Archivos Mensuales: diciembre 2011

La Banca española: Investiga que algo queda

Antes de entrar de lleno al asunto que te ha traído hasta aquí, te diré que fui fundador y editor de la publicación de carácter financiero La Banca, que los años que permaneció en el mercado fue un flagelo continuo y un manifiesto del descontrol de los bancos. También ejercí como responsable de economía de las publicaciones Ardi Belza, Kalegorria y El Triangle, asesorando y publicando gran cantidad de artículos. Con este bagaje y años a la espalda, con dedicación plena, he tratado de entender la doctrina económica sobre la que está montada la ortodoxia política. He llegado a la conclusión de que muy poco es lo que parece. Dedicarse a la investigación periodística, cuando se trata de bancos, dinero y poder, es un oficio de riesgo y sin ninguna recompensa sino es lasatisfacción personal. Como mucho te puedes remontar a las palabras de Noam Chomsky: “Arruinar la fiesta de los poderosos y de los privilegiados, eso es maravilloso”. Pues, que todo sea por la fiesta. Sin embargo, más bien creo que he provocado, a algunos poderosos, tan sólo un mal de muelas.

Han sido varias las investigaciones periodísticas en las que me he visto inmerso, pero antes quisiera aclarar un concepto para no llevar a engaño a quien lea esto. Reconozco que algunas de estas “batallitas” periodísticas pueden resultar sospechosas de como un tipo, por su cuenta y riesgo, se puede escabullir del férreo control de los guardianes del reino, y llegar hasta la mismísima cocina del poder. Ahí está el intríngulis de la cuestión. Puedo asegurar, con rotundidad, que no es mérito mío si no demerito de la contraparte, sea banco, institución o ese señor gordo con gafas oscuras y sombrero de copa que los humoristas dibujan en sus viñetas. Están tan engreídos con su poder que ni tan siquiera se molestan en esconder, adecuadamente, sus latrocinios, mangancias, rapiñas y fraudes convencidos de su impunidad. Aclarado este extremo, puedo reconocer que tengo una cierta habilidad en detectar pufos en balances contables, historietas de auditores, mensajería societaria y cosas por el estilo. Todo ello lejos de ningún tipo de virtuosismo, eso sí, me tengo que dejar las pestañas para ir desenmarañando el pufo. Explico alguno de ellos.

Los ordenadores de los bancos están trucados. Mi paso como síndico por el mundillo de las quiebras y suspensiones de pagos me había permitido ver gran cantidad y variedad de balances contables y documentación de soporte. En alguna de estas sociedades, que habían ido de mal en peor, se podía apreciar unos gastos financieros desproporcionados. Los bancos les zurraban de lo lindo cuando sus cuentas se situaban en números rojos, lo que ocurría un día sí y el otro también. Revisando los cargos que enviaba el banco, a simple vista, todo parecía correcto, El tipo de interés que se aplicaba estaba dentro del máximo autorizado por el Banco de España. No obstante, empecé a sospechar que algo raro ocurría en estas liquidaciones y las fui guardando para en su momento tratar de llegar al fondo de esta sospecha. Antes de empezar a publicar La Banca ya teníamos en mente trabajar este asunto que nos llevó unas cuantas semanas. Valió la pena, detectamos que existían importantes discrepancias aritméticas entre las liquidaciones que cursaban las entidades financieras a sus clientes, donde se reflejaban cálculos incorrectos. Detectamos una multitud de irregularidades en la mayor parte de las entidades. El volumen de error, y el hecho de que los cálculos aritméticos fueran realizados a base de potentes equipos informáticos de los centros de cálculo de las entidades, permitía descartar una equivocación humana o un simple redondeo para explicar esta situación: todo apuntaba a una manipulación de los programas informáticos. La estimación, a groso modo, que hicimos podía suponer el fraude de miles de millones (de las antiguas pesetas) a los clientes.

Vamos a ver, aunque someramente, en qué consistía el fraude. Anticipo que estos encopetados señores de los bancos se saben todas las mangancias, no hay quien los detenga. El mangoneo empezó en 1990 cuando el Banco de España dejo constancia del imperativo legal de reflejar en las operaciones bancarias el interés real. Se partía del concepto de defender a los clientes de unas prácticas distorsionadas al publicitar unas condiciones que en apariencia eran ventajosas, como un interés nominal bajo, pero en la realidad era sustancialmente más elevado. Toda una picaresca impropia de entidades que su mayor patrimonio debería de ser la confianza. Para soslayar esta situación y dar garantía a los clientes de las entidades financieras de que conocieran el interés real de las operaciones, el Banco de España instauró la TAE (Tasa Anual de Equivalencia). Este dato porcentual venía a simplificar la información transmitida al cliente.

Si en una operación determinada la entidad financiera aplicaba conceptos adicionales de repercusión de gastos, anticipación de cobro de intereses, comisiones y cosas por el estilo, la TAE recogía todos estos conceptos y garantizaba en un solo dato el coste porcentual de la operación. En definitiva, el cliente tenía, de una forma clara y concisa, un referente del coste que asume. Pero esta claridad y trasparencia no convenía a los bancos que entendieron que la TAE era un corsé que les impedía campar a sus anchas aplicando el tipo de interés que les venía en gana. Solución: En lugar de recoger la obligatoriedad de expresar el coste o rendimiento efectivo en los documentos de liquidación de operaciones activas o pasivas alteraron los sistemas informáticos al sustituir los datos reales por otros prefijados con el fin de engañar al cliente. Un robo en toda regla. El tipo de interés aplicado se iba por las nubes pero en el documento de liquidación aparecía otro mucho más bajo. En definitiva, los mangantes tenían los ordenadores trucados con el fin de que el cliente no se asustara que le habían aplicado unos intereses del 40, del 80 o del 400% informando en los documentos de otros muy distintos, ya prefijados, que se adecuaban a la franja autorizada por el Banco de España.

Tan escandaloso era el fraude denunciado como evidente se publicaba en las páginas de La Banca. Se mostraba, con todo lujo de detalles, la manipulación informática aplicada en aquellas liquidaciones que durante tiempo fui recopilando. Parecía mentira un titular de esta índole: Los ordenadores de los bancos están trucados, tanto es así que la Fiscalía Anticorrupción le puso el ojo encima. Me citaron a declarar, y aporte la documentación, original, y todos los cálculos realizados con una calculadora científica; y ante sus ojos, aleatoriamente, se repitieron las comprobaciones. Abrieron, dada la evidencia, un expediente. Resultaba un fraude, un delito ya que existía ánimo de lucro. Se estimaba que podía ascender a una cifra descomunal. Esto ocurría en mayo de 1998. Nos encaminamos sobre otros asuntos pero nunca dejamos de lado el engaño del fraude de los ordenadores.

Unos meses después, en febrero de 1999 volvimos sobre el mismo tema, pero en esta ocasión con algo más concreto. Nos pudimos hacer con la respuesta que el BBV daba por escrito a uno de sus clientes que le había solicitado la concreción, en forma de fórmula matemática, sobre el tipo de interés que aparecía en los documentos de liquidación. Por aquellos misterios de las grandes corporaciones bancarias respondieron a la petición colocándose la soga en el cuello. Así y todo, el BBV tenía sibilinamente estructurado el engaño; si alguno de sus clientes le solicitaba información sobre el cálculo que realiza, tenía una respuesta de apariencia convincente. Para un cliente –como son la inmensa mayoría- no avezado en el tecnicismo de las operaciones financieras, la respuesta dada por el BBV iría a misa. El banco advertía en su escrito que los importes liquidados “se corresponden exactamente con los pactados con Vds. en el contrato de apertura de dicha cuenta corriente” y efectivamente así es. Es más, el BBV también hacía hincapié “que son los mismos que figuran publicados por este banco en la Tabla de Condiciones y Gastos repercutibles a Clientes ante el Banco de España”, lo que era rigurosamente cierto.

Veamos donde está el truco, pues haberlo hay. Me anticipo: la fórmula matemática empleada por el BBV dan siempre el mismo resultado. Manda huevos. Analizado el método de cálculo, a través de la fórmula del BBV, se llega a la convicción de que son un fraude, ya que dan siempre el mismo resultado con independencia de los parámetros introducidos en la operación. Con esta simulación de que todo es correcto, se disuade al cliente que reclama, pero se confirma la intención de engaño por parte del BBV. El banco pretende justificar la apropiación de un dinero que no es suyo a través de la mentira y la confusión por lo que incurría en un delito, ya que existía intención. ¿Delito cometido por un banco?, ¿Eso puede existir? Evidencias no faltaban, el BBV cobraba a sus clientes casi un 100% más de lo permitido utilizando el engaño. Se necesita una cara muy dura como para inventarse una fórmula que plagia a la oficial de Banco de España para robar descaradamente un porrón de millones a los clientes.

Veamos ahora que pasó con el expediente abierto por la Fiscalía Anticorrupción sobre esta mangancia acreditada por un montón de bancos. Todo acabó en Julio de 2000 al recibir un escrito notificando el archivo de las actuaciones. Lacónicamente decía así: “Una vez analizada y valorada la documentación aportada y practicadas las diligencias pertinentes, no ha quedado acreditada la relevancia penal de los hechos, habiéndose acordado el archivo de la misma”. Dicho de otra manera: que los bancos roben, sibilinamente, no es cosa nostra. Según la Fiscalía Anticorrupción la mangancia de alta alcurnia no es delito, pues champagne para todos. No te llames a engaño: Apropiarse de los ajeno, si es un banco, no es delito.

El Banco de España fabricó el “agujero” de Banesto. Los 285.000 millones expoliados de fondos públicos al bolsillo de Botín. Se tiene que estar muy seguro que hay agua en la piscina para lanzarse desde el trampolín, de lo más alto, como para sostener este titular en la portada. Nada menos que acusar a la máxima autoridad financiera en este país y guardián de la ortodoxia económica de fabricar por encargo, de poderosos caballeros, un latrocinio con cargo a las escuálidas arcas del Estado. ¿Alguien puede creer que de ser incierto lo publicado, en abril de 1999, el editor y firmante del artículo andaría suelto por la calle? Es más, se señalaba con el dedo a Emilio Botín como artífice del multimillonario expolio del dinero de los contribuyentes. ¿Qué pasó? Pues, sencillamente no se dieron por enterados. He empezado por el final de este asunto ya que me quiero referir, de nuevo, al párrafo inicial donde aseguraba que no es mérito mío si no demerito de la contraparte el que uno se pueda escabullir hasta la cocina de estos engreídos del poder que ni tan siquiera se molestan en esconder, adecuadamente, sus latrocinios convencidos de su impunidad.

Quisiera, aunque fuera esquemáticamente, explicar como viví este asunto, podía decir que tropecé con él. Nada más iniciar la publicación de La Banca contactó con nosotros una persona que se manifestaba cliente de Banesto. Aseguraba que a causa de la  mala fe del banco había perdido su empresa. Sus interlocutores habían hecho todo lo posible para que acabara en completa ruina. Le habían retenido fondos con el fin de asegurar el vencimiento de un crédito del que faltaban varios meses en cumplirse. El calvario tan solo había comenzado: unos días antes del vencimiento el Banco Español de Crédito vendió su crédito, sobradamente asegurado con propiedades inmobiliarias, a una sociedad, constituida con un exiguo capital, por una miseria. No hubo forma de desbloquear la retención practicada por el banco mientras que la sociedad fantasma ejecutaba sus bienes. Un asunto extraño, sobre el papel, el banco había sufrido una considerable perdida al recuperar tan solo una parte ínfima del crédito otorgado. La  pregunta del millón estaba en el aire: ¿Qué necesitad tenía el Banco Español de Crédito de acarrear una perdida si tenía crédito totalmente garantizado?

Tan extraño era el asunto que me desplace a la central de Banesto en la Plaza de Catalunya, a escasos cien metros de la redacción, pensaba que se trataba de una infidelidad de algún ejecutivo del banco que desviaba en su provecho la operación. Con quien me entrevisté pretendía que comulgara con ruedas de molino, el tipo, muy ufano daba a la operación tintes de corrección y normalidad. Con pocas palabras tuve bastante, a toda costa querían tapar el marrón. La operación no tenía ningún sentido, ni lógico ni  comercial, Banesto se apuntaba una pérdida al vender el crédito por un importe miserable y quien se ponía las botas era la empresa compradora del crédito que obtenía un beneficio extraordinario sin hacer nada. Este fue el primer indicio que me hizo pensar que algo raro ocurría con los préstamos que Banesto había otorgado. Puesto el ojo en el asunto empecé a indagar. No tardé en hacerme con una circular emitida por el banco. No dejaba de ser una acreditación de que algo raro estaba pasando en el banco intervenido por el Banco de España. El documento, aunque fuera una fotocopia, revelaba ocultar a los clientes quien se adjudicaba sus bienes embargados. No obstante era un documento revelador, la carta, estaba firmada por Nemesio Antúnez, letrado jefe de la asesoría jurídica y dirigida a todas las direcciones territoriales del banco y que por su carácter interno no podía ser más explicita:

“Como ya conoces, muchos de los dudosos se encuentran situados en SCI Gestión S.A. (no consolidable) por lo cual se produce una disfunción en el tema de las adjudicaciones de bienes a través de subasta, pues en realidad el dueño del crédito es SCI Gestión S.A. y quien se viene adjudicando los bienes es Banesto, lo que origina, además de una problemática contable, una incidencia patrimonial que hay que corregir”. El letrado firmante de la carta circular se extendía en recomendaciones precisas sobre como tenía que instrumentalizarse la ocultación del verdadero propietario del crédito, acababa con la lacónica recomendación: “Quiero resaltar la importancia de este tema por la incidencia que, como podrás observar, tiene”.

La carta no ofrecía lugar a duda, la exposición era explicita: el engaño al deudor mediante una ejecución que trasladaba la recuperación del crédito a una sociedad fiduciaria, mientras que el balance del banco registraba una perdida inexistente en realidad. Esto no era una elucubración si no una manifestación interna del propio banco y por persona cualificada. La sospecha de que los créditos morosos fueran una ficción, llevaba a pensar que la intervención del Banco Español de Crédito podía haber sido un fraude. El robo del siglo, una cantidad estratosférica, a cargo de los contribuyentes españoles. El Gobierno había aceptado, sin rechistar, abocar la millonada que se avocaba en el presupuesto nacional sostenida por el argumento básico: “Es lo que tenemos que hacer” todo ello con el máximo apoyo de la oposición y una caterva de palmeros. Indagando, me pude enterar que un abogado de Madrid disponía de un listado donde estaban referenciados los créditos declarados como morosos y que habían llevado a Banesto a la insolvencia. Me pude hacer con el.

