Archivos Mensuales: agosto 2010

Debunkers en acción

Vease como los desinformadores profesionales de la Fox se burlan de la pareja mediatica Spencer Pratt y Heidi Montag por la entrevista que hicieron con Alex Jones donde dijeron que el 11/S era un trabajo interno. En su programa tratan por todos los medios de ridiculizarlos y de burlarse de los “conspiracionistas” alegando que solo quieren llamar la atención o fama. 

Queda reflejado aqui para el futuro, cuando se sepa la verdad, que estos periodistas puedan ver sus caras y el ridiculo que han hecho… o algo peor si ya lo saben, que es muy probable. Álguien debería hacerles llegar a estos grandes periodistas algunos documentales como 911 Mysteries: 11-S http://video.google.es/videoplay?docid=5816610253571876313

Algunos periodistas buenos

En casos donde las pruebas oficiales son tan descabelladas que nadie puede creerlas surgen preguntas lógicas que algunos periodistas se atreven a hacer, aun a riesgo de su trabajo. Veamos el siguiente documental y veamos como los mentirosos tratan de evadir cosas que “caen por su propio peso” (nunca mejor dicho, válgame el cinismo):


Ver aqui en pantalla completa

911 Press for Truth-Subtítulos en Español

El silencio de los medios sobre el edificio 7 en el atentado del 11 de septiembre

El silencio de los medios el 11/S
Este dibujo por artista Nathan James simboliza la falta de conocimiento de la mayoría de gente en Estados Unidos sobre la caída del edificio 7 ( a velocidad de caída  libre , 6.5  segundos ) a las 5.20 de la tarde el 11 de Septiembre del 2001.  En el gráfico de abajo podemos ver lo poco que hablaron los medios sobre este evento en el mismo día.  Las columnas en verde simbolizan que hablaron mas de 20 segundos sobre la caída, en fase dos, gris hablaron menos de 20 segundos y finalmente la fase con solo puntitos simboliza silencia absoluto sobre el tema.  La *  simboliza que la BBC hablo durante varios minutos , pero 12 minutos ANTES de que ocurre el colapso.  Otras estaciones también hablaron del colapso antes de que ocurio.  (ver debajo del gráfico)
Como se puede ver, solo 7 horas después del desplome de este edificio sin que ningún avión le hubiese impactado, ninguna cadena de televisión ya hablaba de ello.   Por eso hasta dia de hoy mucha gente no sabe sobre la caída del edificio 7.  ¿De donde vinieron las ordenes a los medios de silenciar este tema?
Espacio que dieron las cadenas de television al edificio 7
Nota: Antes de que ocurriera, curiosamente SI hablaron de ello (es hasta cómico):
-12  minutos antes del tercer derribo, la periodista de la BBC Jane Standley informa en directo: “Me acaban de notificar que otro edificio, el número 7, el edificio Solomon Brothers, de 47 pisos, ha colapsado”.
-En directo, Aaron Brown de la CNN, más de una hora antes del colapso, “El edificio número 7, en el complejo WTC, está ardiendo y se ha colapsado o se está colapsando”.
-En directo, Tracey Neale de la FOX, justo antes del colapso, dice “Ahora nos está llegando la información de que otro edificio se ha colapsado, es un edificio de 47 pisos…” Mientras tanto, se ve claramente el edificio de pie en la pantalla y mientras seguía comentando el suceso, vemos que el edificio se colapsa.
El Edificio 7 se colapso a las 5.20 de la tarde el 11 de septiembre, sin embargo, tres cadenas de television anunciaron que el edificio 7 habia colapsado ANTES del colapso real:
BBC a las 5.10 dice, la reportera Jane Stanley dice que se ha caido mientras se ve el edificio de pie detras de su cabeza:
Fox News anuncia que el edificio se ha caido momentos antes de que se caiga, y luego lo ven caerse en frente de nuestros ojos:
CNN a las 4.10 de la tarde dice que se ha caido aunque tambien se ve aun de pie el edificio:
Conclusión: Pues… ¡Si!, ¡Que las cadenas de televisión tienen premoniciones! jajaja

MANUAL DEL DEBUNKER PROFESIONAL

Aunque el tema mas debunkeado ha sido siempre el asunto de la ocultación extraterrestre, este manual sirve igualmente para debunkear cualquier cosa, sea a los que hablan sobre la vacuna de la Gripe A, los autoatentados del 11/Septiembre, el calentamiento global o cualquier otra cosa que no interese que se sepa.
Cazadebunkers

Parte 1: Debunkeo General

* Antes de comenzar a debunkear, prepare su equipamiento. Equipo necesario: una silla con apoyabrazos.

* Ponga la cara correcta. Cultive un aire condescendiente que sugiera que sus opiniones personales están respaldadas por la total fe y crédito de Dios. Emplee términos vagos, subjetivos y despectivos como “ridículo” o “trivial” en una manera que sugieran que tienen la fuerza total de la autoridad científica.

* Muestre a la ciencia no como un proceso de descubrimiento de final abierto, sino como una guerra santa en contra de hordas sin gobierno de infieles adoradores de lo raro. Como en la guerra, el fin justifica los medios, puede enredar, estirar o violar el método científico, o incluso omitirlo completamente, en el nombre de defender el método científico.

* Mantenga sus argumentos tan abstractos y teóricos como sea posible. Esto va a “enviar el mensaje” de que la teoría aceptada está por encima de cualquier evidencia que la pueda enfrentar (y que por lo tanto no vale la pena examinar ninguna evidencia de ese estilo).

* Refuerce el popular concepto erróneo de que ciertos temas son inherentemente no científicos. En otras palabras, deliberadamente confunda el *proceso* de la ciencia con el *contenido* de la ciencia. (Alguien puede, por supuesto, objetar que, como la ciencia es un acercamiento universal a la búsqueda de la verdad, debe ser neutral al objeto del tema; por lo cual, sólo el *proceso* investigativo puede ser científicamente responsable o irresponsable. Si eso ocurre, desestime tales objeciones usando un método empleado con éxito por generaciones de políticos: simplemente reasegúrele a todos que “¡no hay contradicción aquí!”).

* Haga parecer que su mensaje es repetido por personas con autoridad. El grado al cual usted puede estirar la verdad es directamente proporcional al prestigio de su boca.

* Siempre refiérase a los postulados no ortodoxos como “suposiciones”, que son “soltadas”, y sus propias aserciones como “hechos”, que son “indicados”.

* Evite examinar la evidencia. Esto le permite decir con impunidad, “¡No he visto absolutamente ninguna evidencia que apoye a tan ridículos reclamos!” (Note que esta técnica ha sobrevivido al paso del tiempo y data de, al menos, la era de Galileo. ¡Simplemente rehusándose a mirar a través de su telescopio, las autoridades eclesiásticas le compraron a la Iglesia más de 3 siglos de negación libre y transparente!).

