralelas” sin embargo, pierden cualquier similitud a finales de los años sesenta, tiempo en el que Fraga culmina su proyecto de reconstruir el partido conservador de Canovas del Castillo que se alterna con el partido liberal de Maura, lugar que ocupará el PSOE en un diseño bipartidista y social casi perfecto. En este diseño, el PCE pasa de ser “el Partido” a rozar la marginalidad, y a la clase obrera se le asigna un lugar en el servicio, en franco retroceso, con una capacidad de respuesta incluso inferior al que lo pudo tocar en aquellos lejanos tiempos en los que Rey no gobernaba pero mandaba… Desde este lugar en el reparto, Carrillo cuenta al menos con el respeto de la élite política agradecida, y se le permite figurar como el “comunista” en entrevistas que ya no son como lo las que escenificaron en los años setenta, cuando desde TVE se planificaron diversos encuentros que, en realidad, resultaron ser juicios en los que Carrillo tuvo una y otra vez que justificar su oscuro pasado estaliniano respondiendo a las preguntas (de comisarios del orden establecido como Bernard Henri-Levy, Fernando Arrabal), etc. Ahora Carrillo es muy libre de seleccionar sus entrevistas, no le abre la puerta a cualquier historiador, y cuando va a una entrevista esta claro que no tendrá enfrente a nadie que le apriete las turcas. Eso está claro en la parte de “Últimos testigos”, como lo está en la entrevista que le hace Pablo Iglesias Turrión en el programa de “La Tuerka”.
De esta manera, sin debate posible, Carrillo puede hablar como un testigo privilegiado, como un anciano de salud envidiable y dictaminar las cosas a su gusto al tiempo que la cronología sufre curiosos saltos. Él sabe lo que tiene que decir, no le faltan lo que se dice tablas, nunca ha tenido problemas de desparpajos, y baste como muestra la anécdota que cuenta Pelai Pagès, reconocido como historiador de la revolución española, del POUM y biógrafo de Andreu Nin (2). Hace unos cuantos años, Pelai se vio obligado a cenar con Carrillo como parte de las funciones de un Foro sobre la Transición organizado por la revista valenciana por Eliseu Climent desde la revista catalanista El Temps. En medio de la cena, salió a relucir Ramón Mercader, al parecer sin mala intención, pero faltó tiempo para que Carrillo saliera al paso para declarar que ya él había denunciado estas cosas en su tiempo. Lo mismo ocurre en las entrevistas citadas.

Así por ejemplo, Carrillo habla de su fase como líder de las juventudes socialistas, las mismas que desde la segunda mitad de 1933 se sitúan en la avanzada de un proceso de radicalización motivado por la frustración reformadora del primer bienio republicano, y por el ascenso del nazismo, lo que en España se traduce en el de la CEDA, un partido que se proclamaba dispuesto a seguir el camino de Hitler, o sea acabar con el movimiento obrero. Esta corriente aparece como contraria a la derecha socialista que en Alemania ha optado por regir la alianza obrera con los comunistas (totalmente enloquecidos por el virus estaliniano, afirmaban que la socialdemocracia era el enemigo principal, y que la victoria de los nazis sería el prólogo de la suya propia), y se habían dejado llevar al matadero. Esa radicalización es internacional, y se orienta hacia las posiciones de Trotsky al que reconocen todavía como el compañero de Lenin, pero sobre todo como el gran defensor del frente único obrero contra el fascismo…En esta época, las JJSS cortejaron a Trotsky y al “trotskismo”, y hasta bien entrado 1936, insisten en que los comunistas que han formado el POUM (3) se integren en el PSOE para ganar la mayoría para el marxismo. Carrillo pues, combatió con los “trotskistas” en esta batalla, participó con ellos en las luchas de octubre del 34, y mantuvo una relación fraternal, sobre todo con Maurín y con Wilebaldo Solano. Todo cambió tras su viaje a Moscú, donde todo le pareció perfecto.