El listado ocupaba varias cajas en formato A3 no tenía cabecera ni nada que indicara de que se trataban los datos contenidos, tan solo la estampación de un sello de goma, que en un principio se interpretaba como una mancha de la fotocopiadora daba una pista. Se podía leer por el perímetro del sello: “Fondo de Garantía de Depósitos Bancarios”. El listado tenía varias columnas: la primera “Nombre”, el campo era alfabético, se suponía que eran los deudores, ya por si sola, esta columna, llamaba poderosamente la atención. Figuraban por el nombre de pila y no existía ninguna ordenación por el apellido. Si se precisaba localizar en la lista a alguien en concreto era una labor de varias horas. El resto de campos eran numéricos. La segunda columna “Coste en libros” figuraba una cantidad que se suponía era el importe del crédito o el préstamo hipotecario que el banco había concedido. La siguiente columna “Valor residual” daba a entender que era la cantidad pendiente hasta la cancelación del crédito. Las columnas restantes eran, inicialmente, todo un enigma: SCIG y FDGB y las dos finales no tenían cabecera. Lo que saltaba a la vista era que SCIG y FDGB se repartían desigualmente la cantidad asignada como “Valor residual”.

FDGB se desveló pronto como la cobertura del Fondo de Garantía de Depósitos Bancarios a pesar de figurar en el listado con letras alteradas. La revelación de SCIG que figuraba en el listado, aunque parezca increíble no nos dimos cuenta a primera vista que correspondía a la contracción de la sociedad SGI Gestión S.A. que coincidía con la citada en la carta que disponíamos de quien se adjudicaba los bienes de Banesto. Tratamos de averiguar quien era esta sociedad, había varias referencias pero todas eran coincidentes sobre la única cuestión tratada muy brevemente: “La intervención del Banco Español de Crédito ha autorizado a la sociedad SGI Gestión S.A. al cobro de los créditos morosos que han llevado al banco a la situación de insolvencia …”. La noticia, más bien un comunicado de prensa camuflado, había aparecido en la sección de economía de varios medios de comunicación en la columna de breves.

El descalabro del Banco Español de Crédito había acontecido hacia tres años, ostentaba un puesto prominente en la banca española y los recursos dinerarios que tuvo que aportar el Estado español para estabilizar la entidad financiera ayudó a incrementar la deuda soberana. Revisando la hemeroteca sorprendía la cantidad de páginas dedicadas a maldecir a Mario Conde y sublimar el “agujero” y tan pocas a profundizar en los números del balance contable. Eran tan descomunales las cifras de que se hablaba que llegabas a perder la orientación. No solo esto, la información la proporcionaban los propios actores, el Banco de España, el Fondo de Garantía de Depósitos Bancarios, el propio banco y todo el mundo seguía la senda marcada. No había otra información, y la que había no se podía contrastar. Ninguna demostración ni nada por el estilo.

Si uno lo pensaba racionalmente, al margen de la información que masivamente se transmitía, era absolutamente imposible el “agujero” que se le adjudicaba al banco, y mucho menos que fueran tantísimos los morosos como para ocasionar el descalabro. Teníamos la oportunidad de averiguar si todo lo que explicaban era cierto o una descomunal mentira para asaltar las arcas de Estado: el comprometedor listado de morosos. Anticipo, que nadie de los anteriores “propietarios” del listado le sacó el jugo que en La Banca le pudimos sacar. Por aquel entonces me movía a las mil maravillas con un programa pionero entre los informatizados: DBase.3, algo rudimentario pero tremendamente eficaz. Así, que introducimos los datos del listado en un programilla que hice a medida. En definitiva, el listado reflejaba el estado del crédito, en el momento de la intervención, el importe de la venta a una sociedad fiduciaria y la parte que cubrió el Estado. Contenía más de dieciséis mil deudores.

Cabe mencionar que nos robaron las cajas que contenía el listado, como sería largo de explicar paso por alto este incidente tan solo referir que la policía lo recuperó. El suceso nos puso en alerta de que aquella información era valiosa. En cuanto aparecieron los datos informatizados del listado se confirmó la sospecha de que el desorden era intencionado. Ordenado alfabéticamente saltaba a la vista en la letra A la cantidad de Ayuntamientos, de toda España, que se les calificaba como morosos. Los Ayuntamientos, en el listado había más de la cuenta, por ley son inembargables y por lo tanto están fuera de los procedimientos ejecutivos. En última instancia el Estado responde por ellos. En la misma situación empresas públicas ostentaban cantidades de créditos no cobrados en su vencimiento. No se libraban de esta lista negra empresas de reconocida solvencia líderes en su mercado. Particulares conocidos, desde artistas a empresarios, con cantidades descomunales, ordenes religiosas y un sinfin de despropósitos de nunca acabar. Era evidente que todo aquello era una simulación.

El ordenador proporcionó un dato revelador: la suma de los miles de créditos, supuestamente impagados que el Fondo de Garantía tan generosamente cubría, resultaba una cantidad mágica redonda de ceros. Pero aún más sorprendente era que la cifra mágica se correspondía con la cantidad justa y necesaria para absorber de una tacada las reservas del banco y el capital con lo que se controlaba el banco supuestamente arruinado. Tanta casualidad no era posible, los malandrines habían construido el “agujero” a la medida de sus necesidades. La cantidad era prefijada y el traje a la medida. El listado era un engaño. Era evidente que en la relación convivían tres comunidades de pardillos: los que no pudieron pagar las cuotas del préstamo o crédito en aquel momento; los que les provocaron el impago; y los que deben de ser la mayor parte, los que nunca lo habían sido ni se enteraron que estaban el la lista negra. Fue entonces cuando publicamos, con cierta preocupación, el titular La dimensión del “agujero” de Banesto está simulada. El Banco de España implicado en el fraude. Para ir a más necesitábamos de la prueba del nueve.

La información publicada había llamado la atención a miles de personas y empresas que resultaron perjudicadas por la intervención del banco, y muchas de ellas contactaron con nosotros solicitando información adicional o prestando su colaboración. Pensamos en una columna del listado que carecía de cabecera pero deducimos que correspondía con el número de la oficina donde se tramitó el crédito. Entonces, seleccionamos seiscientos deudores al azar en las zonas donde residían estos lectores. Así, de tal manera, preguntando se va a Roma, podíamos obtener  información directa y asegurar la certeza de que eran o no deudores con el banco. Era la prueba del nueve sobre la veracidad del listado. Anticipo que nadie se había ido del banco sin pagar.

Los resultados eran concluyentes, algunos reconocían que habían sido deudores de la entidad financiera, pero el banco había percibido hasta el último euro bien en pago puntual de los créditos, bien por haberse cobrado con las garantías que los respaldaban. Otros ni si quiera sabían de lo que les estaban hablando, y se mostraban estupefactos al conocer la supuesta condición de insolventes o morosos que se les había atribuido falsamente. Una buena parte de la gente contactada creía que todo era un error ya que nunca habían tenido ninguna incidencia con su banco. Todo esto era de palabra pero se necesitaban papeles que lo acreditaran. En las entrevistas personales, con cada uno de los seleccionados al azar en la relación, se les solicitaba el consentimiento para instar a la Central de Información de Riesgos del Banco de España, CIRBE, información sobre su estado crediticio. Este registro tan solo informaba, por la privacidad de los datos, al propio interesado. Muchos de ellos accedieron por simpatía hacia nosotros, otros por curiosidad y otros convencidos que habían sido utilizados en el repago de su crédito. Lo pagaban al banco con todos los intereses habidos y por haber y por la vía de los impuestos lo volvían a pagar. Un repago escandaloso.

Para cuando la información llegó a nuestras manos se habían recogido más de doscientos cincuenta certificados de la CIRBE que acreditaban el buen estado de salud de los créditos otorgados por el Banco Español de Crédito. Proporcionalmente no era una cantidad sustancial, pero lo que elevaba a la certeza era su origen aleatorio y que fuera la totalidad de las peticiones solicitadas que mantenían el crédito vivito y coleando. El contenido de la información versaba sobre el nombre del deudor, la clase de riesgo, la existencia de garantías, la cantidad dispuesta y el saldo disponible, y, especialmente, la situación del propio riesgo.

Mientras tanto seguíamos con atención las peripecias que tenían que hacer los nuevos administradores de Banesto para tapar el asunto de la intervención. Afirmaban en un tribunal de los Estados Unidos que nunca existió ningún “agujero” en Banesto, lo contrario de lo que enfatizaban aquí. Nos hicimos eco de un artículo publicado en el Wall Street Journal que hacia mención a la demanda presentada por el potentísimo grupo inversor Carlisle Ventures Inc. visto en juicio en la Corte de Manthatan. Los norteamericanos habían concurrido a la ampliación de capital del Banco Español de Crédito atraídos por las bondades relatadas en su Memoria sobre la buena marcha y solvencia de la entidad tan solo nueve meses antes de su descalabro. Implícitamente el Banco de España daba el visto bueno a todos los inversores, especialmente a los internacionales, de lo que aquella Memoria relataba. Su sorpresa fue morrocotuda cuando supieron la intervención del banco por un “agujero” descomunal que le habían producido miles de clientes morosos. Los americanos no se creyeron ni una sola palabra, es más, no estaban dispuestos a dejarse engañar. Tiburones de esa magnitud siempre llegan a las últimas consecuencias, no iban a permitir que su inversión en acciones de un banco español se fuera por el desagüe del water de la noche a la mañana. Iban a recuperar su inversión en su territorio: New York, lejos de los juzgados españoles.

El artículo hacía énfasis en la declaración ante los tribunales norteamericanos del Banco de España y los administradores de Banesto que aseguraban que las irregularidades detectadas –las mismas que propiciaron la intervención- eran irrelevantes. El contenido del artículo era demoledor los norteamericanos no se habían dejado chulear con el argumento infantil del “agujero”. En España, ni la más mínima referencia al juicio de New York ni a nada que se le parezca. Silencio total. En Estados Unidos se desmentía lo que en España se afirmaba: la existencia del monumental “agujero”. Otro recorte del Wall Street Journal, de fecha posterior, tan solo era un breve que noticiaba el acuerdo, antes de que se pronunciara la sentencia, entre Carlisle Ventures Inc. y el banco español. El resto de accionistas no tuvieron tanta suerte y perdieron buena parte de sus ahorros. Fue entonces cuando pudimos publicar con cierta precisión el titular: Pánico en Banesto al descubrirse que expolió a los accionistas. Al año siguiente de la intervención por el Banco de España se recuperaron 596.696 millones de los 605.000 estimados como “agujero”.     

A pesar de tan rotunda demostración de que todo fue una engañifa, de la que Mario Conde no supo o no pudo defenderse –en la barra de este blog en Quien soy dejo una pequeña referencia sobre este tema- los malandrines que diseñaron el fabuloso engaño, de asaltar el banco por la puerta de atrás, se embuchacáron la pasta en una orgia de asalto a los fondos públicos. Puedo asegurar, sin falsa modestia, y lo hago por segunda vez que tan solo había tirado del hilo y recopilado los datos, hoy sigo sin adjudicarme un merito especial. Insisto, como afirmaba al principio en este post, “que no fue mérito mío si no demerito de la contraparte, sea banco, institución o ese señor gordo con gafas oscuras y sombrero de copa” ¿Dónde está el Fiscal General del Estado? ¿Y el abogado del Estado? Y toda esta plaga de instituciones del Estado que ponen la ley por delante de todo ¿O no era un bombazo acusar  al mismísimo Banco de España fabricar el “agujero” del Banco Español de Crédito? ¿Puede el Gobierno soltar una millonada sin ninguna comprobación? Tampoco era tan difícil, nosotros lo hicimos con una mano delante y otra detrás. ¿Si recuperaron el dinero del “agujero” como es que no lo devolvieron a las arcas públicas? Entiendo que esto era tanto como un sacrilegio en el ámbito financiero, un golpe bajo al Gobierno y las instituciones del Estado, y un bochorno para la Justicia que entre todos habían dado por bueno el mayor atraco al dinero de los contribuyentes.

Para rematar el tema de Banesto añadiré dos píldoras que ponen de manifiesto el montaje que esta tropa tuvo que bregar para consumar el expolio. Los asaltantes, Emilio Botín incluido, se vieron en la necesidad de echar mano de la sociedad mercantil SCI Gestión S.A. que figuraba entre las participadas por el banco. La legislación española obliga a que una empresa de reciente creación consolide con su grupo, esto, precisamente, no interesaba a los artífices del engaño que querían ir por libre. Para encontrar una solución tuvieron que rebuscar entre las empresas participadas por el banco que si se les permitía no consolidar. El milagro de que la travestida SCI Gestión S.A. pudiera tener sus cuentas fuera de la contabilidad del banco era pan comido. SCI Gestión tenía tres empleados: un piloto, un mecánico de vuelo y un asistente de cabina, y un solo avión que era utilizado por el presidente y algunos directivos del banco. Entre un despeje y aterrizaje el Banco de España le había dado autorización para que, a espaldas de la contabilidad del banco, recobrase a miles de recalcitrantes morosos que se habían ido sin pagar. Así con esta autorización se extraían del balance del banco las supuestas recuperaciones de créditos morosos. Champán para todos.

La otra perla es un sutil detalle. Cuando se hablaba del “agujero” se decía que había sido provocado por miles de créditos “dañados”. Me llamó la atención esta calificación, era la primera vez que la oía, sintonizaba con “estropeados, rotos, perjudicados” cosas por el estilo. La hemeroteca estaba llena de esta expresión. Oficialmente no existía esta calificación; los créditos de un banco o están vivos o están morosos. No hay más. La inspección del Banco de España atribuía a la mala calidad de los créditos otorgados por el Banco Español de Crédito la razón objetiva de su insolvencia, por lo que a esos créditos se les calificó con la original nomenclatura de “dañados”. Hasta entonces, este término, el de créditos “dañados”, no se había aplicado formalmente en la terminología bancaria. Los créditos, o están vivos cuando cumplen con los requisitos y el ciclo contractualmente previsto y su evolución es normal, o son dudosos o morosos cuando ha transcurrido determinado tiempo tasado en cada caso desde su vencimiento y no han sido cobrados. Daba la impresión que los inspectores del Banco de España se habían sacado de la manga un nuevo concepto para sostener la deliberada ambigüedad de su apreciación sobre la solvencia efectiva del banco intervenido. Los funcionarios, en este caso los inspectores, pueden llegar nadando hasta muy lejos pero no pierden ojo a la ropa que han dejado en la orilla. Por jugosa que sea la dádiva, la recompensa o la promesa está prioritariamente en salir bien parado, ellos nunca se pronunciaron que los créditos del Banco Español de Crédito estuvieran calificados como morosos.