* Si examinar la evidencia se vuelve inevitable, reporte que “¡no hay nada nuevo aquí!” Si es confrontado con un fuerte cúmulo de evidencias que han resistido las pruebas más rigurosas, simplemente desestímelas por ser “solo un puñado”.

* Iguale el componente escéptico necesario de la ciencia con *toda* la ciencia. Enfatice los elementos estrechos, rigurosos y críticos de la ciencia hasta la exclusión de la intuición, inspiración, exploración e integración. Si alguien objeta, acúselos de ver a la ciencia en términos exclusivamente difusos, subjetivos o metafísicos.

* Insista en que el progreso de la ciencia depende de explicar lo desconocido en términos de lo conocido. En otras palabras, ciencia es igual a reduccionismo. Puede aplicar el enfoque reduccionista en cualquier situación, descartando más y más evidencia, hasta que lo poco que queda pueda finalmente ser explicado enteramente en términos del conocimiento establecido.

* Ponga en escena el hecho que la investigación libre y la discusión legítima son partes normales de la ciencia.

* Póngase a disposición de los productores de los medios que buscan un “informe balanceado” de las visiones no ortodoxas. Sin embargo, acepte participar sólo en aquellas presentaciones donde los tiempos y las tendencias a-priori, imposibilitan tales lujos como la discusión, el debate y el examen cruzado.

* En cada oportunidad, refuerce la noción de que lo que es familiar es necesariamente racional. Lo no familiar es, por lo tanto, irracional, y consecuentemente inadmisible como evidencia.

* Sentencie categóricamente que lo no convencional puede ser desestimado como, en el mejor de los casos, una honesta mala interpretación de lo convencional.

* Caracterice a sus oponentes como “creyentes sin sentido crítico”. Sumariamente desestime la noción que, debunkear en sí mismo, traiciona una creencia sin sentido crítico, más allá del status quo.

* Mantenga que en investigaciones de fenómenos no convencionales, una sola falla lo invalida todo. En contextos convencionales, sin embargo, puede sabiamente recordarle al mundo que “después de todo, las situaciones son complejas y los seres humanos son imperfectos”.

* La “Navaja de Occam”, o el “principio de la parsimonia”, dice que la explicación correcta de un misterio va a involucrar comúnmente los principios fundamentales más simples. Insista, por eso, que la explicación más familiar es, por definición, ¡la más simple! Implique fuertemente que la Navaja de Occam no es meramente una regla filosófica sino una ley inmutable.

* Desaliente cualquier estudio de la historia que pueda revelar a los dogmas de hoy como la herejía de ayer. De la misma manera, evite discutir muchos paralelos históricos, filosóficos y espirituales entre ciencia y democracia.

* Como el público tiende a tener poco clara la distinción entre evidencia y prueba, haga su mejor esfuerzo para ayudar a mantener esta oscuridad. Si hay falta de prueba absoluta, sentencie categóricamente que “¡no hay evidencia!”.

* Si se ha presentado suficiente evidencia para asegurar una mayor investigación de un fenómeno inusual, argumente que “¡la evidencia por sí sola no prueba nada!” Ignore el hecho de que la evidencia preliminar no se supone que deba probar nada.

* En cualquier caso, implique que la prueba precede a la evidencia. Esto eliminará cualquier posibilidad de iniciar cualquier proceso de investigación significante (particularmente si aún no se ha establecido un criterio de prueba para el fenómeno en cuestión).

* Insista en que un criterio de prueba no puede ser establecido para ¡un fenómeno que no existe!

* A pesar de que la ciencia no se supone que tolere vagos o dobles estándares, siempre insista en que los fenómenos no convencionales deben ser juzgados por separado, peor definido, conjunto de reglas científicas. Haga esto declarando que “las suposiciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria” (pero asegúrese de nunca definir dónde termina lo “ordinario” y comienza lo extraordinario). Esto le permitirá crear un infinitamente lejano horizonte de evidencias; por ejemplo, definir evidencia “extraordinaria” como algo que se encuentra fuera del alcance en cualquier punto en el tiempo.

* Del mismo modo, insista con clases de evidencia que son imposibles de obtener. Por ejemplo, declare que los fenómenos aéreos no identificados sólo pueden ser considerados reales si los podemos traer a laboratorios para golpearlos con martillos y analizar sus propiedades físicas. Saltee los logros de las ciencias inferenciales (la Astronomía, por ejemplo, que funciona bien sin traer planetas, estrellas, galaxias y agujeros negros a los laboratorios para golpearlos con martillos).

* Practique debunkeo por asociación. Junte todos los fenómenos popularmente tildados de paranormales y sugiera que quienes los proponen e investigan hablan con una misma voz. De esta manera usted puede, indiscriminadamente, arrastrar material entre líneas de distintas disciplinas de un caso a otro para darle soporte a su visión como sea necesario. Por ejemplo, si una suposición tiene alguna similitud superficial con la que se está tratando y ha sido (o se ha asumido popularmente que ha sido) expuesta como fraudulenta, cítela como si fuera un ejemplo apropiado. Entonces ponga una sonrisa presuntuosa, recuéstese en su sillón y sólo diga “dejo expuesto mi caso”.

* Use la palabra “imaginación” como un epíteto que se aplico sólo a ver lo que *no* está ahí, y no para negar lo que *está* ahí.

* Si un número significante de gente está de acuerdo en que han observado algo que viola la realidad consensuada, simplemente inscríbalo como “alucinación masiva”. Evite tratar la posibilidad de que la realidad consensuada pueda, en sí misma, constituir una alucinación masiva.

* Ridiculice, ridiculice, ridiculice. Es por lejos el arma más asombrosamente efectiva en la guerra en contra de los descubrimientos y la innovación. Ridiculizar tiene el poder único de hacer que gente, de virtualmente cualquier nivel de persuasión, se vuelva completamente inconsciente en un parpadeo. Sólo falla en aquellos pocos de mente suficientemente independiente como para no caer en el tipo de consenso emocional que la ridiculización provee.

* Con la insinuación y ejemplo apropiado, implique que la ridiculización constituye una parte esencial del método científico que puede elevar el nivel de objetividad y desapasionamiento con el cual cualquier investigación es conducida.

* Si se encuentra presionado acerca de sus novedosas interpretaciones del método científico, declare que “la integridad intelectual es un asunto sutil”.

* Implique que los investigadores de lo no ortodoxo son sectarios. Sugiera que para investigar la existencia de algo, uno debe primero creer en ello absolutamente. Entonces declare que tales “verdaderos creyentes” conocen todas las respuestas a sus más difíciles preguntas con completo detalle por adelantado. Convenza a la gente de su propia sinceridad reasegurándoles que a usted mismo “le encantaría creer en estos fantásticos fenómenos”. Cuidadosamente dé un paso al costado respecto del hecho de que la ciencia no se trata de creer o descreer, sino de buscar.