Encuentro muy curiosa la pervivencia de este Santiago Carrillo que habla de la revolución, como la conquista del poder por la “democracia obrera” (términos que solamente figuraban en el programa del POUM), del imaginario socialista, y que esto no lo relacione como sería de recibo, con los problemas tácticos y estratégicos de un proceso revolucionario abierto, de la importancia de unificar la mayoría trabajadora y de pactar con los sectores de la clase media…Identifica la revolución con su liderazgo y con la Rusia soviética que le recibe como un personaje relevante. Lo cuenta Claudín en su biografía, los anfitriones saben de las “veleidades trotskistas” del invitado, pero no se equivocan cuando confían en que va cambiar. Se le ofrece liderar la unificación de las juventudes bajo la égida de la Internacional Comunista cuyo VII Congreso se presenta como una propuesta revolucionaria en la que la unificación proletaria es condición previa para liderar la “democracia”….Esta no será la interpretación que se dará después, ni en la Francia de la no-intervención ni en la España del Frente Popular, sin embargo, Carrillo sigue hablando de una revolución, aunque se olvida que para el Komintern y para el PCE los que querían hacer la “revolución social” eran aquellos que , liza y llanamente, “hacían el juego a los enemigos de la República”.

Esta claro que Carrillo se sintió deslumbrado en su visita a la URSS, por el protagonismo que le reconocen, y por la oportunidad de liderar unas juventudes que serían determinantes en la metamorfosis del PCE. No fue el único, ni mucho menos. Algo parecido sucedió en la izquierda del PSOE, y en otros partidos socialistas, aunque también los hubo que se mantuvieron en la idea de que estaban en la misma revolución que en Octubre de 1934, y que se opusieron a la estalinización. Hasta ahí, se trata de una explicación personal que encaja con el viento que sopla en la época. Otra cosa es cuando habla del “putsch” de mayo del 37 como lo que llevó a crear que los “trotskistas” (4) estaban relacionas con la “Quinta Columna”, punto sobre el que Iglesias Turrión suelta casi una invitación, y sobre el que en otra programa de “La Tuerka” (el dedicado a la “batalla de Madrid”), Mirtha Núñez llega a decir que en el fondo fue un dilema entre centralización y enemigos de la centralización, entre los que defendían un ejército popular y los que defendían las milicias, y cita al POUM. Uno tiene la impresión de que Mirtha no ha leído mucho sobre esta historia, y desde luego que desconoce que el POUM defendió desde el primer día el modelo del Ejército Rojo de 1919-1921.

Otra nota curiosa son las declaraciones de Carrillo –aparentemente con el visto bueno de Iglesias Turrión- según la cual “Tierra y Libertad” presenta al ejército que liquida las “comunas de Aragón” como si se tratase del ejército franquista. No sé que películas vieron, pero entre las muchas objeciones que se le hicieron a la película, no recuerdo que se empleara esta. En todo caso, la campaña de linchamiento y persecución del POUM y del fantasma “trotskista” fue algo totalmente inclasificable, lo más sucio e indigno de todo el historia de la resistencia contra la contrarrevolución militar-fascista. En cierta ocasión, Teresa Pámies escribió que Ramón Mercader no podía ser considerado como un Dillinger, una matización a la que se le podía dar la vuelta: Dillinger nunca habló en nombre del socialismo. No pisoteó un ideal.

Pero volviendo a Carrillo. Desde su regreso de la URSS este tuvo que dejar claro que no le quedaba el menor vestigio de “trotskismo”. Desde que ingresó en el PCE en noviembre de 1936, Carrillo fue insistiendo desde las diversas tribunas en esta equiparación de trotskismo=Quinta Columna, y ahí están los documentos. Lo de Mayo del 37 vino a “confirmar” lo que ya venían diciendo desde que a finales de 1936, Stalin dictó que el “trotskismo” ya no era una corriente del movimiento obrero sino un grupo de infiltrados al servicio de Hitler (o de las potencias imperialistas en el curso del pacto con la Alemania nazi). Pero no cabía esperar otra cosa de alguien que no afronta su responsabilidad como lo han hecho honestamente muchos comunistas que entonces no supieron ver los hechos, como haría sin ir más lejos Lise London o Miguel Núñez en sus respectivas memorias. Carrillo pasa un montó de páginas, ignora las acusaciones contra él vertida por autores como Paul Preston que no es ni “revisionista” y mucho menos “trotskista”, y para colmo, declara que si alguien tuvo una responsabilidad ese fue su camarada Segundo Serrano Poncela, al que él mismo destituyó. Driblando los hechos, nos encontramos que nuestro hombre se dio cuenta de todo…!en 1956¡ Cuenta que se entero gracias a las revelaciones de Arthur London, el autor de “La confesión”. Curiosamente, en una reseña firmada –creo- por Federico Melchor en un “Mundo Obrero” de finales de los años sesenta, se hacía una defensa de London argumentando que acusaciones contra él eran falsa, o sea que no era “trotskista” ni del POUM, lo que para buen entendedor significa:”Sí lo hubiera sido…”