Se daba una circunstancia relevante respecto al término “dañado”. Se podría pensar que los asaltantes del banco y a las arcas del Estado nunca podrían haber conseguido sus objetivos dada la complejidad de sortear los obstáculos presentes en el camino. No obstante, fue un paseo triunfal, no era más que la constatación de que el poder había basculado, ostensiblemente, lejos del interés ciudadano. Por muy “dañados” que hubieran calificado a los créditos los inspectores del Banco de España tenían en su propia casa la Central de Información de Riesgos (CIR) que dispone de información histórica de cada unos de los riesgos que asumen las entidades financieras. Todos los créditos están registrados así como sus garantías y su evolución. Este registro informático es prácticamente un baluarte inexpugnable cuando se trata de alterar la situación de miles de créditos. Pero así y todo, nunca se realizó comprobación alguna por el Fondo de Garantía de los Depósitos Bancarios que en nombre del Gobierno, del Estado y de un carrusel de instituciones pagaron sin rechistar, hasta el último euro, la suma de un interminable listado de recalcitrantes morosos. Será por champagne, brindemos por ello.

El expolio oculto del Banco de España. El expresidente del Valladolid acusa a Rubio y Rojo de atracadores. Una cosa lleva a la otra. A mí me costó que entrara en mi cabeza que instituciones como el Banco de España, con sus gobernadores al frente, llegaran a estar implicados, en plan protagonista, en estafas y asaltos de una magnitud sorprendente. Si alguna duda podía albergar se hizo añicos cuando un amigo me preguntó si conocía el pleito de Domingo López Alonso con el Banco de España. La respuesta fue que no tenía ni idea y me ofreció un libro escrito por el mismo López Alonso. Sorprendía la portada con tres fotos: Luis Ángel Rojo, Mariano Rubio y Aristóbulo de Juan y el titulo, a todo dar, de ATRACO. De forma explicita se extendía El Robo realizado por Mariano Rubio y Luís Ángel Rojo sirviéndose de su posición de privilegio en el Banco de España. Dejaba constancia del nombre y apellidos de los atracadores. Para nada aparecía el término “supuestos atracadores” directo a la yugular: Atraco. Importe del botín sustraído 23.183.800.000 de pesetas del año 1978. Era como para quedarse sin respiración. Resultaba que de este asunto no tenía ni idea. Supongo, igual que me pasó a mí, que tú en tu vida has oído hablar de Domingo López Alonso. El buen hombre me ofreció esta dedicatoria: Le dedico este libro a José Manuel Novoa. Para que conozca las atrocidades de las que he sido objeto, perpetradas por los elementos que vienen en la portada, que estando obligados a dar ejemplo de honradez, honestidad y ética en sus procedimientos, son los que cometen, robos, atropellos y estafas. Con un cordial abrazo. Conservo el libro como oro en paño. Después lo fui visitando en mis viajes a Madrid. Guardo un recuerdo extraordinario de este hombre extraordinario.

Cuando lo conocí, Domingo López Alonso tenía unos cuantos años a sus espaldas pero la cabeza la tenía en su sitio. En las conversaciones que tuvimos me ilustró de los atropellos cometidos por los personajes del Banco de España. Actuaban como clan en nombre y representación del Gobernador. Las tropelías cometidas por el clan estuvieron a la orden del día, siempre al rebufo de las quiebras bancarias, algunas reales y otras inventadas, con el fin de movilizar los cuantiosos fondos públicos bajo su control y desarmar a los accionistas, sobretodo los pequeños, de los bancos que tenían la fatalidad de que los señalaran con el dedo pulgar hacia abajo. El campo estaba abonado y la semilla del mal comenzaba a brotar, el procedimiento de incautación no era muy diferente al aplicado, con notable éxito, por el mariscal Goering en el saqueo de las mejores colecciones de arte de Europa. El mariscal contó con un esbirro de lujo, Hans Wendland, que se dedicó con fervor a la tarea de quedarse con lo que no es suyo por la vía fácil de la legitimidad. Fritz Goodman, propietario del Dresdner Bank, sucumbió a una sobredosis de legitimidad al colocarle la etiqueta demonizadora de judío. La familia Goodman no lo era pero importaba poco en plena Alemania nazi, el mero pronunciamiento de un mariscal del Tercer Reich recibía de inmediato la categoría de indiscutible. Su extraordinaria colección de arte pasó a manos del mariscal y el matrimonio Goodman fue gaseado. El expolio era inapelable y el arma letal infalible. El clan disponía del reactor nuclear del expolio: la jefatura del Servicio de Inspección del Banco de España, la cumbre de depredación del sistema que nada tenía que envidiar al etiquetado del mariscal Goering.

Hasta entonces, el banco emisor había estado a cargo de abogados del Estado empapados de la filosofía del gris funcionario público. El clan lo cambió todo, introduciendo sus miembros que desplazaron a la tradicional vieja guardia. En la Corporación Bancaria, que era la institución que congregaba a los bancos en activo y tenía la facultad de discrepar sobre la insolvencia de uno de sus miembros, El clan colocó a uno de sus más leales colaboradores, Aristóbulo de Juan en un puesto clave para los fines del clan. Incluso, ya por aquella época llegaron al Banco de España miembros del clan que habían hecho carrera política y tenían los mejores contactos en el Congreso de los Diputados. El clan que convirtió en un monstruo de dos cabezas, la política y la económica, teledirigido por Mariano Rubio y a la vez que ganaban prestigio eran la bestia negra de las familias tradicionales que controlaban la banca en el inmediato franquismo.

Los escarceos con pequeños bancos les dio tiempo a los miembros del clan a manejar con habilidad la maquinaria, probar la inhabilidad de la justicia, y el silencio de los políticos al practicar el infalible garrotazo de la inspección que dejaba tieso a quien se le pusiera por delante. Con aura de santidad sus decisiones iban a misa por lo que elevaron el nivel de actuación dada la eficacia demostrada. Estaban preparados para jugar en primera división. El asalto, en toda regla, de uno de los diez primeros bancos del país: el Banco de Valladolid. Una perita en dulce por lo accesible del golpe de mano al disponer de un socio mayoritario con el 70 % de las acciones y que al margen de la presidencia del banco también lo era de varias importantes empresas. López Alonso era una perita en dulce para esta tropa de desalmados y enseguida lo apuntaron como victima propiciatoria. La historia López Alonso era extraordinaria al más puro estilo del hombre hecho a sí mismo. Acabada la Guerra Civil, España estaba en ruinas, todo estaba por hacer, y López Alonso con una mano delante y otra detrás trabajo con ahínco y acierto. En 1978 era el hombre más rico de España. Tenía empresas mineras, de transporte, de construcción, una impresionante flota pesquera, bodegas de vinos, financieras, compañías de seguros. Pero su mal paso fue cuando adquirió el Banco de Valladolid, un pequeño banco de provincias que en sus manos llegó a codearse entre los más grandes del país.

La camarilla del clan, por sus hazañas anteriores ladrones de cuello blanco, no podían desperdiciar la ocasión de incrementar su pecunia hasta la estratosfera por lo que le echaron el ojo a la formidable fortuna de López Alonso. La artimaña siempre era la misma, la habían repetido en más de una ocasión, pero nunca a tal magnitud. Un selecto número de funcionarios reportaban a sus jefes imaginadas irregularidades. Estos rápidamente las convertían en flagrante insolvencia. Era la palabra divina de estos truculentos informes con sus actas correspondientes firmadas y selladas por el Banco de España las que se santificaban con la verdad absoluta. El Banco de Valladolid no tenía problemas de solvencia. Alguien avalaría con su fortuna personal si los hubiera. Una noche, a altas horas de la madrugada, en la mismísima sala de reuniones puerta con puerta con el despacho del Gobernador, la camarilla de ladrones de cuello blanco intimidaba de tal manera a López Alonso amenazándole con la cárcel. Hasta que el buen hombre estalló. Enfadado les dijo “Estoy seguro de la solvencia del banco, tanto es así que estoy dispuesto de avalar cualquier desequilibrio con mi fortuna personal”. Fue la mayor equivocación de una vida llena de aciertos.

Nunca pudo imaginar que en las mismas entrañas del Banco de España se pudiera perpetrar un atraco tan sutil del que después se dio cuenta. La camarilla de mangantes tardó tan solo unos minutos en ponerle encima de la mesa el documento de aval. Más tarde se percató que esos canallas ya lo tenían redactado. López Alonso no tuvo manera de poder demostrar la solvencia de su banco del que tenía la mayoría de acciones. No solo se apropiaron del Banco de Valladolid bendecido por una intervención en toda regla que a precio de risa lo había adquirido el Barclays Bank. Todas las empresas de López Alonso fueron cayendo una a una. El artífice del expolio fue la mano izquierda de Mariano Rubio, el escudero Aristóbulo de Juan que había trepado hasta la misma cúspide. El montante del atraco ascendió a más de 23.000 millones de las antiguas pesetas del año 1978. Una verdadera fortuna.

Veinte años después de la intervención del Banco de Valladolid y las vicisitudes de la familia López Alonso el asunto había quedado olvidado como una más de las insolvencias bancarias que por aquella época infectaban a los pequeños bancos. El pleito judicial que el ex presidente del Banco de Salamanca entabló contra los jerifaltes del todo poderoso Banco de España por el atropello cometido caminaba por los juzgados con lentitud pasmosa de ello se cuidaba toda una tropa de abogados. Por la cuenta que les traía y el botín alcanzado aplicaban todos los recursos que los abogados habían cultivado durante años. Más que razonamientos jurídicos el truco consistía en dilataciones y más dilataciones en pasar cuentas. Tenían a la Justicia en sus manos aprovechando a su favor todas las artimañas posibles e inventadas y todavía más. Corrompido, este poder, contribuye a consolidar pocas virtudes y muchos pecados. La mayor ventaja con la que cuenta el establishment bancario es su propia fachada. ¿Quién, en su sano juicio, puede pensar que detrás de tanta alcurnia y prosapia puede esconderse la peor de las podredumbres? Precisamente esa es la principal ventaja de actuar como manada de lobos disfrazados de corderos. Cuesta pensar que estos mansos corderitos estén estructurados en familias políticas, en supremos jueces, en autoridades monetarias o de supervisión, en poderosos lobbies, o en influyentes banqueros, que todos a una remen en la misma dirección para llevar a su bolsillo el dinero del prójimo.

Toda la sofisticación, de la manada de lobos, al acorralar a la victima sin solución alguna aplicando la correspondiente sobredosis de legalidad, tiene su reminiscencia en el clásico y vulgar carterista. La actuación, lo más rápido posible, después de haber afanado la cartera a la victima de turno es desplazar el botín a un compinche de apariencia respetable que desaparece sigilosamente. El papel de sigiloso cómplice le correspondió al banco inglés Barclays Bank que resulto adjudicado con la subasta apañada del Banco de Valladolid después de saneado en profusión con el curalotodo de los fondos públicos. El asalto, en toda regla, a la fortuna de López Alonso elevó al clan a lo más alto de la depredación con el único inconveniente que habían arrasado con la fauna comestible. Los demás bancos estaban ojo avizor a los movimientos de Mariano Rubio y su exitosa cuadrilla. El próximo golpe era factible pero tenían, como mínimo, un quinquenio en preparativos. Iba a ser un golpe maestro, el golpe de todos los golpes: Banesto.

Para rematar el asunto de Domingo López Alonso queda el lío monumental que viene en consonancia con “la justicia es un cachondeo” la frase que se hizo celebre y aplicada aquí no le falta razón a quien la popularizó. Cuando se supo el contenido del auto sobre el caso dictado el 19 de diciembre de 2005 por el juzgado de Primera Instancia número 4 de Madrid era para caerse de culo. En él se establecía una indemnización de «1.121.877.955,54 millones de euros», unas 1.400 veces el PIB español. Evidentemente, como se aclaró en un nuevo auto, se trataba de un error: sobraban los «millones de». Aun así, es la indemnización más grande jamás concedida a un particular. El Consejo General del Poder Judicial abrió un proceso de información previa, para determinar si procedía la incoación de expediente al juez Joaquín Ebile Nsefum. Resultado: El Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) no tendrá que pagar los 1.313 millones de euros que le reclamaba el ex propietario del Banco de Valladolid, El juez Joaquín Ebile asegura en su resolución que los daños y los correspondientes intereses “ya han sido reparados” con el pago de 27,5 millones de euros que recibió del FGD, que actúa en nombre de Barclays, que es contra quien se dirige López Alonso por haber adquirido el Banco Valladolid en 1981. Curiosamente, la Audiencia Provincial de Madrid declaró nulo el pago de esa cuantía y la calificó de “incongruente”, por lo que el Fondo ha exigido que le sea devuelta. En su última resolución, el juez Ebile no se refiere en ningún momento a la orden de la Audiencia Provincial y dictamina prácticamente lo contrario a lo que él mismo determinó en 2005, cuando ordenó que el Fondo abonara a López Alonso 1.200 millones de euros en concepto de intereses. ¿Es o no un cachondeo?.