* Use “humo y espejos”, por ejemplo, ofuscación e ilusión. Nunca olvide que una resbalosa mezcla de hechos, opiniones, insinuaciones, información fuera de contexto y completas mentiras van a engañar a la mayoría de la gente la mayor parte del tiempo. Tan poco como un décimo de hechos y nueve de m*erda, usualmente va a funcionar. (¡Algunos debunkeadores veteranos usan dilusiones homeopáticas de hechos con increíble éxito!) Cultive el arte de moverse atrás y adelante entre hechos y ficción tan indetectablemente que el más débil fundamento de verdad va a parecer siempre soportar la entera edificación de su opinión.

* Emplee “TCP”: Técnicamente Correcta Pseudo-refutación. Ejemplo: si alguien comenta que todas las grandes verdades comenzaron como blasfemias, responda inmediatamente que no todas las blasfemias se han convertido en grandes verdades. Debido a que su respuesta fue técnicamente correcta, nadie va a notar que realmente no refutó el comentario original.

* Trivialice el caso, trivializando el campo entero en cuestión. Caracterice el estudio de fenómenos ortodoxos como profundo y con alto requerimiento de tiempo, mientras juzga al de los fenómenos no ortodoxos como algo tan insubstancial como para no demandar más que un rastreo de las revistas. Si es presionado acerca de esto, simplemente diga “¡pero no hay nada ahí que estudiar!” Caracterice a cualquier investigador serio de lo no ortodoxo como “extraño” (buff) o “freak”, o como “poseedor de un estilo propio” (el código favorito de los medios para “falso”).

* Recuerde que la mayoría de la gente no tiene suficiente tiempo o experiencia para una discriminación cuidadosa, y tiende a aceptar o rechazar la totalidad de una situación extraña. Por lo tanto, desacredite la historia por completo intentando desacreditar *parte* de la historia. Aquí está el cómo: a) tome un elemento de un caso completamente fuera de contexto; b) busque algo prosaico que, hipotéticamente pueda explicarlo; c) declare que, por lo tanto, ese elemento ha sido explicado; d) llame a una conferencia de prensa y anuncie al mundo que ¡el caso entero ha sido explicado!

* Contrate los servicios de un mago de escenario profesional que pueda imitar el fenómeno en cuestión; por ejemplo, PES, psicokinesis o levitación. Esto convencerá al público que los demandantes o testigos originales de tales fenómenos, deben haber sido (o engañados por) talentosos magos de escenario que falsificaron el fenómeno original en la misma precisa forma.

* Encuentre un fenómeno prosaico que, para el no iniciado, parezca el fenómeno en cuestión. Entonces sugiera que la existencia de un parecido, de alguna forma, prohíbe la existencia del artículo genuino. Por ejemplo, implique que, como la gente por lo general ve “caras” en piedras y nubes, la enigmática Cara de Marte debe ser una ilusión similar y, por lo tanto, no puede ser artificial.

* Cuando un fenómeno no explicado demuestra evidencias de inteligencia (como en el caso de los misteriosos crop circles) enfóquese exclusivamente en el mecanismo que podría haber sido usado por la inteligencia, en lugar de la inteligencia que podría haber usado el mecanismo. Cuanta más atención le dedique al mecanismo, más fácilmente podrá distraer a la gente de considerar la posibilidad de inteligencia no ordinaria.

* Acuse a los investigadores de fenómenos inusuales de creer en “fuerzas invisibles y realidades extrasensoriales”. Si ellos señalan que las ciencias físicas *siempre* han lidiado con fuerzas invisibles y realidades extrasensoriales (¿gravedad? ¿electromagnetismo?…) responda con una risa ahogada condescendiente que “es una interpretación inocente de los hechos”.

* Insista que la ciencia occidental es completamente objetiva, y está basada en asunciones no inestables, protegidas de creencias o intereses ideológicos. Si ocurre que un fenómeno extraño o inexplicable es considerado verdadero y/o útil para una sociedad no occidental u otra tradicional, lo puede descartar como un “idea incorrecta”, “superstición medieval” o “cuento de hadas”.

* Etiquete cualquier fenómeno pobremente entendido como “oculto”, “paranormal”, “metafísico”, “místico”, “sobrenatural” o “new-age”. Esto va a poner a la mayoría de los científicos de la corriente principal fuera del caso por motivos puramente emocionales. Si es afortunado, esto puede retrasar cualquier investigación responsable de tal fenómeno por décadas ¡o incluso siglos!

* Haga preguntas que parezcan contener conocimiento generalmente asumido que apoye su visión; por ejemplo, “¿por qué no hay oficiales de policía, pilotos militares, controladores de tráfico aéreo o psiquiatras que reporten OVNIs?” (Si alguien apunta que hay tales personas, insista que esos deben ser mentalmente inestables).

* Haga preguntas sin respuesta basadas en criterios arbitrarios de prueba. Por ejemplo, “si esto fuera cierto, ¿por qué no lo hemos visto en TV?” o “¿en esta revista científica?” Nunca olvide la madre de todas las preguntas: “Si los OVNIs son extraterrestres, ¿por qué no han aterrizado en el parque de la Casa Blanca?”.

* Similarmente, refuerce la ficción popular de que nuestro conocimiento científico es completo y terminado. Haga esto asegurando que “si tal y tal fuera verdad, ¡ya sabríamos acerca de eso!”

* Recuerde que puede fácilmente aparentar refutar los dichos de cualquiera construyendo “hombres de paja” a demoler. Una forma de hacer esto es citar equivocadamente sus dichos mientras preserva ese convincente grano de verdad; por ejemplo, actuando como si ellos hubieran intentado la extrema de la posición que han tomado. Otra estrategia efectiva, con una larga historia de éxitos, es simplemente replicar en forma errónea sus experimentos (o evitar replicarlos del todo diciendo que “hacer eso sería ridículo o estéril”). Para hacer el proceso entero aún más fácil, responda, no a sus dichos, sino a sus dichos como fueron reportados por la prensa, o propagados por el mito popular.

* Insista en que tal y tal dicho no ortodoxo, no es científicamente comprobable porque ninguna organización que tenga algo de autorespeto financiaría tan ridículas pruebas.

* Sea selectivo. Por ejemplo, si una práctica de curación no ortodoxa ha fallado en revertir un caso de enfermedad terminal, puede juzgarla inútil (mientras se asegura de evitar mencionar las carencias de la medicina convencional).