Y es que la historia no termina aquí. Dialogar con la vida y milagros de Santiago Carrillo con piel de casi centenario es hacerlo de muchas cosas más: de Trilla, Monzón, Quiñones, de los “maquis”, de la Transición, etcétera, etcétera, por lo que se puede decir que4 a pesar de su amplitud, estas entrevistas no llegan a resultar ni un “trailer”. En el debate sobre Madrid de “La Tuerka”, Pablo se pregunta, un tanto ingenuamente, sobre la extraña vigencia de este debate Es un debate que atraviesa el siglo, y que atraviesa todo el historial del “comunismo” en 1989, sin resistencia digna de mención. Llegó un momento en el que mucha gente se preguntó si la burocracia moldeada por el estalinismo había acabado también con el ideal socialista. Hoy está claro que no, pero también lo está que dicho ideal comience a caminar en una nueva lucha, se hace imprescindible ajustar las cuentas con el estalinismo en todas sus vertientes: nunca más. Que nunca más un “secretario general” llegue a tener los poderes que llegó a manejar alguien como Santiago Carrillo. En el documental de Martín Cuenca, se ve al comienzo una gentío extraordinario de militantes que gritan exaltados, “! Aquí, aquí se ve la fuerza del PCE¡”. A continuación, sale Carrillo hablando desde una tribuna diciendo, Nosotros no tenemos dinero para la campaña pero os tenemos a vosotros…Lo tenían, disciplinado, entregados, creyentes, sin apenas formación política, dispuestos a creer que “el Partido” por el que se habían jugado tantas cosas, estaba en buenas manos.

Estaban muy equivocados.

Notas

(1) Últimos testigos: Fraga Iribarne – Carrillo, comunista. Dirección: José Luís López-Linares (Fraga Iribarne) y Manuel Martín Cuenca (Carrillo, comunista) País: España. Año: 2008. Duración: 163 min. Género: Documental. Intervenciones: Manuel Fraga, Santiago Carrillo. Guión: Manuel Millán Mesure, Ignacio Gutiérrez-Solana y Manuel Martín Cuenca. Producción: Álvaro Longo ría. Música: Anat. Simonías. Fotografía: Feo Delgado, Miguel Sales, Javier Serrano y Rafael de la USS. Montaje: Sergio Deustua y Ángel Hernández. Estreno en España: 8 Mayo 2009.

(2) Pelai es un historiador y un investigador cuya producción sobre estos temas es ampliamente reconocida. Acaba de publicar una edición ampliada de la vida de Nin, Andreu Nin, una vida al servicio de la clase obrera (Laertes, Barcelona, 20010), y de participar en una obra colectiva, Barbarie fascista y revolución social (Salvador Trallero Editorial, Seriñena, 2011), y anteriormente había dedicado un amplio volumen a la revolución en Cataluña…Anoto estos detalles porque sí nos atenemos a ciertos autores, parece ser que el único historiador que han investigado el hecho revolucionario en España fuese Burnett Bolloten.

(3) Poca gente saben que en el proyecto de “unificación marxista” iniciado después de Octubre de 1934 figuraban socialistas caballeristas, juventudes socialistas, y comunistas, tantos oficiales como disidentes (BOC, ICE), amén de otros grupos, y que en un principio, no hubo problemas en los principios programáticos: todos aceptaban que la revolución que se forjaba en España era la revolución socialista, que debería abarcar a todas las tendencias obreras en un proyecto de hegemonía y de alianza con las clases medias radicalizadas…

(4) En el debate sobre Madrid se dice que Trotsky preconizaba el “entrismo del POUM” en el PSOE, lo cual es un disparate. Primero, era la izquierda socialista la que invitaba a los “trotskistas” a ingresar en el PSOE, segundo, Trotsky preconizó esta línea para la ICE, no para el POUM. En cuanto al concepto “trotskista”, durante la guerra se llega a emplear de una manera tan abusiva que alcanza el absurdo total, luego se aplicó cualquier disidente del propio PCE. Para Stalin, el “trotskismo” era un comodín que le sirvió para controlar cualquier discrepancia. El POUM no estaba de acuerdo con Trotsky, pero si lo estaba en la idea de la revolución permanente y en la crear una democracia socialista en la URSS.

Fuente: http://www.latuerka.net/?p=58

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