El Central Hispano falseó su contabilidad para ocultar pérdidas. El banco se aprovechó de los accionistas de Dragados al transferirles las mismas. Casualidades de la vida. En diciembre de 1998 teníamos listo un asunto, del que nos llevó su tiempo, que como siempre teníamos que tener la seguridad de lo que íbamos a publicar ya que era un delito y facilitamos los nombres y apellidos. Robar todavía estaba vigente en el Código Penal. El bagaje que llevaba en mis espaldas como sindico, en representación de los acreedores, en las quiebras me ayudó y mucho. El asunto tenía su calado, los accionistas de Dragados se vieron forzados a asumir las pérdidas del Banco Central Hispano, BCH. El enjuague para endosar las pérdidas del banco era de estar por casa. El BCH tenía el 23% de las acciones de la constructora Dragados, y entre otras el 100% de una sociedad llamada Comylsa que acumulaba fuertes pérdidas con el banco. En 1994 y poco antes del cierre del ejercicio, en su condición de mayoritario dentro de los accionistas minoritarios de Dragados, el banco forzó a esta empresa a la compra de las acciones de Comylsa. Con la operación, el balance del banco que hubiera reflejado pérdidas de hasta 8.000 millones de pesetas, pasó a mostrar unos beneficios de 23.000 millones de pesetas. Posteriormente, en 1996, el banco instó la absorción de Comylsa por parte de Dragados, que pasó a incluir en su balance las deudas de aquella. La quiebra, inevitable, de Comylsa que hubiera llevado al BCH a mostrar pérdidas, por arte de birlibirloque se las endosaron a los accionistas de la constructora Dragados y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la responsable de la ortodoxia en Bolsa, tragó con todo.

Nunca pensé que aquel artículo pudiera traer tanta complicación. El cielo se nos vino encima. A fin de cuentas lo publicado sostenía que un banco falseaba su contabilidad, visto lo antes publicado no era para tanto. Aquí lo que sobrepasaba era que las pérdidas del banco se las endosaba al 77% de los accionistas de Dragados que nada tenían que ver con el desaguisado. El mal sueño empezó cuando se presento en mi despacho un notario que me soltó una letanía que traía escrita. Debía de rectificar, de la primera línea hasta la última, el artículo publicado que se extendía, con profusión de datos, por siete páginas. De no hacerlo, todos los males del infierno iban a recaer sobre mí y la sociedad editora. Me puse en contacto con la dirección del BCH en Barcelona, todo parecía super exagerado, yo estaba dispuesto a rectificar todo aquello que me demostraran que era incorrecto. Eran inflexibles, la orden venía de arriba y era todo. A continuación, tan sólo unos días después, oh¡ sorpresa, el intríngulis del asunto quedó desvelado.

Emilio Botín, el presidente del Banco Santander, y José María Amusátegui, presidente del Banco Central Hispano anunciaban a bombo y platillo la fusión, entre iguales, de los dos bancos. A tanta alegría, aplaudida por los medios de comunicación, había un tipo que aguaba la fiesta de la gran boda al afirmar que la dote de uno de los contrayentes estaba falseada. Entendieron que con esta lacra informativa el casamiento podía peligrar. La solución estaba a mano, era cuestión de aproximarse a las palabras del sacerdote en el oficio de enlace “…..o que calle para siempre”. Lo publicado era explicito, el balance contable del BCH estaba falseado por lo que la valoración de las nuevas acciones, producto de la fusión, era una entelequia. Estaba seguro que esta gente no iban a parar hasta desacreditar lo que en La Banca se decía. Puedo asegurar que fue una casualidad. No tenía ni la más remota idea de la fusión que se llevaban, secretamente, entre manos. Los banqueros y los letrados de la asesoría jurídica no lo creyeron así, y me otorgaron la etiqueta de asaltacocinas, ¿Cómo este tipo ha podido llegar hasta la cocina si el potaje se preparaba en absoluto secreto? Insisto, cosas de la vida: casualidad. No había complicidad, es más, en las investigaciones que se llevaban a cabo evitaba el contacto personal con los directivos de los bancos. De inmediato, a la velocidad del rayo, el BCH acudió a los juzgados.

Digo bien, en plural ya que el BCH presentó dos demandas, algo insólito, por un mismo hecho en distintos juzgados de lo civil. Una por daños y perjuicios, la otra por el derecho al honor del presidente del banco José María Amusátegui. Los abogados que presentaban las demandas pertenecían a un encopetado despacho de Madrid, digamos unos de los grandes. Tenían dispuesta y estudiada una estrategia para machacar. Debieron de ver que jurídicamente no les convenía interponer una demanda por lo penal: injurias y calumnias, que bajo su reclamación era lo que correspondía en estos casos. Se decidieron por la vía civil donde pensaban arrasar con su estrategia, de una parte arruinarnos, y por otra, dada la superpotencia de más de un centenar de abogados, ahogarnos en el procedimiento. Para empezar nos daban tres días para dar contestación a las dos demandas. Las presentaron al unísono para colapsar nuestra respuesta, si nos pasábamos del plazo se adjudicaban la victoria por la vía rápida. Era lo que pretendían pero no fue así.

Recuerdo este episodio por la estupefacción que me produjo estar en manos de la justicia y tan indefenso, lo cierto es que me quede pasmado de cómo te pueden machacar, así de entrada, con un plazo de contestación de risa. De nada sirvió, posteriormente, la solicitud, lógica a todas luces, de que el asunto de acumulara en uno sólo. Me quede de piedra cuando el abogado me dijo que me las tenía que apañar por mi cuenta al tener que facilitarle un borrador que contuviera una respuesta al contenido de la demanda. Me pasé 48 horas de reloj frente al teclado y la pantalla del ordenador, un fin de semana entero. Reconozco que cuando leí con atención el texto de estos encopetados letrados no sabía por donde empezar. Había que reconocer que estos presuntuosos abogados que iban a cobrar una minuta de lujo al banco eran soberbios en su trabajo de dar la vuelta a los asuntos que caen en sus manos. No se me ocurrió otra cosa que copiar su argumento y a continuación en letra cursiva dar respuesta. Así, párrafo a párrafo traté de revocar sus manifestaciones elevadas a tesis irrevocables. Una por una. Nuestro abogado no estaba del todo satisfecho por el método empleado, tan poco convencional y alejado del uso y la costumbre, de dar respuesta párrafo a párrafo. Ganamos el caso en primera instancia.

También ayudo a la resolución, algo que a estas alturas de la película ya tenía aprendido cuando se juega con fuego, o mejor dicho con explosivo nuclear, que consistía en remitir por fax el texto integro del artículo que se iba a publicar con el ruego de que estábamos dispuestos a una rectificación en el caso de error. A buen seguro que cuando lo recibieron lo enviaron a la papelera sin más, pero la juez que vio el caso les venía a decir, a los encopetados letrados, que demonios hacían en el juzgado si cuando tuvieron ocasión, antes de que se publicara, no dijeron nada. A todo esto añadía que la documentación aportada acreditaba lo publicado. Explico este episodio para poner de manifiesto que aunque ganamos judicialmente perdimos económicamente. No nos dieron el beneficio de las costas y nos empobreció toda vía más de lo que estábamos.

El Santander y el BCH no estaban satisfechos con esta resolución judicial y volvieron a la carga. Tenían que ganar a toda costa por lo recurrieron la sentencia. Vuelta a empezar, más gastos, más problemas y empezaron a sacar la artillería de los grandes males que se le habían infringido, centenares, miles de millones de pesetas en supuesta baja de la cotización de las acciones. Un perjuicio multimillonario que se salía del mapa. Era cierta la promesa que nos anticiparon de condenarnos a las penas del infierno. La intimidación vino de todas partes y aguantamos el chaparrón. Cuando llego la hora de la sentencia el tribunal me condeno al pago de una peseta, una puñetera peseta. Todos los multimillonarios daños, incluido el derecho al honor del presidente del BCH, José María Amusátegui, valía una triste peseta. Vuelta a lo mismo, ganamos pero perdimos en esta ocasión el Santander y el BCH podían decir, que era un bocazas y le condenaron por embustero. Evidentemente lo de la peseta, la puñetera peseta ni una palabra. No me dio la reputa gana de pagarla y recurrí al Tribunal Supremo.

Creo que soy el primero y el único que ha recurrido al Tribunal Supremo por la disputa de una puñetera peseta. Ahora ya no se puede llegar a tan alto tribunal por algo cuantitativamente tan ridículo. Mi intención se sostenía en que jueces del Supremo se tuvieran que pronunciar sobre el contenido del artículo que era irrefutable: El Central Hispano falseó su contabilidad para ocultar pérdidas. El banco se aprovechó de los accionistas de Dragados al transferirles las mismas. Nada de nada, me enviaron con viento fresco y que si no quería pagar la puñetera peseta que no la pagara. Así hemos ido. Quizás se me ha hecho demasiado larga esta explicación, pero creo que a quien le pueda interesar le ilustra las truculentas vicisitudes que se pasan si alguien se atreve a decir la verdad. Poderoso caballero es Don Dinero. Para tribulaciones las que vienen a continuación.

Las petroleras no cumplen con el sistema fiscal previsto por ley. El impuesto sobre la gasolina se camufla con los ingresos propios provocando opacidad. Resulta que estos señores encopetados de las petroleras ocultan y camuflan el impuesto sobre carburantes recaudado entre sus propios ingresos. Esta argucia, intencionada, de soslayar la ley pone de manifiesto que no todo el impuesto recaudado llega a las arcas de Hacienda. He dejado este relato, de las investigaciones periodísticas, en último lugar  pese a que ocupó el primero en mis preocupaciones después de meterme en innumerables charcos. El episodio lo viví como la confirmación de lo que me aconsejaban amigos y familiares que conocían mis andanzas por las cocinas del Estado: olvídate de todo esto, no acabarás bien. Será por inconsciencia o porque uno a nacido así, no tenía la percepción de enfrentarme a ningún peligro que afectara a mi integridad física.  Tuve ocasión de cambiar de opinión por la vía rápida. Algo ocurre con el petróleo, la gasolina, los impuestos y la confraternización de los políticos y la clase dominante del poder económico. En un post daré los detalles de esta investigación, aquí puedo adelantar que hay un fraude descomunal con los impuestos que se pagan por el consumo de carburantes. Las grandes empresas del sector como Repsol y Cepsa se benefician, en primera instancia, del saqueo a los bolsillos de la ciudadanía motorizada.

Me llamaba poderosamente la atención ver como los precios de la gasolina no paraban de crecer y además, la razón que se daba para aplicar esos aumentos radicaba siempre en el precio del crudo de petróleo cuando tan sólo era uno de los ingredientes contenidos en el precio final y no el más importante. Empecé por revisar con detalle los balances contables de Repsol, por ser la petrolera más grande del país, y no tardé en toparme con algo raro, a la vista de cualquiera. Para la petrolera Repsol, la sociedad matriz, el Impuesto sobre Sociedades que grava los beneficios empresariales con un 35% resultaba que era todo lo contrario: representaba un ingresos de miles de millones de pesetas ejercicio tras ejercicio. Los balances estaban inscritos en el Registro Mercantil y tenían el visto bueno del auditor. Sobre el asunto no pude sacar el agua clara a pesar que me moví por todos los estamentos con competencia sobre el asunto y removí cielo y tierra.

Conforme me iba encontrando con una muralla protectora, más me convencía de que algo raro ocurría con los dineros recaudados por el consumo de carburantes, incluido el impuesto aplicado por litro. Llegue hasta la Secretaria de Estado de Hacienda donde la sola mención del contribuyente cierra la puerta a cualquier cuestión que se pueda plantear sobre el particular. La Agencia Tributaria, ni el Ministerio de Hacienda no pueden facilitar información nominal sobre los contribuyentes, pero cuando se plantea como una generalidad tampoco hay respuesta. Todo lo más que pude sacar es que el fenómeno de que el impuesto fuera un ingreso se debía a “la deducción por doble imposición”, un rollo que no me trague ya que no había datos suficientes que lo corroboraran. En tan elevado santuario de la tributación me trataron como un bicho raro. Me quedé con la copla: “Aquí no ha venido nunca nadie preguntando estas cosas” –literal- pero la magia de una contabilidad en holding aplicando la ingeniería financiera transforma lo blanco en negro, equivalente a cobrar en vez de pagar.

Como no me quedé satisfecho con la respuesta de los altos funcionarios responsables de la recaudación de los miles de millones que Repsol debe ingresar al Erario público, continué inducido por la reflexión, totalmente lógica, que si con la tributación visible, la que figura en los registros públicos, pagar es cobrar que no habría en el mecanismo de la recaudación del impuesto que va ligado a los carburantes. Oh! Sorpresa, o no tanta visto lo visto. Junto con la privatización del monopolio de Campsa, también se privatizo el mecanismo que grava los carburantes. A la Compañía Logística de Hidrocarburos, propiedad de las petroleras que actúan en el mercado español, el sistema legislativo vigente le asigna el papel de depósito fiscal, siendo esta empresa la que tiene la obligación fiscal de ingresar el impuesto a Hacienda. La ley no se cumple y es la industria petrolera la que mezcla contablemente entre sus ingresos propios los que provienen como impuesto recaudado. No hace falta decir que la sospecha de que todo lo recaudado no llega a las arcas de Hacienda va más allá de una presunción. Con todo lo investigado completamos en La Banca 12 páginas en un dossier con el titulo El dinero del petróleo y llegó la tormenta perfecta.

A los pocos días de la publicación, se presentó en la redacción un individuo que insistía en verme, residía en Madrid y estaba de paso por Barcelona y este era su argumento para presentarse sin más. Me felicitó, muy efusivamente, por el articulo sobre las petroleras dándome la razón en todo, pero su interés se concretaba en conocer como había llegado la información a mis manos. No debió creer ni una palabra de lo que dije sobre que no había ninguna “garganta profunda” de por medio, que todo eran datos obtenidos de mover una montaña de papeles, balances contables, memorias societarias y registros públicos. Unos días más tarde recibí una carta de este individuo. Bajo un tratamiento de “Querido amigo” y que todo era por mi bien me aconsejaba de evitar tribulaciones que conducirían, inevitablemente, a un mal final. El cabrón, implícitamente me estaba amenazando: “sería mejor que te dedicaras a los bancos … hasta que te dejen”. A continuación, todo seguido, una vuelta de tuerca más.

Me llama por teléfono un individuo y me pide una reunión urgente, tiene una información, muy trascendente, que facilitarme. Ya tenía la mosca detrás de la oreja y no quise que viniera a mi despacho, lo cité en la terraza de una cafetería del Paseo de Gracia, a pocos metros de la redacción, siempre concurridas de público. Se presentó con un tipo corpulento, ambos bien vestidos, con pinta de ejecutivos, el que me había llamado por teléfono era delgado como un alambre. El que llevaba la voz cantante, el corpulento, tenía cierto acento extranjero que no fui capaz de definir, la cara con algo de viruela y un gran bigote. De facilitarme información nada de nada todo lo contrario me la exigía. Este es el término adecuado: exigir. Estaba empecinado en saber de donde había conseguido la información “del petróleo”, más exactamente de quien. Los modales y la pose eran estudiados para que la intimidación fuera explícita. Para ser sincero, fui aguantando el tipo teniendo en cuenta que estábamos rodeados de gente, hasta que el muy cabrón me pregunto:

  •             -¿Tú sabes quien soy?
  •             -Ni idea, ni me importa -conteste.
  •             -Te tendría que importar porqué soy el liquidador.