* Responsabilice a los demandantes de los valores de producción y pólizas editoriales de cualquier medio o prensa que reporte sus dichos. Si un evento inusual o inexplicable es reportado en una forma sensacionalista, use esto como prueba de que el evento en sí debió ser sin substancia o valor.

* Cuando un testigo o demandante dice algo en una manera que es científicamente imperfecta, trate esto como si no fuera científico del todo. Si no es un científico acreditado, argumente que sus percepciones no pueden haber sido objetivas.

* Si no puede atacar los hechos de un caso, ataque a los participantes (o al periodista que reportó el caso). Argumentos *Ad-Hominem*, o ataques personales están entre las formas más poderosas de desplazar al público y evitar la investigación, acúselos de “¡beneficiarse financieramente de actividades conectadas con su investigación!” Si la investigación, publicación, charlas y esas cosas, constituyen su línea normal de trabajo o su único medio de supervivencia, sostenga como hecho que son “¡pruebas concluyentes de que se están obteniendo ingresos de tales actividades!” Si ha trabajado para obtener reconocimiento público por su trabajo, puede caracterizarlos tranquilamente como “buscadores de publicidad”.

* Fabrique la experiencia de soporte que sea necesaria, citando las opiniones de aquellos cuyo campo es popularmente asumido que incluyen el conocimiento necesario. Los astrónomos, por ejemplo, pueden ser expuestos como expertos en la cuestión OVNI, a pesar de que cursos en ovnilogía nunca han sido un requisito para graduarse en Astronomía.

* Invente confesiones. Si un fenómeno se niega obstinadamente a desaparecer, prepare a un par de vejetes que digan que fueron quienes fabricaron el engaño. La prensa y el público siempre tenderá a ver las confesiones como motivadas sinceramente, y abandonará puntualmente sus facultades críticas. A fin de cuentas, nadie quiere aparecer como falto de compasión por pecadores arrepentidos.

* Invente fuentes de desinformación. Proclame que usted ha “¡encontrado a la persona que inició el rumor de que tal fenómeno existe!”.

* Invente proyectos de investigación. Declare que “¡estas afirmaciones han sido completamente desacreditadas por los más grandes expertos en la materia!” Haga esto más allá de si tales expertos han estudiado tales afirmaciones, o, por lo que importa, si incluso existen.

Prensa y censura

Parte 2: Debunkeando Inteligencia Extraterrestre

* Indique que un objeto volador “no identificado” es sólo eso, y no puede ser automáticamente asumido como extraterrestre. Haga esto haya o no haya sido asumido como extraterrestre por alguien involucrado.

* Iguale las leyes de la naturaleza con nuestro actual conocimiento de las leyes de la naturaleza. Entonces etiquete a todos los conceptos como antigravedad o desplazamiento interdimensional como meras suposiciones porque “la ciencia de hoy día no puede explicarlo, entonces no puede existir”. Entonces, si una nave anómala es reportada por haberse desplazado silenciosamente, por haber hecho giros en ángulo recto a velocidades supersónicas y luego desaparecer instantáneamente, usted puede sumariamente deshechar el reporte.

* Declare que no hay prueba de que la vida pueda existir en el espacio exterior. Como la mayoría de la gente todavía se comporta como si la Tierra fuera el centro del Universo, usted puede tranquilamente ignorar el hecho de que la Tierra, la cual ya está en el espacio exterior, tiene abundante vida.

* Apunte que el programa oficial SETI asume por adelantado que la inteligencia extraterrestre puede sólo existir años-luz de distancia de la Tierra. Tome esta asunción a-priori como prueba conclusiva; entonces insista que esto invalida todos los reportes de contactos ET en la Tierra.

* Si se presenta fuerte evidencia para el accidente de un OVNI o algún caso similar, provea miles de páginas de información detallada acerca de proyectos militares anteriormente secretos que puedan concebiblemente responder por eso. Cuanto más voluminosa sea la información, menor es la necesidad de demostrar cualquier conexión entre el evento reportado y el proyecto militar.

* Cuando alguien produce la pretendida evidencia física de tecnología extraterrestre, apunte a que ningún análisis puede probar que su origen es extraterrestre; a fin de cuentas, puede ser producto de un perfectamente ordinario ultra secreto laboratorio subterráneo gubernamental. La única excepción sería la evidencia obtenida de un aterrizaje en el césped de la Casa Blanca (la única circunstancia universalmente aceptada por generaciones de escépticos como concluyente certificado de origen extraterrestre).

* Si fotografías u otro medio visual mostrando fenómenos aéreos anómalos han sido presentadas, discuta que como las imágenes pueden ser actualmente manipuladas en forma digital, no prueban nada. Afirme esto sin importar la cantidad del material o las circunstancias de su adquisición. Insista que cuanto mejor sea la calidad de una foto de un OVNI, más grande es la posibilidad de un fraude. ¡Las fotos que han pasado todas las pruebas conocidas pueden ser tenidas entonces como las más perfectamente fraudulentas de todas!

* Discuta que todos los reportes de humanoides extraterrestres deben ser falsos porque la evolución de la forma humanoide en la Tierra es el resultado de un número infinito de accidentes en un entorno genéticamente aislado. Evite responder a la lógica proposición de que si visitas interestelares han ocurrido, la Tierra no puede ser considerada genéticamente aislada en primer lugar.

* Discuta que los extraterrestres harían o no harían, deberían o no deberían, pueden o no pueden comportarse de determinadas formas, porque tal comportamiento sería o no sería lógico. Base sus nociones de lógica en como los extraterrestres se comportarían o no se comportarían. Como los terrestres se comportan en todas las formas, puede teorizar cualquier tipo de comportamiento que se ajuste a sus argumentos.

* Estereotipé los dichos sobre contactos de acuerdo con escenarios simplistas que estén bien establecidos en la imaginación colectiva. Si un contacto ET reportado parece no haber tenido consecuencias negativas, sarcásticamente acuse al contactado de creer devotamente que “¡ETs benévolos han venido a salvarnos mágicamente de autodestruirnos!” Si alguien dice haber sido traumatizado por un contacto ET, descártelo como “un clásico caso de histeria”. Si los contactados remarcan la esencial humanidad y limitaciones de ciertos ETs que dicen haber conocido, pregunte “¿por qué estos seres omnipotentes no han ofrecido resolver todos nuestros problemas por nosotros?”

* Cuando testigos reticentes de un encuentro dan un paso al frente, acúselos de “buscar fama” indiscriminadamente con sus extrañas historias.

* Pregunte porqué los supuestos contactados y abducidos no han recibido infecciones alienígenas. Rechace como “absurda” toda evidencia médica que sugiera que tal cosa pudo, de hecho, ocurrir. Categorice como “pura ciencia-ficción” la idea de que el entendimiento sobre inmunología de los alienígenas pueda estar más avanzado que el nuestro, o que los microorganismos alienígenas puedan estar lo suficientemente limitados en sus habilidades para interactuar con nuestros sistemas biológicos. Sobre todo, deseche cualquier cosa que pueda resultar en una investigación del asunto.

* Viaje a China. Al regresar, reporte que “nadie allí me dijo haber visto OVNIs”. Insista en que eso prueba que no hay reportes de OVNIs fuera de los países cuya población está sobreexpuesta a la ciencia ficción.

* Cuando la regresión hipnótica haya rendido testimonios de contactados en casos separados y completamente independientes, argumente que la hipnosis es probablemente poco confiable, y es siempre inútil en manos de practicantes no acreditados. Asegúrese de agregar que los sujetos deben haber tenido contacto con la literatura de contacto-ET, y que, cualquiera sean sus credenciales, los hipnotistas involucrados deben haber hecho preguntas guiadas.

* Si alguien dice haber sido impactado emocionalmente por una experiencia de contacto, señale que las emociones fuertes pueden alterar las percepciones. Por lo tanto, los recuerdos del sujeto deben ser completamente carentes de confianza.

* Mantenga que no puede haber un encubrimiento gubernamental de la cuestión ET… pero que existe por ¡legítimas razones de seguridad nacional!

* Acuse a los teóricos de la conspiración de ser ¡teóricos de la conspiración y de creer en conspiraciones! Insista en que sólo teorías *accidentalistas* pueden explicar posiblemente patrones repetidos organizados de actividades de supresión, negación y desinformación.

* Si ocurriera el peor de los escenarios (por ejemplo, uno donde la inteligencia extraterrestre es aceptada de repente como un misterio global de proporciones milenarias) sólo recuerde que el público tiene poca memoria. Simplemente tómelo como una “victoria para el método científico” y diga despectivamente, “Bueno, todo el mundo sabe que este es un asunto significativamente monumental. ¡De hecho, mis colegas y yo hemos estado comentando esto por años!”

NOTA: Intentamos hallar la imagen de algunos autorotulados “escépticos” que hayan cambiado la historia con sus conocimientos para ilustrar este artículo, pero nos encontramos con que tales personas nunca existieron.

FUENTE: http://mysteryplanet.com.ar/

La Embestida de los Escépticos

Hace ya algunos años, cuando comenzaba a denunciar publicamente en foros asuntos que nadie veía ni creía como que los “Chemtrails” nos fumigan a diario, comencé a recibir duros ataques a mi persona por parte de un debunker profesional argentino afincado en Madrid. Me informé muy, muy bien de todo y encontré a una persona con muchisima experiencia en tratar con “elementos” como éste. Los argentinos saben mucho de temas censurados, por razones que otro día explicaremos. Por esa razón tambien nos llevan mucha ventaja en el “debunking” y en como contrarestarlo. Gustavo Fernandez  de www.mysteryplanet.com.ar es, posiblemente, la persona que más sabe sobre agentes desinformadores y sus oscuras técnicas y nos regaló un gran documento, el mejor que he encontrado hasta la fecha. Es de lectura obligada para todo aquel que pueda ser víctima de ataques personales por haber tenido la valentia de decir la verdad. Aqui os adjunto la primera parte: ¿Quienes son? y ¿Por qué lo hacen?.
Cazadebunkers

La Embestida de los Escépticos

Por: Gustavo Fernández

Estas líneas no pretenden, a diferencia de otros escritos míos, reflejar una particular investigación. Constituyen sí un cúmulo de reflexiones o, si lo prefieren, pensamientos que elijo expresar en voz alta o por escrito. Y que creo oportunos pues, entre otras cosas, si de algo carece la ovnilogía es de pensadores abstractos. Mejor aún –aunque la expresión parezca peyorativa– de filósofos de la temática OVNI. Es decir, estudiosos que sin despreciar –cómo hacerlo– la investigación de campo, se detengan a meditar sobre algunas cuestiones aparentemente periféricas pero sin embargo de graves implicaciones sociales, colaterales al fenómeno, para darle un mejor contexto al porqué de la tempestad intelectual que suele desatarse apenas pronuncia uno las palabras “malditas”: platillo volante.

Esto es particularmente cierto en el caso del auge, si no popular cuando menos mediático, de refutadores y escépticos, algo que afecta no sólo a la ovnilogía sino también a la parapsicología, los cultos religiosos exóticos y toda aventura del conocimiento humano que implique transgredir las normas del “establishment” académico. Aquí, extendiendo estas consideraciones al terreno de los OVNIs, pero seguramente cambiando (Borges supo escribirlo mejor que yo) algunos nombres propios y dos o tres circunstancias, serán competentes también para cualquier otro ámbito de las así llamadas “disciplinas alternativas”.

En los últimos años hemos asistido a una proliferación, tanto en nuestro país como en el extranjero, de individuos o agrupaciones empeñadas en desacreditar todo lo misterioso y extraño; extraño a su concepción racionalista, mecanicista y positivista del Universo, debería aclarar. Con un espectro tan amplio de antecedentes que van desde la formación universitaria a fieles renegados de algunas de estas “creencias”, pasando por periodistas, religiosos y un largo etcétera, han adoptado una cruzada personal de lo que ellos llaman “desmitificación”. Así, respaldándose en rimbombantes títulos como “especialistas en sectas” (¿Ah, sí? ¿Y quién los especializa?), miembros de “agrupaciones para una alternativa racional” o de “comisiones para la investigación y refutación de las pseudociencias”, aparecen frecuentemente en los canales de televisión de todo el orbe tendiendo celadas a ovnílogos y parapsicólogos por igual para los cuales reservan, en todos los casos, sólo dos epítetos: comerciantes o delirantes.

Soy absolutamente conciente de que pululan muchos advenedizos y explotadores de la credulidad ajena en estos terrenos. También, que los delirios paranoicos o mesiánicos de algunos pueden llevar por caminos peligrosos a los espíritus débiles. Sólo que no me considero espiritualmente tan elevado como para arrogarme el derecho de ser fiscal de la conciencia ajena, y seriamente dudo que los personajes de los que estoy hablando tengan ese grado de “evolución”. Estos paladines de la Gran Diosa Razón, en su no confesado oscurantismo medieval, aspiran a ser los guardianes del justo saber, custodios de lo correcto y aceptado en términos académicos, pero parecen necesitados de urgentes lecciones de historia, aunque más no sea para recordar algunos de los adagios que los romanos supieron legarnos, como aquél que decía: “¿Qüi custodiet ipsos custodios?” (“¿Quién vigila a los vigilantes?”).

Sin embargo, para no dar a mis críticos la oportunidad de tildar a estos párrafos de simple reacción histérica para curarme en salud, permítaseme acercar algunas líneas que pienso pueden ilustrar un poco más sobre las razones ocultas de –Alejandro Dolina dixit– los Refutadores de Leyendas. Leyendas, obviamente, que no son tales.