No sabría decir la sensación que tuve en aquel momento pero está relacionada con el pánico, todas las recomendaciones y advertencias sobre como iba a acabar se agolparon en mi mente. Me imploré a mi mismo calma, no se por qué demonios estaba convencido de que ese tipo, con cara de turco, iba a dispararme. Me miraba fijamente a los ojos a través de unas gafas de sol con vidrios ahumados y yo le sostenía la mirada. No se me ocurrió otra cosa que decirle:

  • -¿Te crees que soy tan imbécil como para venir aquí con el culo al aire? Si hago un movimiento convenido, te puedo asegurar que no tenéis tiempo de reaccionar.

El esmirriado, que estaba sentado a su lado le dijo:

  • -No le iras a creer, se está tirando un farol.

El del bigote descomunal –después pensé que era postizo- me seguía mirando fijamente a los ojos y le aguante la mirada. Después de unos segundos que me parecieron una eternidad, sin decir nada se levantó y el esmirriado lo siguió. Lo descrito puede parecer una escena de una mala película de agentes secretos. Pero por ahí va la cosa.

Si pretendían asustarme, a fe que lo consiguieron. En cuanto pude, me puse en contacto con el jefe de una importante agencia de detectives. Me debían un favor y este era el momento de cobrarlo. Le puse en antecedentes, rastrearon la redacción, con un escáner, en busca de micrófonos ocultos, siguieron la pista de la carta: no había otras huellas que no fueran las mías, la dirección de Madrid no existía. Habían llamado desde un teléfono público, y por la descripción personal los individuos no eran conocidos. Nada de nada, pero los detectives de la agencia clasificaban el episodio como la “amenaza fraternal”. Primero se presenta alguien con recomendaciones, después el escrito, ya mucho más explicito para luego pasar a la intimidación para que sepas que están ahí y que eres su objetivo. Después o blanco o negro. No comente nada con nadie, ni tan siquiera con mis compañeros. Pasó un mes, y en uno de mis habituales desplazamientos a Madrid, un periodista amigo estaba dispuesto de hacerme una confidencia bajo secreto de confesión. Había oído a sus jefes, de un diario de difusión nacional, hablar de mí, se debatían entre la opinión de uno que manifestaba que era “un terrorista de la información y que le habían enviado un recado” y otro que de buena tinta aseguraba que “pertenece a las fuerzas de seguridad del Estado”.

No hacia mucho que otro periodista había publicado un libro en el que me dedicaba un par de páginas y, muy ufano, aseguraba que trabajaba para la seguridad del Estado desbrozando asuntos muy delicados para la fiscalía. No era cierto, pero tratar de decir lo contrario a este tipo de manifestaciones no hay nadie que te crea. Algo debió de pasar por la cabeza del bigotudo, mientras le aguantaba la mirada, o algo le barruntaba que a quien intimidaba fuera de verdad de las “fuerzas de seguridad del Estado”. Un sanbenito que cuando te lo ponen es difícil de sacar. Todo lo ocurrido incrementó mi convencimiento de que el asunto de las petroleras esconde algo que no quieren que se sepa. Hay indicios de que altas personalidades, entre ellas el Rey, por decirlo de la mejor manera “cobran gratificaciones” les parece que queda mejor que vulgares “comisiones”. Pero cobrar, cobran mientras nos expolian en la gasolinera. Reitero mi compromiso de un post sobre este asunto.

Fuente:  http://ataquealpoder.wordpress.com/

Un par de videos para los que les gustan los toros y piensan como el ganadero Juan Pedro Domencq

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¡FELICES FALSAS FIESTAS DE NAVIDAD AMIG@S! QUE AUNQUE FALSAS, SON FIESTAS Y HAY QUE PASARLO BIEN

Feliz Saturnalia… digo Navidad.

Mil disculpas a ustedes amables usuarios… me confundo con la festividad
navideña y con la Saturnalia. Es que, ustedes saben lo que dice el
dicho… “Lo importante no es llegar, sino llegar de primero” de ahí mi
confusión. Porque “Casualmente” coinciden en estas fechas la antigua
festividad romana con la más reciente celebración de la Natividad.

Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran una importante festividad
romana. El Sol Invencible (Sol Invictus) era otro de los dioses
favoritos, cuyo nacimiento se celebraba el 25 de diciembre. Se las llegó
a denominar “fiesta de los esclavos” ya que en las mismas, los esclavos
recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas; eran como
Navidad y Carnaval al mismo tiempo. El Cristianismo de la antigüedad
tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando
sustituirla. ¿Adivinen por cual fiesta Cristiana?

Las Saturnales se celebraban en honor al dios Saturno, (La fiesta del
triunfo)

Se celebraban del 17 al 23 de diciembre en honor a Saturno, Dios de la
agricultura, a la luz de velas y antorchas, se celebraba el fin del
período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o
nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la
entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de Invierno).

Probablemente las Saturnales fueran la fiesta de la finalización de los
trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de
invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia
campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del
esfuerzo cotidiano.

Cuando las tareas en el campo se terminaban y llegaba la noche más
larga, los romanos se relajaban, colgaban la toga en el armario, se
vestían de forma informal y se olvidaban por unos días de las reglas que
les oprimían durante el resto del año. Todo empezaba en el templo de
Saturno, con un estupendo banquete (lectisternium) y al grito
multitudinario de “Io, Saturnalia”.
Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de
regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de
Saturno (en principio el Dios más importante para los romanos hasta
Júpiter), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de
Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el
mundo. Los romanos asociaban a Saturno con el dios prehelénico Crono,
que estuvo en activo durante la edad de oro de la tierra. Durante las
Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus
obligaciones y sus papeles cambiados con los de sus dueños.

Oficialmente se celebraba el día de la consagración del templo de
Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y un
banquete público festivo. Pero esta fiesta era tan apreciada por el
pueblo, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días,
del 17 al 23 de diciembre. Las autoridades estatales se vieron obligadas
a atender a la costumbre popular, visto el fracaso que supuso intentar
reducir a 3 ó 5 días de celebraciones. A finales del siglo I, las
vacaciones judiciales se prolongaron definitivamente a cinco días.

En las fiestas Saturnales, los romanos amigos y familiares, se hacían
regalos como los que se hacen en la fiesta de la Navidad, ya que la
Navidad está basada en las fiestas Saturnales. Estas fiestas estaban
dirigidas por un sacerdote, que cambiaba según el dios al que se le daba
culto, el sacerdote se elegía en un colegio de sacerdotes..
Pero, como ocurre ahora con la Navidad, también había quien no quería ni
oír hablar del tema: Plinio el Joven (63-113) cuenta que se aislaba en
unas habitaciones de su Villa Laurentina: “Especialmente durante la
Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa por la licencia de
las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo
los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”. Cicerón
(106 a.C-43 d.C) también se refugiaba en su casa de campo.

Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el
pelo, portando velas encendidas en largas procesiones. La Saturnalia era
una ocasión para visitar a los amigos y parientes e intercambiar regalos.

Lo tradicional era regalar fruta, nueces, velas de cera de abeja y
pequeñas figuritas hechas de terracota

Quizás lo más curioso era el intercambio de roles: los esclavos actuaban
como amos y los amos como esclavos. Incluso se les dejaba usar las ropas
de su señor. Ese trato era temporal, por supuesto. Petronio (396-455)
hablaba de un esclavo imprudente que preguntó en algún momento del año
si ya era diciembre.

Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser
los jefes de la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la
Saturnalia, o Señor del Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de
mentira” presidía las fiestas, y se le tenía que hacer caso, por muy
extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes.

Durante las fiestas se cerraban las escuelas, los tribunales y las
tiendas, se paraban las guerras, se liberaba a los esclavos, y los
romanos cometían todo tipo de excesos con la bebida y la comida.

Era la fiesta de la libertad y la desinhibición, y se organizaban
juegos, bacanales, bailes de máscaras y espectáculos desenfrenados que
estaban prohibidos el resto del año. Los cristianos utilizaban el
término “saturnalia” cuando querían decir orgía.
Al final de la Saturnalia, el 25 de diciembre, se celebraba el
nacimiento del Sol Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol
invencible) personificado en el dios Mitra. Aunque el culto a Mitra
tenía orígenes persas, se convirtió en la religión dominante en Roma,
especialmente entre los soldados.

Después del día 25, empezaba el festival de Sigillaria, dedicado, sobre
todo, a hacer regalos a los niños: anillos, muñecos de terracota,
sellos, tablas de escritura, dados, pequeños objetos, monedas, y,
¡bolsas llenas de canicas! Hay muchos bajorrelieves y documentos que
reflejan a los niños romanos jugando a las canicas durante la Saturnalia.

Durante estos días, se decoraban las casas con plantas verdes, se
encendían velas para celebrar la vuelta de la luz, y se colgaban figuras
de los árboles. Pero no metían árboles dentro de casa. Los romanos sólo
adornaban los que estaban plantados en la tierra. La tradición del árbol
de Navidad tiene sus orígenes en el siglo XVI.

*Legalización Cristiana*

Hacia la época del Emperador Constantino I (272-337), el cristianismo
había avanzado muy poco y Roma era predominantemente pagana. El
mitraísmo era la religión dominante y el cristianismo era ilegal. Pero
Constantino I cambió las cosas después de tener una visión, antes de una
batalla, en el año 312. Se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar
de rendir culto a los dioses paganos de Roma.

Por ejemplo, uno de los dioses romanos más populares era el Deus Sol
Invictus, y los romanos lo adoraban un día a la semana, el Dies Solis
(como en inglés, “sunday” = “día del sol”). Constantino, que era sumo
sacerdote en el culto a Sol Invictus, decretó que ese día fuese también
jornada de descanso y adoración para la los cristianos. En el año 321, Constantino legalizó el cristianismo, y declaró que el
día del “nacimiento del sol invencible”, que se celebraba el 25 de
diciembre, debía ser considerado como una nueva fiesta cristiana para
celebrar el nacimiento de Cristo. Con estas tácticas, no se alteraba el
calendario romano, y las tradiciones paganas se fueron adaptando al
cristianismo.

En el 350, el papa Julio I reconoció oficialmente el 25 de diciembre
como la Fiesta de la Natividad.

La Navidad llegó a Egipto hacia el año 432, y a Inglaterra al final del
siglo VI. Alcanzó los países nórdicos a finales del siglo VIII.

En la actualidad, los cristianos occidentales lo celebran el 25 de
diciembre pero los ortodoxos lo hacen el 6 de enero, basándose en las
referencias de un académico griego, Clemente de Alejandría, que a su vez
escribió sobre otro maestro griego, Basillides, que dijo que Jesucristo
nació el 6 de enero. Clemente se refiere a la Fiesta de la Epifanía, que
en España se celebra como el Día de los Reyes Magos.

Los primeros estudiosos cristianos, como el teólogo Orígenes (185-253),
condenaban la celebración del nacimiento de Cristo “como si fuese un
faraón”. Decía que sólo se festejaba el nacimiento de los pecadores y no
de los santos. Hoy, algunos grupos fundamentalistas, como los testigos
de Jehová, no celebran la Navidad, por su origen pagano. Tampoco los
cumpleaños, por cierto.

Todavía hoy, muchas culturas celebran el solsticio de invierno. Para los
pueblos indígenas, como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la
llegada de estas fechas coincide con la tradición de agradecer por el
año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza después
de su retiro invernal.

La Saturnalia y las fiestas en torno al solsticio de invierno trataban
de la familia, la fertilidad, el cambio, la renovación, la protección,
el nuevo ciclo. Diciembre siempre has sido una época para la rebelión,
la celebración, la esperanza. Sería una buena idea adoptar algunas de
esas tradiciones paganas que se han perdido por el camino. Por ejemplo,
el intercambio de papeles: con los niños, con los empleados, con los
alumnos,… Frances Bernstein, en su libro Classical Living:
Reconnecting with the Rituals of Ancient Rome, dice: “¡Agita las cosas
un poco! ¡Haz lo inesperado! Porque estas acciones pequeñas recuerdan el
espíritu de la Saturnalia y tienen importancia religiosa, al conectarnos
directamente con la Naturaleza”.

Amigo Creyente Lector; hay dos buenas razones para considerar nuestra
tradicional celebración de la Navidad como una farsa más de los
manipuladores habituales de las masas como lo son la religión y la política:

- Es muy probable que Jesús nunca existió de forma histórica, por lo que
toda esta celebración es falsa y sin fundamento.

- La celebración de la fiestas navideñas no es más que un simple copia o
adaptación de una fiesta pagana romana en honor al Dios Saturno; y que
la religión convirtió convenientemente en una fiesta Cristiana.

Pero amigo lector no me malinterprete. No estoy en contra de celebrar
estas fiestas (estoy en contra de los motivos); Creo que cualquier
pretexto es bueno para celebrar en familia y compartir regalos, abrazos
y buenos deseos. Simplemente debemos tener bien clara la naturaleza de
lo que celebramos.

Por esta razón le deseo a usted que lee estas líneas que disfrute al
máximo estas fiestas; lleguen estos deseos a su familia y seres
queridos. Que las personas que han leído algún artículo de este sitio y
más aun las que nos siguen y comentan, que tengan unos días de
acercamiento y reflexión, y sobre todo de descanso y renovación. Les
deseo de corazón lo mejor en estos días de festividades.

¡Io Saturnalia! ¡Ave Sol Invictus! ¡Feliz Navidad!… perdón, perdón de
nuevo… es la costumbre…

¡Felices Fiestas!

Fuente: http://www.taringa.net/posts/info/8499388/Feliz-Saturnalia___-digo-Navidad_.html

Y aqui os dejo un video de un servidor hecho por los compañeros de Punto Radio: “La Nit del La nit de l’ornitorrinc

EDUARD PUNSET, la prueba definitiva de su doble juego: alineado totalmente con la élite y su objetivo de instaurar el Nuevo Orden Mundial

Eduard Punset Nuevo Orden Mundial

Sin comentarios… solo una imagen:

PEPSI usa restos de FETOS HUMANOS como edulcorante, ¡¡¡Y lo admiten!!!