Sospecho que hay otras motivaciones detrás de ellos que en nada rinden culto a la objetividad científica. Y voy a evitar caer –aunque me resulte tentador– en el facilismo de suponer que sus conductas responden a foráneos intereses o sean parte de un plan conspiranoico para ocultar a la opinión pública, por ejemplo, la verdad sobre las naves extraterrestres que visitan nuestro planeta. Creo que las razones son más sencillas, y aquí las expongo.

Sobre los ovnílogos transformados en escépticos, o de cómo algunos se verían beneficiados si alabaran a Alá

Comencemos dirigiendo nuestra atención –Argentina presenta un par de casos– a los escasísimos investigadores de OVNIs que, en cierto momento y por diversas razones, devinieron en refutadores. Creo que el porqué –inexplicable para muchos colegas que se siguen rascando perplejos la cabeza preguntándose qué les pasó a estos muchachos– es tan sencillo que por esa misma razón nadie ha reparado en él. La mística oriental tiene un divertido ejemplo de tal situación, en uno de los relatos sobre la vida del “mullah” Nasrudín, un sufí musulmán recurrente en las parábolas didácticas de los mahometanos. ¿La conocen?

Un guardia fronterizo, solo en el desierto, ve todos los días pasar a Nasrudín camino al país vecino con un caballo que porta dos grandes bolsas. Sospechando un contrabando, lo detiene y le ordena abrir las bolsas, pero sólo encuentra arena. Al día siguiente vuelve a aparecer Nasrudín, y, más desconfiado aún, vuelve a ordenarle abrir las alforjas para encontrarse sólo con ramas secas. Un nuevo día, un nuevo paseo de Nasrudín y ante la requisitoria del guardia, sólo aparece paja en los morrales. Sigue pasando Nasrudín y la incómoda situación se repite, semana tras semana, mes tras mes, año tras año.

Hasta que llega el día en que el guardia decide retirarse a disfrutar en paz de su ancianidad. Ese último día vuelve a pasar Nasrudín, como siempre llevando de la brida al caballo. Esta vez el guardia vuelve a detenerlo, pero para confesarle sus sospechas de siempre. Aún más, tan intrigado está, que le promete a Nasrudín que, si le dice la verdad y esta verdad era la que temía, lo dejaría marchar en tranquilidad y no lo denunciaría. Y para su sorpresa, Nasrudín admite que sí, que todos esos años estuvo contrabandeando debajo de sus narices. Asombrado, entonces el guardia le pregunta ansioso qué era lo que contrabandeaba ya que él, por mucho empeño que hubiera puesto, jamás había podido encontrar nada. Y Nasrudín le responde:

- Caballos.-

En Psicología es habitual la expresión destrucción del objeto de deseo. Para decirlo en términos sencillos, consiste en la necesidad, inconciente e imperiosa, de algunas mentes apabulladas ante la magnitud de tener que aceptar el hecho de que lo deseado les será para siempre imposible, imponiendo la compulsión de destruir lo que hasta ese momento era ansiosamente deseado. Los espíritus débiles, las mentes desprotegidas emocionalmente sienten como inaceptable resignarse a que lo amado, lo buscado, lo deseado, no les pertenecerá jamás. Las páginas policiales de los diarios de todos los días están llenas de ejemplos de esa naturaleza, donde novios despechados asesinan “por amor” a la chica por la que fueron sistemáticamente rechazados. La sabiduría popular lo recuerda magníficamente en la fábula de la zorra y las uvas, aquella que contaba que una zorra, desesperada por alcanzar un racimo imposible, después de largas horas de infructuosos esfuerzos decidió encogerse de hombros y alejarse diciéndose: “-¡Bah! ¡Todavía están verdes!”

En el caso que nos ocupa creo que algunos de estos personajes, oprimidos por la idea de que nunca sabrían qué son a ciencia cierta los OVNIs (y, menos aún, tomar contacto con ellos) para conservar un cierto equilibrio emocional, “disparan” un mecanismo de negación (a fin de cuentas, uno de los Mecanismos de Defensa del Yo inconcientes) y buscan destruirlo, asesinarlo, para, a través de la gratificación que produce esa compensación, alcanzar un cierto estado de paz intelectual.

La historia (con mayúscula o sin ella) está llena de ejemplos de esta tesitura. Muchos conversos religiosos han sido más fanáticos que quienes pertenecieron de cuna a ese credo. A propósito, no olvidemos que el fanatismo es una desviación psicológica, una perturbación de la conducta y la personalidad que nada tiene que ver con la formación enciclopédica. Así el hecho de pasar por una universidad a ningún ser humano lo pone al resguardo del fanatismo. Y fanático es aquél que, porque apriorísticamente no comparte la ideología de otros, construye toda una teoría para desmerecerle y atacarle. Fanático es aquél que escandalizado por la difusión dada a las ideas del otro –e íntimamente celoso de no contar con idéntica adhesión– reclama la censura periodística sobre aquellos decires, lo que es una evidente forma de retroceso cultural. Fanático es aquél que necesariamente cree tener la verdad porque forzosamente el otro está equivocado.

Existen lógicamente otras motivaciones que concurren con aquella de la destrucción del objeto de deseo. Cuando uno sigue atentamente la creación de grupos como la Comisión para la Investigación y Refutación de las Pseudociencias de nuestro país (Ellos, tan “científicos”, cometen el primer pecado del conocimiento, porque una organización que desde el nombre busca la refutación no puede proponer, seria y objetivamente, una investigación) u otros, que se crean, se pelean y disuelven con la misma celeridad y liviandad que los grupos de estudio de OVNIs de adolescentes; uno, decía, no puede dejar de sentir cierta tierna compasión ante la solemnidad y la fatuidad con que estos cruzados presentan su tarea. Es natural, conociendo las “oleadas” cíclicas de la emocionalidad humana (las mismas que hicieron que en nuestra juventud miles y miles reivindicaran ideales de izquierda, imponiendo la moda psicobolche, para hoy, la mayoría de esos miles haberse transformado en cómodos burgueses defensores de un capitalismo salvaje) que ante el arreciar de la pasión pro-OVNI surgiera (el Inconciente Colectivo de la humanidad también busca sus compensaciones) una moda anti-OVNI. Pero suponer que su proliferación en estos últimos años (¿quién recuerda grupos de “escépticos profesionales” en los años 60 y 70?) se debe a que las actuales generaciones tienen una perspicacia científica que en una generación atrás no existía, es cuanto menos una falta de respeto al sentido común.

Además, ser escéptico es buen negocio. Ya no llama la atención que aparezca alguien en televisión defendiendo la hipótesis extraterrestre como origen de los OVNIs. Ni que alguien dicte una charla sobre la fenomenología paranormal. Pero que otro se plante seriamente y con una sonrisa irónica diga que los OVNIs son puro cuento, o un mago de salón ansioso de publicidad para sus presentaciones teatrales “demuestre” cómo puede imitarse un acto de telepatía, eso sí es distinto, y por ende, noticia. Además y desgraciadamente, a gran parte del público le encantan los dimes y diretes, el chusmerío (mi abuela usaba una palabrota más contundente y gráfica) así que el espectáculo de “investigadores” peleándose frente a una cámara y uno de ellos –seguramente el que tiene menos manejo de escenario, pues en televisión no triunfa la verdad, sino quien sabe manejar mejor el tiempo– destruido, genera rating. Y a los “moderadores” poco les importa de qué lado está la razón; sólo las cifras de IPSA o IBOPE.

Por otra parte, a los Congresos se suele invitar a representantes de la fauna escéptica, aunque más no sea por el temor de los organizadores de ser tildados de “sectarios” si no lo hicieren. Y muchas veces esto significa viáticos pagos y alguna otra regalía.

Además, despierta atención ser del pelaje distinto en la manada. Y en Argentina, algún ex ovnílogo y progresista escéptico se vale de esta nueva postura –y sus aceitados contactos con el mundo periodístico– para atacar a mansalva a otros investigadores, usando todo tipo de argumentos falaces con tal de cobrar viejas diferencias personales.

Por eso aplaudo, entre otros, a los miembros de la RAO (Red Argentina de Ovnilogía) al votar por unanimidad no permitir el ingreso en la organización de algún refutador. ¿Para qué? Ya sé que mi postura puede ser tildada de “falta de objetividad y temor al disenso”. Disculpen mis críticos, pero soy un tipo simple: sólo creo que no vale la pena darle de comer a estos buitres, para que se aprovechen del esfuerzo de otros volviendo en su contra sus propias estructuras. Y por eso también elijo no abundar en citas personales; no pienso caer en la trampa de promocionarles gratuitamente ya que, como escribiera Oscar Wilde, “que hablen mal de uno es horrible. Pero hay algo peor: que no hablen”.

RAO (Red Argentina de Ovnilogía)

“¿Qüosque tándem, Catilina?”

“¿Qüosque tándem, Catilina, abutiere patientia nostra? (“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”) dice la Historia que le espetó Catón el Censor, senador romano, a un colega que lo tenía harto con sus esfuerzos por arrastrar a Roma en una guerra contra Cartago. ¿Qüosque tándem?, podríamos preguntarles a estos inquisidores.

Ellos encuentran un fango fértil en los agujeros que hay que llenar en las programaciones de media tarde, en búsqueda de la polémica por la polémica en sí de ciertos medios con tantas ganas de parecerse a los “talk shows” yanquis como patéticos presupuestos para imitarlos, y en parte en cierto público que, si observa como un ovnílogo, por caso, recibe acusaciones gratuitas sobre su probidad moral, piensa: “por algo se lo habrán dicho”. Una forma de pensar que lamentablemente no es tan lejana en el tiempo. Muchos argentinos aún lloran a sus muertos porque hubo gente que pensaba “algo habrán hecho”, en tenebrosas noches de fords verdes y gritos autoritarios. Los escépticos se aprovechan de esto. Saben que si un acusado les demanda por calumnias e injurias, el proceso es tan lento que para cuando la justicia resuelva ya la gente habrá olvidado el incidente original. A lo sumo, en alguna instancia del juicio, demostrada la inocencia del demandante, éste puede pedir la rectificación que el otro satisfacerá (es un decir) con un corto comentario en tono de disculpa en el mismo medio donde se produjo la ofensa, hablando para un público que no tendrá la menor idea respecto a lo que se está refiriendo. Pero mientras tanto, la injuria, como un ácido pernicioso, fue haciendo su efecto, carcomiendo la credibilidad. Son apólogos del nazi Goebbels, quien solía repetir: “Difama, difama, que algo quedará”.

Por eso miro con un poco de ironía el cruce de cartas documento y demandas judiciales que van y vienen entre refutadores, ovnílogos y su corte de milagros; creo que para nada sirven, más que para alimentar el monstruo de la burocracia, y sólo revelan un cierto grado de histerismo en sus protagonistas. Sé que pareceré troglodita, pero añoro las épocas en que estas diferencias se resolvían a solas, en una discusión que terminaba con un apretón de manos o alguno de los dos sentado en el piso con un hilito de sangre saliéndole de la nariz.

Me parece peligrosa la actitud de los escépticos de querer establecer insidiosas relaciones entre los cultores de lo que podríamos llamar ovnilogía mística (y no la estoy defendiendo; sólo me pregunto: ¿Cómo puedo estar seguro de que no hay en ellos algo de verdad?) y las “sectas”, tema por demás vapuleado hasta el cansancio. ¿Recuerdan cuando casi todos los días aparecían en todos los medios notas sobre alguna nueva secta? ¿Cuánto hace que no ven o escuchan de alguna directamente vinculada con los OVNIs? ¿Qué creen que pasó? Supongo que no serán tan ingenuos de pensar que estos grupos desaparecieron en su totalidad. Adivinen, ¿entonces, qué? Acertaron: se acabó el negocio.

Es inmoral insinuar que porque un grupo de chicos sale al campo para tratar de tener contacto telepático con extraterrestres, necesariamente van a terminar en un suicidio colectivo como la gente de Heaven’s Gate o la masacre de Guyana (Digresión al margen: me resulta triste que mientras los libros de historia enzalzan el suicidio colectivo de novecientos judíos en la fortaleza de Massada en el año 70 DC para no caer en manos del poder constituido de entonces, los romanos, y esto como un acto de heroísmo, se vean los 936 suicidios del “Templo del Pueblo” para no caer en manos del poder constituido de 1978 en la forma del estado norteamericano como una despreciable locura colectiva. No los estoy justificando: sólo señalo cómo dos hechos idénticos pueden ser etiquetados de formas tan opuestas de acuerdo a las conveniencias políticas de quienes hagan la lectura). Estos “especialistas en sectas”, algunos formados teológicamente de siempre en la más rancia ortodoxia de su creencia que les lleva a tipificar como “secta” toda expresión espiritual ajena, simplemente encontraron –en la mediocridad de algunos y ciertos medios tendenciosos– un buen filón comercial. Porque tanto sus notas como sus libros no se regalan, precisamente.