Intereconomía, en su programa ‘Ciencia con paciencia’, informa que Pepsi usa restos de fetos humanos abortados para edulcorar sus productos.

A nosotros ésto no nos sorprende, puesto que a partir de nuestros estudios e investigaciones con respecto a las tóxicas y peligrosísimas VACUNAS, sabemos que la industria de la gran farma usa FETOS HUMANOS ABORTADOS para fabricar sus dañinas vacunas. Sólo basta leer la composición de las vacunas en los mismos folletos informativos que entregan sus fabricantes: “TEJIDO DIPLOIDE HUMANO”

La industria también usa FETOS HUMANOS ABORTADOS para producir sus productos cosméticos. Todo esto nos lleva a otra gran aberración: al ser MATERIA PRIMA, ha de haber una fabricación permanente de éstas. Pero en este tema nadie se pronuncia. A la producción, uso y abuso de animales para la industria farmacéutica, de cosméticos y alimentos, no se le presta atención, salvo con éste tipo de denuncias.

¿Y dónde están los férreos defensores de la vida? 

Consideramos que si se acepta VACUNAS, tanto como si se compra alimentos, bebidas y cosméticos que usen estos FETOS HUMANOS ABORTADOS, se está avalando esta práctica y, por lo tanto, se es CÓMPLICE de esta verdadera mafia de la que no se habla, la del tráfico de órganos, fetos y seres humanos en este planeta.

¿Y usted qué hará al respecto?

Fuente: http://detenganlavacuna.wordpress.com/2011/11/13/fetosabortados/

Desenmascarando a Al Gore y a todos los gobiernos e instituciones que estan detrás de la Gran Mentira del Calentamiento Global

Al Gore Farsante

Claro que ya no lo llaman “Calentamiento Global”, se habian quedado demasiado en evidencia tras los ultimos inviernos batiendo records de “los mas frios del siglo”, asi que ahora lo llaman “Cambio Climatico”.

Era curioso ver a Al Gore, quien no quiso firmar el protocolo de Kioto cuando era vicepresidente USA, dándo conferencias en España y otros paises aleccionando moralmente al mundo con su documental: “Una verdad inconveniente”. Muchos nos lo tragamos, pero algo no cuadraba. Bien… ahora el que quiera ver las motivaciones reales de este elemento, perfectamente alineado con los objetivos de la Elite y su Nuevo Orden Mundial (NWO), que vea este documental y lo verá perfectamente claro.

Bienvenido a la Realidad

Mas informacion sobre la Gran Mentira del Cambio Climático:
http://www.cienciayespiritu.com/Tematicas_Ciencia_Espiritu.php

La Asociación de Autores de Pilar Bardem multada con 600.000 euros por prácticas monopolísticas

Pilar Bardem

ISGE son las siglas de Artistas e Intérpretes Sociedad de Gestión, una entidad con permiso para recaudar y gestionar los derechos de “comunicación pública” de actores, dobladores, bailarines y demás habitantes del mundo de la farándula. Su presidenta es Pilar Bardem.

Como la SGAE, AISGE opera en régimen de exclusividad desde 2005, es decir: ellos y sólo ellos son los que imponen las tasas y diezmos a las salas de exibición. Y como operan “en exclusiva”, imponen las tasas que quieren.

Y por eso desde la Comisión Nacional de la Competencia han sancionado a AISGE con una multa de más de medio millón de euros (627.855), ya que la CNC considera que las prácticas de AISGE son un abuso de su posición de dominio.

En el expediente, iniciado por una denuncia de la Federación de Cines de España (FECE) debido al aumento de las tasas que éstos debían pagar a la entidad de gestión. Pasaron del 0.8% de la recaudación al 1.5%, de la noche a la mañana y por el “Artículo 27” (el que reza “por que yo lo valgo”).

Pero la denuncia de la FECE va más allá, ya que aseguran que la entidad de gestión de los derechos de los actores españoles tiene firmado un convenio de reciprocidad con otra entidad de los Estados Unidos de América, por lo que también “gestiona” los derechos de los autores gringos. En FECE tienen sus dudas sobre si lo recaudado por ese concepto llega de verdad al otro lado del Atlántico.

Y para echar más leña al fuego, ésta no es la primera vez que AISGE ejerce su posición monopolística, cosa que ha influido en la cuantía de la sanción económica por parte de la Comisión de Competencia, que ya en 2010 informó de las prácticas monopolítsicas de varias entidades de gestión de derechos, entre ellas AIGSE.

Hace pocos días, el señor Macho, presidente de la Academia del Cine Español (o de la Academia Española de Cine), tildaba a toda la sociedad civil digital española de delincuentes. Y se quedó tan ancho.

Macho se refería a la decisión de no aprobar el Reglamentazo Sinde durante los últimos Consejos de Ministros en Funciones, aunque él no lo achaca a cumplir con la ley, si no al miedo del Gobierno (en concreto del ya ex-presidente Zapatero) a “la delincuencia de Internet”.

El presidente Macho sigue con la cantinela del “expolio que sufre el mundo de la cultura”. Según sus cálculos, “el mundo del cine” español pierde 1.700 millones de euros por culpa de la mal llamada piratería, que “resta público a las salas de cine” y “roba el pan a los artistas”.

Visto lo visto, aquí quien se está aprovechando de todos, artistas y ciudadanos, son las entidades de gestión, dirigidas por viejos iconos del pasado. Algunas incluso tienen procesos judiciales abiertos por casos de corrupción y financiación ilegal de partidos políticos. Otras, como AISGE, reciben multazos por prácticas monopolísticas que aprietan aún más las tuercas a un sector que ya tiene muchos competidores.

Tanto la señora Bardem como su colega Macho harían bien en espabilar en hacer lo que dicen que hacen, que es defender a los autores y creadores, en vez de sangrar a los cines y llamarnos “delincuentes” a nosotros, los ciudadanos.

Por su parte, los autores y creadores también harían bien en despertar de una vez y ver que con esos viejos fantoches del pasado que, no sólo no comprenden lo nuevo, si no que no tienen ningún interés en ello, no tienen futuro. Ponerse a los clientes en contra no tiene futuro.

Pero si siguen quejándose de pérdidas, igual deberían ir a preguntar a Bardem a ver dónde van a parar los royalties que se cobra la AISGE. Con personas como esas al frente, no deberían quejarse sobre la pérdida de espectadores del cine español. Si a mi se me llaman ladrón, no esperen que luego vaya a ver su trabajo, y encima pagando.

Foto | fabricadecosas

Fuente: http://www.nacionred.com/lobbies-pi/la-asociacion-de-autores-de-pilar-bardem-multada-con-600000-euros-por-practicas-monopolisticas

Desenmascarando a Eduard Punset

A Eduard Punset se le ve mucho por televisión últimamente. Este abogado, profesor, filósofo y escritor ya tenía su programa, Redes, que se emitía una vez por semana en La 2 de TVE, pero arrasa entre la franja mayoritariamente joven de los telespectadores de nuestro país gracias a sus apariciones mensuales en el espacio de humor de Andreu Buenafuente en La Sexta. [En el momento de publicar esta entrada, afortunadamente el programa de Andreu ha dejado de emitirse.] Además, sus últimos libros son todo un éxito de ventas, llevándose su trilogía “Viaje a las emociones” el primer puesto entre sus obras más conocidas y leídas.

Punset mantiene encandilada a su audiencia -el ciudadano medio, perteneciente a la clase media y de mediana edad- utilizando, además de una personal mezcla de científico loco y viejecito afable, todas sus teorías sobre cómo conseguir la felicidad en un mundo cada vez más tecnológico y aséptico, donde el concepto material cobra cada vez más importancia, pero la sociedad se olvida de lo realmente importante: ser felices, o al menos tratar de serlo.

Muchísima gente lo considera un ejemplo a seguir, el científico o profesor que todos quisimos tener, el abuelo filosófico que razona todos nuestros problemas, e incluso el político ideal, fiel a sus principios y coherente con sus ideales. Yo desde aquí no voy a atreverme a contradecir a la audiencia televisiva de este país, ni mucho menos a nuestra masa de lectores consumidores de vacuos ensayos de cocina rápida o revistas comerciales llenas de anécdotas científicas. Pero sí voy a dar algunos datos que pueden ser de interés.

Eduard Punset comenzó su relación con los Estados Unidos muy pronto. Cursó su bachillerato en un instituto de Hollywood, antes de volver a España para estudiar Derecho en Madrid, lo que no le quitó tiempo para ser en esta época militante del Partido Comunista de España en la clandestinidad. Pero se ve que la moda de ser un rebelde progre pesó poco a la hora de encaminar su futuro académico, y se fue a completar su formación como economista a la Universidad de Londres y, posteriormente, a la École Pratique des Hautes Études en París. Hay que decir que esta universidad estaba por entonces financiada por la norteamericana Fundación Ford, es decir, un rescoldo superviviente del conocido Plan Marshall. Esta fundación nació como una ONG, aunque infinidad veces ha sido vinculada con acciones directas del Gobierno de los Estados Unidos, e incluso con la CIA. No hace falta decir que una universidad financiada con los fondos de una organización como esta no puede inculcar en su alumnado unos valores de corte progresista. Pues bien, en esa institución se formó el Punset economista, que sacó buenos réditos de su paso académico por la Gran Bretaña cuando consiguió que la BBC lo fichase como redactor en su sección de economía. Poco más adelante entró en nómina del diario financiero y político británico The Economist, concentrándose en su sección para América Latina. Este diario, que nunca firma ninguno de sus informes o artículos, pertenece al influyente The Economist Group, y posee un par de ediciones (Roll Call y European Voice) expresamente editadas y redactadas con el ideario neoliberal que deben leer -y seguir- los políticos de Washington y Bruselas, además de un potente departamento de estrategia geopolítica que asesora a inversores privados para invertir en países tercermundistas de África, América y Asia, siempre en base a los análisis y especulaciones de The Economist, esas que nunca son firmadas por sus autores. Pues bien, Eduard Punset fue redactor economista de este diario entre 1967 y 1969.

Su trabajo y su papel en el FMI

Está claro que su época de redactor en The Economist fue una simple puerta de entrada a las altas esferas del mundo financiero internacional. Y de esta manera, Punset dejó su trabajo en el diario británico para mudarse a Estados Unidos a trabajar en el Fondo Monetario Internacional. Esta organización le daría trabajo durante cuatro años (1969-1973), gran parte de los cuales los pasó destinado en Haití. Este pobrísimo país antillano en 1970, aunque parezca mentira y a pesar de todos sus problemas, todavía era autosuficiente en materia alimentaria. Pero eso era algo que no le convenía al vecino norteamericano, y Washington mandó al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y al FMI, con altos funcionarios como Eduard Punset, ponerse manos a la obra para cambiar la situación. Mientras Punset compartía mesa y mantel con el dictador y genocida “Bébé” Doc en sus palacios, negociaban la forma de que Haití adoptase medidas tales como eliminar la subvención estatal a la producción de arroz haitiano, y bajar un 66% el arancel impuesto a la importación de arroz extranjero. Instantáneamente el arroz estadounidense-que sí estaba subvencionado por Washington- abarrotó el mercado de Haití, dejando a los campesinos del país sin una de sus escasas fuentes de ingresos, y desbaratando la producción alimentaria del país volviéndola dependiente del comercio exterior. A raíz de esto comenzaron las migraciones masivas de campesinos durante los años setenta hacia la capital, Port-au-Prince, con la consiguiente creación de ghettos y barrios de chabolas, y el que ahora Haití se haya convertido en una cloaca de productos agrícolas, avícolas y piscícolas norteamericanos de baja calidad fue causado por medidas como aquella, y todas las que le siguieron, como la de la eliminación -a instancia del FMI- del casi millón y medio de cabezas del resistente cerdo autóctono para luego comprar y mantener una raza de cerdo estadounidense, delicada y necesitada de exigentes cuidados alimentarios y veterinarios. Pero eso ya es otra historia…

Un hábil político “a la española”

Con la muerte de Franco, Punset vio la oportunidad de introducirse en el mundo de la política sin tener que ensuciarse las manos con la Dictadura, y su estrategia para el ascenso y su gran gestión del tempo político se pone de manifiesto en cada uno de sus cargos, siempre dentro de partidos de la derecha liberal española. Se une inicialmente a la formación Centristes de Catalunya-UCD y ya en 1978 es elegido conseller de Economía y Finanzas de la Generalitat de Catalunya, en 1980 es diputado en el Parlament de Catalunya, y en ese mismo año pasa a ser Ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas, cargo que ocupa hasta el año siguiente, 1981. Es en ese año cuando abandona la UCD para unirse a CiU y presentarse como nº 2 de ese partido a las Elecciones Generales de 1982, consiguiendo un acta de diputado en el Parlamento. Lo deja un año después. Es ya 1985, y de la mano de Adolfo Suárez se integra en el CDS, donde consigue ser elegido eurodiputado en el Parlamento Europeo en las Elecciones Europeas de 1987 y de 1989. Abandona el CDS en 1991 para crear su propio partido, Foro, pero completa su período de europarlamentario quedándose con su escaño -y su sueldo- como eurodiputado independiente hasta 1994, cuando se vuelve a presentar esta vez como cabeza de lista de Foro.

Etapa de intervención en Europa del Este

Economista, neoliberal y europarlamentario: Eduard Punset tenía todas las características para colaborar en el desmantelamiento de las infraestructuras socialistas de los países de Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín. Y así fue, como presidente de la delegación del Parlamento Europeo en polonia, su “sede” estuvo en Varsovia, pero su influencia alcanzó a todos. Esos países satélites de la Unión Soviética se vieron sometidos a una violenta penetración de agentes, políticos y asesores neoliberales ávidos de capitalizar aquellos grandes mercados. De la noche a la mañana, Punset y sus colaboradores desguazaron a lo bruto todo lo que sonara a “social”: sistema de educación pública, sistema sanitario universal, compañías estatales de ferrocarriles, de telefonía, las compañías eléctricas, las subvenciones alimentarias, subsidios a los combustibles y a la energía doméstica y un sinfín más. Gracias a “asesores” como Punset todo pasó de ser un servicio social a un mercado capitalista. Además de la cifra todavía no exacta de personas muertas que dejaron de recibir asistencia sanitaria -que nunca fue óptima, pero diez veces mejor de lo que hay ahora- y muchos otros servicios básicos y gratuitos, un elevado índice de mortalidad infantil, el descenso repentino de la esperanza y la calidad de vida, la potenciación de una ya creciente corrupción y el nacimiento del reino de las mafias, Polonia y los países vecinos le deben a Eduard Punset, al FMI, al Banco Mundial y a la Iglesia Católica la terrible desigualdad social existente hoy entre sus ciudadanos, la bajísima tasa de productividad de su sector primario (ahora fuente de empleo precario para el 15% de su población activa) o la deuda externa adquirida luego de “sanear” empresas estatales para venderlas al mejor postor, y crear las condiciones para que el país fuese rentable al FMI. Diez años después del “trabajo” de Punset, en el año 2000 Polonia tenía una deuda externa estimada en 44.000 millones de dólares. En 2009 la deuda externa ascendía a más de 243.000 millones de dólares, y sigue subiendo. Misión cumplida.

“Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga”

Últimamente Punset es aguerrido valedor de aquellos que claman contra los sueldos vitalicios de la clase política, sus privilegios y su gusto por el poder y la poltrona. Él difunde continuamente el valor de la ética y la moral en todos los aspectos de la vida como método para ser felices. Pues bien, habría que destacar que Eduard Punset, cuando abandona el CDS en 1991 siendo eurodiputado por dicho partido, pasa totalmente de la ética y de la moral, conservando su escaño -y su sueldo- de eurodiputado como independiente hasta las elecciones europeas de 1994. Eso sí, a estas nuevas elecciones se presenta con su pantomima “Foro”, integrado en CDS -con la incongruencia de que ese partido no le servía para él, pero sí para su propia formación-, aunque el resultado es desastroso y se queda sin poltrona, y sin sueldo. Como ese “partidito” sólo era una patraña creada para poder seguir al frente de su acta de eurodiputado, lo disuelve en 1995 y se retira de la política.

Sorpresas que da la vida (empresarial)

Un tipo con el currículum de Eduard Punset tiene que tener espacio en las grandes corporaciones. Así es de tal manera que tuvo un sueldo como asesor de la Fundación COTEC, organización creada en torno a la Corona de España, que aglutina a su alrededor a una Torre de Babel de los mundos aristrocrático, político y empresarial, tanto nacional como extranjero. Empresas como el banco BBVA, Telefónica, Vodafone, Repsol, Endesa, IBM, Iberdrola, ACS, Fundación Focus-Abengoa (con la cual Punset colabora a menudo) y muchas otras “cortan el bacalao” en dicha organización. También fue profesor consejero de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), centro académico privado de élite cuyo patronato está regido por la Compañía de Jesús, no en vano este centro es filial de la cristiana y católica Universidad Ramón Llull, de donde salieron y salen los grandes empresarios que han hecho de este país uno de los más punteros en Europa en temas como eficiencia y sostenibilidad del modelo productivo. Eduard Punset también ha sido Presidente del Instituto Tecnológico Bull, multinacional que se dedica al negocio de las nuevas tecnologías en sectores tan dispares como defensa, sanidad, transportes o energía. Otro de sus empleos fue como profesor de Innovación y Tecnología en el antiguo Instituto de Empresa (hoy denominado IE Business School) que pertenece a la IE University, universidad privada perteneciente a su vez a la Institución Internacional S.E.K.. Dicho Instituto de Empresa fue -por algo- declarado el mejor del mundo por el diario Wall Street Journal, el mismo cuya propietaria, News Corp. de Rupert Murdoch tiene como miembro de su Consejo de Administración a José María Aznar. También Punset fue presidente de la hidroeléctrica catalana Enher, desempeñó varios cargos financieros en el Banco Hispanoamericano y fue coordinador del Plan Estratégico para la Sociedad de la Información en Cataluña, trabajando hoy en día como profesor de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Facultad de Economía del Instituto Químico de Sarriá (perteneciente también a la anteriormente mencionada Universidad Ramón Llull), es director y presentador del programa de divulgación científica Redes, director de la revista “Redes para la Ciencia”, presidente de la productora audiovisual Smartplanet y miembro de los Consejos de Administración de Sol Meliá y Telvent

¿Qué es Telvent?

Telecom Ventures (Telvent) es una filial de la corporación española Abengoa, y es la cabecera de los negocios de esta multinacional en tecnologías de la información, estando especializada en productos, servicios y soluciones integradas destinados a los sectores de la energía, el transporte, el medio ambiente y las administraciones públicas. Telvent, que cotiza en el NASDAQ, facturó 177 millones de euros en el primer trimestre de 2009.

Esta multinacional para la que trabaja Eduard Punset se vio involucrada en un desastroso accidente mientras disfrutaba del expolio de los recursos de Venezuela a comienzos de los años noventa, en lo que se denominó como Tragedia de Las Tejerías. La Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV), la principal empresa nacional de telecomunicaciones venezolana, había sido privatizada en 1991 por el gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez, y sus nuevos propietarios -AT&T y Telefónica- contrataron a Abengoa para dotar las atrasadas infraestructuras de CANTV de una moderna red de fibra óptica. La ruta más “económica” que Telefónica y AT&T decidieron para el tendido de dicha línea era una que circulaba paralela a la Autopista Regional del Centro, que por razones geológicas era nudo de comunicaciones de otros ductos de agua, electricidad y gas, propiedad este último de Corpoven, filial de la por entonces también empresa privada Petróleos de Venezuela S.A. Al mismo tiempo en que se iban a realizar los trabajos de perforación de Abengoa, otra empresa privada llamada Proteca (filial contratista del Ministerio de Transporte y Comunicaciones) estaba trabajando en las inmediaciones, provocando enormes retenciones de tráfico en ese tramo de la Autopista, a tan sólo 60 km del centro de Caracas. La coordinación e información entre todas estas empresas falló estrepitosamente, y en la mañana del martes 28 de septiembre de 1993, a las 07:30 de la mañana, una excavadora de Abengoa perforó accidentalmente un tramo del gasoducto de Corpoven, provocando una terrible explosión en cadena, seguido de un incendio con llamas de más de 50 metros de altura que duró casi todo el día, y envolvió la autopista causando la muerte de 42 personas. Todavía hoy, la única indemnizada ha sido PDVSA, a la que Abengoa tuvo que pagar 14 millones de euros.

Abengoa y la Guerra del Agua en Bolivia

Pero no todo se queda en eso. Abengoa tuvo un papel más protagonista todavía en la tristemente famosa “Guerra del Agua” que se desató en Cochabamba (Bolivia) en el año 2000. Muchos de los créditos que los gobiernos bolivianos de los años noventa solicitaron al FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo iban sujetos a cláusulas como la que exigía la privatización obligatoria de la empresa municipal de suministro de agua (extracción, conducción, almacenamiento y comercialización) de la ciudad de Cochabamba, la tercera más poblada del país andino. La empresa a la que se le adjudicó este servicio público fue “Aguas del Tunari” (por entonces los socios mayoritarios eran con el 55% la estadounidense Bechtel & Edison, y con el 25% Abengoa). La táctica del FMI para Cochabamba dispuso que aquellos contratos de privatización del agua irían acompañados de condiciones como que, una vez privatizado dicho servicio, las nuevas tarifas deberían subir inmediatamente para todos los usuarios un 35% -los más desfavorecidos pagaron incluso un 45% más- y fueron ajustadas al curso del dólar estadounidense, además de dirigir el coste de nuevas instalaciones a los usuarios y otras medidas similares. Entre semejante subida de precio y su pago en dólares, se hizo evidente un enorme y repentino descenso del poder adquisitivo de la mayoría de la población de Cochabamba, endémicamente situada bajo el umbral de la pobreza. Al mismo tiempo, el gobierno de la ciudad puso en marcha una nueva ordenanza municipal según la cual quedaba expresamente prohibida, bajo pena de sanción económica, la recogida de agua natural de la lluvia, ni su obtención por cualquier otra forma de cooperativización del recurso natural, como venían haciendo los bolivianos ya desde tiempos de la civilización Inca, y que permitían el acceso al agua de forma equitativa a todos los ciudadanos.

Bajo estas condiciones de opresión neocolonial extrema, el conflicto no tardó en estallar: ante la insostenible situación social, las protestas y las huelgas, el ex-dictador y por entonces presidente de Bolivia Hugo Bánzer ordenó el Estado de Sitio en Cochabamba y envió a la policía a reprimir a la población. Tras terribles disturbios, con un saldo de al menos un muerto, casi doscientos heridos y el colapso de la ciudad, el gobierno se vio obligado a rescindir el contrato adjudicado a “Aguas del Tunari”. Un año después, en 2001, la corporación Bechtel, como socio mayoritario de “Aguas del Tunari”, y conjuntamente con Abengoa, demandó al gobierno boliviano por incumplimiento del contrato y reclamando una indemnización de 25 millones de dólares. En 2006 Bechtel retiró su demanda por inconsistente, pero adivinad ¿quién sigue reclamando los 25 millones de dólares? Por supuesto, Abengoa y Eduard Punset. Se estima que Abengoa invirtió unos 375.000 dólares en “Aguas del Tunari”, pero reclama 25 millones de dólares en daños y perjuicios a un país que tiene una deuda externa cifrada en casi 5.000 millones de dólares. Deberíamos saber que, para el Gobierno de Evo Morales, esos 25 millones de dólares suponen el sueldo anual de 3.000 doctores rurales graduados en La Habana, o el salario por un año de 12.000 maestros de escuela pública. Pero eso no le interesa a las empresas para las cuales Eduard Punset trabaja orgullosamente como consejero delegado.

Seamos felices

Es la máxima absoluta y final de las parrafadas de Punset: tratemos de ser felices. Todo su pensamiento y filosofía se quedan en eso. No estaría mal si todo a nuestro alrededor fuese de color de rosa. Escuchándole, parece que nos quejamos por nada. Y quizá sea cierto si nos comparamos con todos aquellos a los que este señor ha jodido -y jode- por todo el mundo. Porque, seamos sinceros, Eduard Punset tiene su porción de responsabilidad sobre todos esos muertos que lo fueron a causa de las hambrunas evitables en Haití desde los años ´70 hasta hoy en día, igual que tiene una buena parte de culpa en todas las penurias y miserias que sobrevinieron a los países del Este de Europa con su gran trabajo de implantación salvaje de su neoliberalismo más atroz, o la que se le puede atribuir de su actual desempeño en multinacionales que estrangulan a las naciones pobres y bloquean sin escrúpulos toda posibilidad de desarrollo. Pero todo esto no sería tan repulsivamente asqueroso si Punset fuese un Madoff, un Bush o un Aznar cualquiera: lo peor de todo es que, a ojos de don Pueblo, este señor sigue dibujándose como un ancianito venerable, filósofo, filántropo y adorable. Podemos seguir adorándolo cada vez que se ponga a decir sandeces por televisión, podemos ser felices, podemos ser hipócritas… pero nunca llegaremos al nivel de Eduard Punset

[P.D.: Por cierto, me acabo de enterar de que Abengoa fue una de las empresas extranjeras que más se benefició de los contratos con el gobierno de Gadafi, en Libia. Me gustaría buscar alguna entrevista de Punset hablando mal de él, o alguna de las entradas de su blog donde sataniza a este tipo de líderes políticos. Seguro que la encuentro.]

[P.P.D.: La encontré. Dice Punset: “Lo ocurrido en Libia es un vestigio de otra época y por eso ha herido la sensibilidad del pueblo llano; aquello no tiene nada que ver con el mundo de ahora, es el simple y triste reflejo de vestigios del pasado, del empeño con el que los que tenían algo defendían lo que consideraban suyo frente a los que no tenían nada.” Aquí os dejo el enlace esta entrada de su blog, titulada Tanto monta, monta tanto, la empatía como la sed.

Fuente: http://ideasteluricas.blogspot.com/2011/06/desenmascarando-eduard-punset.html

http://www.planetadelibros.com/usuaris/noticias/fotos/1/original/178_1_altaautorpunset.jpg

 

Eduard Punset, ¿divulgador o divagador?

Hace tiempo, una persona a la que aprecio mucho me regaló el libro de Eduard Punset titulado “El viaje al amor”. Y a las 15 ó 20 hojas leídas tuve que dejar de leerlo. Me pareció un discurso político. Espeso, confuso, demasiado seguro de lo que decía. Incluso mal escrito. Desde entonces está guardado en un cajón y no he vuelto a interesarme por Punset.

Pero recientemente alguien me pasó un enlace a una colección que va a presentar junto a un periódico, donde respondía a ciertas preguntas de lectores. Y eso hizo que este post fuera inevitable.

La primera empieza así:

Pregunta: ¿Por qué recomendaría leer los libros de la colección ‘Claves de la Ciencia’ que ofrece El Mundo desde el próximo domingo? ¿Están escritos para cualquier lector o hay que tener conocimientos previos sobre la ciencia?

Respuesta: A veces olvidamos la presencia inusitada del pensamiento natural en la vida cotidiana, quiero decir que, en la confrontación amorosa entre el pensamiento dogmático y el científico, la colección es un gran paso adelante. Hay muy pocos ejemplos de grandes eventos de divulgación científica, y esta colección justamente ha tomado en consideración la necesidad de conciliar entretenimiento y conocimiento.

¿Cómo te quedas? ¿Podrías explicar ahora con tus propias palabras qué significa la respuesta a tan claras y sencillas preguntas? Es decir, ¿por qué leer la colección y a qué publico va destinada? A partir de ahí plantéate si tu comprensión lectora es inferior a la de un niño de primaria o es que, realmente, Eduard Punset no ha respondido en absoluto a la pregunta.

Ésa es la tónica de Eduard Punset en toda su obra. La divagación, el ejercicio pseudoliterario gratuito, las contradicciones. Todas las cualidades opuestas a la ciencia y su divulgación.

Punset, abogado y economista, de profesión político

Creo que la gente no tiene ni idea de quién es Eduard Punset. Y, cuando se lo cuentas, no le interesa. Es más, le da exactamente igual.

Eduard Punset no es ni ha sido jamás científico, ni nada remotamente parecido. Es abogado, economista y se ha dedicado toda su vida a la política como profesión. Fue consejero de economía de la Generalitat y eurodiputado, entre otros. Ha pasado por los partidos políticos UCD, CiU, CDS y creo el suyo propio.

Cierto día, ya bien entrado en edad y con su carrera política cuasi-finalizada, decidió dedicarse a la divulgación científica. Cual nuevo hobby de alguien que se acaba de jubilar. Su trayectoria previa y sus influencias políticas explican cómo un abogado y economista ha conseguido convertirse en el divulgador por excelencia del país. También lo explica que nuestro país sea España, por supuesto.