Existen grupos sectarios destructivos, esto es un hecho, pero no alentemos una caza de brujas; no son tantos como se dice por ahí. Recordemos el papelón que hizo la justicia rosarina cuando hace unos años, con gran despliegue periodístico, procedió contra “los niños de Dios”: ninguno de los cargos fueron comprobados, ni siquiera el de “promiscuidad sexual” de las adolescentes (los informes forenses señalaron que en la población juvenil femenina del grupo sólo un 30% había perdido la virginidad. Como dijera un médico forense: “seguramente un número menor al que encontraríamos entre las chicas de cualquier colegio secundario religioso”). Todos los cargos fueron retirados, y exonerados los acusados: pero un daño irreparable ya estaba hecho. Así que démosle a las cosas su verdadera dimensión. Ni habrá otro Waco en Capilla del Monte, ni se necesitarán decenas de negras bolsas de plástico en alguna residencia de los alrededores de Victoria.

No necesitamos menos escépticos; necesitamos un público más maduro

En definitiva, creo que el “escepticismo anti-ovni” es una moda, seguramente pasajera, una forma de esnobismo intelectual que cansará a sus seguidores cuando alcancen la masa crítica que los haga ya poco atractivos u originales a la vista de todos. Algunos, sin duda, seguirán reivindicando su fanatismo (todos creemos tener una misión), reacios a desprenderse de lo que dio sentido a sus vidas. Otros, angustiados de tener que mirar por sobre el hombro de sus vidas y descubrir que los antiguos misterios están todavía ahí, endurecerán aún más sus neuronas y sí harán de la postura escéptica un sectarismo. Porque mientras haya gente que crea en sus palabras por el mero hecho de que antepongan a sus apellidos un “Dr.”, o porque afirmen petulantemente que “no hay investigaciones científicas que hayan probado la realidad de estos fenómenos” (ignorando la abultada bibliografía que sí la hay, o aviesamente eligiendo olvidarla de cara a un público que saben no tendrá acceso a ella), mientras haya gente que crea que porque puede trucarse una foto OVNI los OVNIs no existen (olvidando que Hollywood truca excelentes catástrofes aéreas lo que no quita, desgraciadamente, que las catástrofes aéreas sí existan), mientras haya gente, insisto, que no se plante firme con su “qüosque tándem”, estos borradores de Torquemada seguirán medrando con la credulidad de los demás. Una forma aparentemente opuesta de credulidad (la credulidad en el “no-puede-ser-y-tengo-que-convencerme”), pero credulidad al fin.

Opuesta, pero complementaria. Yin y yang de este teatro cósmico.

Creo que, finalmente, nos estamos tomando las cosas demasiado en serio. Y cuando el conocimiento necesita disfrazarse de solemnidad, algo esencial se ha perdido. Creo que ni los escépticos ni los defensores de lo que sea somos tan importantes para consumir tiempos de nuestras vidas que nunca volverán en esta pelea infantil. Así que tampoco la consuma usted, amigo lector. Por eso termino estas líneas con algo que quizás sí importe. No sesudas “pruebas científicas” de ninguna de las posiciones en pugna, no. Tampoco con citas enciclopédicas de ominosos tratados. Ese alimento para el intelecto lo dejo para mentes más esclarecidas que la mía. Porque respecto a este tema, sólo quiero dejar una golosina para el espíritu. Que es poesía. La que escribió Chesterton:

“… cuando las mentes prácticas nos inviten

a descubrir de qué frío maquinar

el mundo hecho está,

nuestras almas responderán en las sombras:

– Tal vez sí, pero hay otras cosas…”

Zen y el Arte del Debunkeo

Por: Daniel Drasin

Entonces tuvo un encuentro cercano con un OVNI. O un serio interés acerca de la vida extramundana. O pasión por seguir pistas que parecen apuntar hacia la existencia de una realidad más grande. Mencione cualquiera de estas cosas a la mayoría de los científicos en actividad, y esté preparado para cualquier cosa, desde escepticismo paternal, al despiadado ridículo. Después de todo, la ciencia supone ser, puramente, una empresa de dirección rígida, con poca paciencia para nociones “expandidas” de la realidad. ¿Cierto?

Falso.

Como todos los sistemas de búsqueda de la verdad, la ciencia, correctamente conducida, tiene un profundamente expansivo impulso liberador en su núcleo. Este “Zen” en el corazón de la ciencia es revelado cuando el practicante deja a un lado las creencias arbitrarias y preconceptos culturales, y se acerca a la naturaleza de las cosas con “una mente de principiante”. Cuando se hace esto, la realidad puede hablar fresca y libremente, y se puede escuchar más claramente. Una comprobación apropiada y validación objetiva pueden (de hecho *deben*) venir después.

Ver con humildad, curiosidad y ojos frescos, fue una vez el punto principal de la ciencia. Pero hoy es generalmente una historia diferente. A medida que la empresa científica ha sido doblada hacia la expoliación, institucionalización, hiperespecialización y nueva ortodoxia, se ha preocupado incrementalmente por hechos desconectados en una aspiradora psicológica, social y ecológica. Tan desconectada se ha vuelto la ciencia oficial del gran esquema de la cosas, que tiende a negar o descartar dominios enteros de la realidad y a satisfacerse con reducir toda la vida y la conciencia a física muerta.

A medida que cambia el milenio, la ciencia parece, de muchas maneras, estar pisando el cansado camino de las religiones que presumió reemplazar. Donde la libre desapasionada investigación una vez reinó, las emociones ahora se elevan en la defensa de una fundamentalizada “verdad científica”. A medida que las anormalidades se apilan por encima del mar de la negación, defensores de la Fe y el Reino se aferran, con cada vez mayor prepotencia, al casco de un paradigma que se hunde. Enfrentados con evidencia provocativa de cosas ni soñadas por su filosofía, muchos veteranos científicos se revierten a una especie de escepticismo infantil, caracterizado por fe ciega en el familiar absolutismo. No es sorprendente, entonces, que tantos campos prometedores de investigación se mantengan reducidos a la superstición, ignorancia, negación, desinformación, tabú… y debunkeo (sigan leyendo que el término se aclara).

¿Qué es debunkery? Esencialmente es el intento de *debunkear* (invalidar) nueva información sustituyendo al método científico por propaganda cientificista.

Para bajar esta clase de comportamiento pseudocientífico a un osado (en tanto cómico) descargo, compuse una útil guía de “cómo hacer” para los aspirantes a debunkers, con una sección especial dedicada a debunkear la inteligencia extraterrestre (tal vez el tema más agresivamente debunkeado en la totalidad de la historia moderna). Como será obvio al lector, he llevado algunas de estas estrategias de debunkeo más allá de la línea de lo absurdo para hacer claro el punto. Por el resto, su inherentemente falaz racionamiento, lógica torcida y plana estupidez va a sonar frustrantemente familiar a quienes se han atrevido a explorar por debajo del océano de la negación e intentaron, de buena fe, reportar lo que encontraron ahí.

www.mysteryplanet.com.ar

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