No hace falta ser un lumbreras para descubrir que a Punset lo que le gusta es hablar y opinar, no divulgar ciencia. Por ejemplo, los expertos en biología molecular apenas saben cómo funciona el cerebro. Siquiera dónde reside la memoria ni cómo se transforma la memoria a corto plazo a memoria a largo plazo. Y todavía se sigue estimulando con electrodos diferentes zonas del cerebro para ver qué funciones desempeñan, porque ni se sabe con certeza, ni parece que sea exactamente igual en todas las personas.

Pero Punset habla con toda tranquilidad y bajo la completa complicidad de toda la comunidad científica que permanece callada en la sombra por miedo a decir las cosas claras (típico de nuestro país), de en qué consiste y dónde reside el amor o la felicidad. De la interconexión del cerebro con máquinas, o incluso de su transplante y reprogramación, como vi en uno de sus programas una vez hace años.

 Punset cree que sentarse al lado de un científico y hablar con él te convierte a ti también en científico, como ocurre en la política. Que la ciencia se contagia, como las influencias. Es entre ridículo y vomitivo escuchar cómo Punset habla en plural, con cierto aire elitista, en algunas de sus entrevistas con científicos de prestigio, atreviéndose a decir “¿qué le decimos a la gente?”. Es curioso también, cómo se sitúa él como protagonista y utiliza al científico para confirmar lo que quiere decir, llegando a hablar más rato él que el entrevistado. Pero, ¿a quién le extraña? Punset es un político.

 Punset como líder de masas

Pero, tras esa cara de viejecito entrañable, se esconde un imperio mediático dirigido por un político versado en letras que, me atrevería a decir, se sirve de la ignorancia general de la gente e incluso de sus miserias, sus ilusiones y sus problemas personales para captar la atención de las masas.

Es por eso que siempre habla de los temas universales: la felicidad y de amor, temas tradicionales de la filosofía o las artes y jamás de la ciencia. Es por eso que ha empezado a introducir temas de dudoso rigor científico, pero que gustan y atraen la atención de la gente: energía, chi y telequinesis. Es por eso que ha entrevistado a Uri Geller.

Es por eso que la ciencia siempre ha tratado sobre lo que se puede medir, cuantificar y verificar, pero Punset siempre habla sobre todo lo contrario. Es por eso que la ciencia se ha basado siempre en el escepticismo y Punset espera credulidad y fe ciega de su público.

Y es por eso también que su fundación ofrece apoyo psicológico online. Éste es el tipo de divulgación que ofrece recientemente Punset y el tipo de preguntas a las que pretende dar respuesta:

“Mi pareja y yo tuvimos un negocio que fracasó. Ahora trabajo a tiempo parcial, y me siento sola, sin ánimos. Y lo que hace mi pareja tiende a irritarme, no me siento comprendida, ni valorada, ni apoyada en mis necesidades.”

La hija de Punset es psicóloga y está empezando a aparecer en los medios. ¿Casualidad?

Punset quiere erigirse como un líder mediático, un gurú, una persona admirada por masas incondicionales. Punset dará lo que las masas piden mientras siga recibiendo protagonismo, tiempo y, por supuesto, dinero. No le importará que le llamen Eduard, Eduardo o Edward. Pero, nuevamente, ¿a quién le extraña? Punset es un político.

Es por eso que Punset dice: El amor es el sentimiento más antiguo del mundo. “Tiene 3.000 millones de años y surgió en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía sobrevivir sola”. Y la gente responde: “Este hombre no solo tiene conocimientos, sino la capacidad de transmitirlos (cosa de la que muchos grandes genios carecen). Yo por lo menos, hable de lo que hable me quedo siempre embobado escuchándole.”

Es una respuesta muy ilustrativa del tipo de gente que sigue a Punset. Gente que cree que una persona de letras dedicada a la política metida por hobby a la divulgación al final de su carrera tiene conocimientos científicos. También, que da igual de lo que hable porque siempre es interesante.

Me pregunto qué hubiera pasado si hubiese sido un chaval quien hubiera hablado sobre la fecha de nacimiento del amor y los sentimientos entre bacterias. Cualquiera lo hubiera mandado a paseo. Claro que, si lo dice Punset, la cosa cambia. Es decir, el mensaje y su validez cambian en función de quién lo pronuncia. Cuando lo dice el neófito es una cursilada, un delirio. Cuando es el gurú quien lo pronuncia, toma validez y hasta suena bien. Todo lo contrario a la ciencia, que siempre busca la verdad y a la que poco importa su mensajero. ¿Desde cuándo el protagonista del cuento es el cuentacuentos?

Punset como reflejo de nosotros mismos

Me hace gracia cuando la gente dice que Punset es un buen divulgador. Yo, con mi formación científica, mis más de diez años leyendo divulgación (entre otras muchas cosas) y mis otros tantos escribiendo ciencia y no ciencia en español e inglés soy incapaz de entenderlo. Punset es el único divulgador que me ha hecho no terminar un libro, tirar una revista.
Con Punset pasa lo mismo que con el cuadro pintado por niños de dos años en la feria de Arte Contemporáneo. Nadie se atreve a decir que Punset es un especulador por miedo. Ni siquiera a preguntar, por temor a parecer ignorante.

Cuando no entendamos algo, preguntémoslo y no pensemos que los tontos somos nosotros. Si preguntamos a Punset por qué recordamos unas cosas y otras no, y dónde las almacena el cerebro, y Punset nos responde hablando sobre el comportamiento de las hormigas de Tanzania o sobre la sensación de soledad que experimentó la primera vez que vio una noche estrellada, digámosle que es un divagador, que no tiene ni idea y que vive del cuento. Y, sobre todo, que no ha respondido a nuestra pregunta. ¿Qué tipo de divulgación es esa?

Si Punset suelta una verborrea infumable, digámosle que escribe mal. Si Punset dice una palabra que no conocemos, busquémosla en el diccionario. A la gente le sorprenderá la cantidad de palabras que Punset se inventa palabras hacerse el erudito. Sí. Punset lo hace.

Digámosle a Punset que no somos tan ignorantes como pretende. Dígamosle que aprenda a escribir, a utilizar el idioma con precisión. Cualquiera que haya escrito ciencia sabe lo duro que es. La ciencia debe ser clara, directa, eliminar todo lo superfluo y acercarse al lector. ¿Realmente hace eso Punset? ¿No pretende acaso que sea el lector el que se acerque a él?

Pero lo más criticable y menos perdonable de Punset: Punset utiliza la palabra “ciencia” para respaldarse, de manera que todo lo que dice sea incuestionable. Punset utiliza la palabra “sabemos” con una frivolidad pasmosa. Con una seguridad que roza la fe. Él mismo se autodenomina divulgador científico, jamás se muestra escéptico, crítico y riguroso, y se lucra y promociona, en muy buena parte, a costa del erario público.

Punset no es más que el reflejo de lo que triunfa en nuestro país.

Opiniones acerca de  Punset

Muchos científicos callan, pero otros no. En la red pueden encontrarse escritos muy bien redactados y razonado sobre por qué Punset es mal, por no decir pésimo, divulgador. También por qué no se le deben perdonar ciertas cosas, por muy anciano que sea y pintas de buenazo con que se venda.

Se puede divulgar ciencia de manera entretenida, pero no todo lo entretenido es divulgación científica.

Aunque hay más, he aquí dos de los que me han parecido sencillamente sobresalientes:

  1. Un comentario en el libro “La razón estrangulada“, páginas 421-423, a partir del último párrafo que comienza con “Punset jamás ha ejercido la ciencia”. Por cierto, uno de los mejores libros que he leído en los últimos años. Duro pero necesario.
  2. El genial post “Punset y los problemas de la divulgación“.

Un par de extractos de los respectivos enlaces:

  1. Punset, además, tiene un inconveniente añadidod que aviva el declive de la ciencia: la opinión pública lo toma como serio. o, al menos, más serio que Iker Jiménez o J. J. Benítez, ambos licenciados en ciencias de la información. La formación en ciencias naturales de los tres es similar. ¿Por qué Punset lo iba a hacer mejor? Pero parte de la sociedad pone una barrera a lo que puedan contarle Jiménez o Benítez. Esa barrera no existe con Punset, que puede deslizar más fácilmente pensamientos anticientíficos. El hecho de que incluya declaraciones de científicos no tiene que implicar que el contenido sea científico. Una verdad a meedias o mal traducida es la peor de las mentiras. ¿Es consciente Punset de su daño a la ciencia? Posiblemente, no. Al contrario: creerá que está haciendo un trabajo loable. La osadía del ignorante siempre ha sido muy grande.
  2. Un tema que encuentro especialmente preocupante en el universo punsetiano y que es lo contrario de la buena divulgación científica es su pasión por convencer, por ser admirado. Antes que buscar la verdad aún a costa del rechazo de cierta parte del público, como hace cualquier periodista, la actitud es más cercana a la de la estrella mediática, el cantante, el actor, el tertuliano de televisión, para el cual todo es sacrificable en aras del aplauso y cuya obligación es tratar de quedar bien con todo el público, gustar a toda costa. Y en esa búsqueda por ser admirado, existe un hilo en su accionar público que sugiere que su contacto con la ciencia y con los científicos le ha aportado una sabiduría trascendental que lo distingue y le faculta para decirle a los demás qué deben hacer, qué deben pensar, no para tener mejores datos, sino para ser felices, para alcanzar la satisfacción personal, con un lenguaje propio de los libros más lamentables, obvios y bobalicones de la autoayuda.

Por supuesto que buena parte de culpa la tiene la comunidad científica, ya lo dice el Elías en su libro. Pero no olvidemos que todo el mundo trabaja por dinero. Y a los científicos nunca les ha sido fácil conseguir dinero. Dejo la pregunta en el aire ¿a quién le es más fácil conseguir financiación y apoyo en los medios?, ¿a un científico al que recortan los proyectos de investigación cada año, o a un exconsejero de economía de la Generalitat y eurodiputado?

Enlaces de interés

Como aportación positiva, algunos enlaces de dos de las personas que considero los mejores divulgadores científicos recientes, cada uno a su manera.

Carl Sagan. Aparte de su famoso libro “Cosmos”, también realizó una serie de televisión. Antigua pero igual de vigente y por cierto con una nueva edición en DVD a precio ridículo. Divulgación de la mejor especie. He aquí un ejemplo de un capítulo acerca del origen de la vida, la evolución y la selección natural. Algo que apuesto a que muchísima gente desconoce y es más maravilloso que la punsetada más extravagante.

James Randi. Un antiguo ilusionista que ahora se dedica a poner a prueba y desacreditar a embaucadores de todo tipo. Tiene vídeos sencillamente excepcionales. En éste se resume el tipo de trabajo que realiza. En éste pone a prueba el movimiento de objetos con la mente bajo condiciones controladas. En éste otro explica cómo funciona la homeopatía.

Richard Dawkins. Biólogo, autor del libro “el gen egoista” y de varios documentales cortos (disponibles en youtube) acerca del daño que hace la fe, la religión y el pensamiento irracional. Esos documentales son sencillamente sobresalientes. Aparte de “los enemigos de la razón” hay muchos más, y muy interesantes.

Eduardo Punset

Fuente: http://betawriting.blogspot.com/2011/01/eduard-punset-divulgador-o-divagador.html

Así actua la policia del régimen “democratico” egipcio y asi nos lo cuentan a nosotros en TVE

Otra muestra de la “honestidad” a la hora de informar por parte de los grandes medios de comunicación, como Television Española…

¡Los medios oficiales comienzan a hablar de planetas huecos! ¿Seguirán Mortadelo Gámez y compañia riendose de la teoria más que fundamentada de que la tierra es hueca?

Con otros argumentos muy distintos, pero es una gran noticia que algunos medios no muy alineados como RT comiencen a hablar de este tema. Lo dijeron decenas de los más grandes cientificos de la historia en el pasado, cosa que por lo visto no quieren ver los debunkers, a ver si ahora, con una noticia actual, les cambia el “chip” (cosa que dudo por supuesto). Ahi va la noticia:

Júpiter podría estar ‘hueco’

  Júpiter podría estar 'hueco'

Publicado: 19 dic 2011 | 23:58 MSK

Última actualización: 20 dic 2011 | 00:08 MSK

Nuevos cálculos astronómicos muestran que el núcleo del planeta Júpiter podría haberse ‘derretido’ como resultado de las altas temperaturas y las presiones que se formaron dentro del gigante gaseoso.

De esa manera, el planeta más grande del sistema solar, con una masa que supera en más de dos veces la de otros planetas, pudo haber perdido al menos una parte de su núcleo. El fenómeno podría haber sido provocado por los mismos gases de hidrógeno y helio que formaron en su origen este cuerpo celeste gaseoso, según investigadores de la Universidad de California en Berkeley.

Aunque los científicos llaman a Júpiter ‘gigante gaseoso’, hay que tener en cuenta que una enorme presión provocada por la gravedad de Júpiter condensa la mayor parte de su hidrógeno, convirtiéndolo en un determinado líquido metálico conductivo.

Los planetólogos Hugh F. Wilson y Burkhard Militzer hicieron un modelo que les permitió entender qué pasa cuando el óxido de magnesio, el componente clave de la parte rocosa del núcleo jupiteriano, se sumerge en un líquido semejante. Este líquido, compuesto de hidrógeno y helio, tiene una temperatura de cerca de 16.000 K (grados Kelvin), lo que supera la temperatura del Sol y la presión de hasta 40 millones de atmósferas.

Los científicos calcularon que el óxido se disolvería en tales condiciones, por no hablar del hielo, que también integra el núcleo de Júpiter. Los expertos suponen que este hallazgo podría brindar importantes datos acerca del estado del núcleo del gigante gaseoso. Sin embargo, los planetólogos indican que todavía se desconoce exactamente cómo cambió Júpiter con el paso del tiempo y, en particular, la velocidad de la posible erosión del núcleo.

El descubrimiento permite sugerir que los planetas extrasolares de mayor masa podrían carecer completamente de núcleo como resultado de procesos semejantes.

Articulo completo en: http://actualidad.rt.com/ciencia_y_tecnica/cosmos/issue_33845.html

Aqui mejor explicado, por nuestro amigo Nassim Haramein:

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